14 febrero, 2011

No somos nadie (y XXX). Yo sufro en silencio.

El último año he venido enumerando en mitte maneras de no ser nadie. Y me han salido treinta: desde el camuflaje hasta el anonimato, pasando por el desprestigio, la falta de glamour o la caricatura. Supongo que habrá más, pero ya no me apetece seguir. Después de todo este tiempo dándole vueltas al asunto de la insignificancia he llegado a la conclusión de que no hay nada más insignificante que este empeño mismo. Era inevitable, por tanto, que la serie No somos nadie acabase en plan suicida, negándose a sí misma. Según las estadísticas de Blogger, los únicos posts de mitte que atraen lectores son los que hablan sobre tetas u orgías. A nadie le importan un carajo mis sesudas reflexiones sobre el ser y la nada. Podría quejarme, pero en realidad me parece un oportuno descubrimiento. Creo que esta indiferencia general ilustra de manera rotunda lo que tanto me está costando dejar claro: que no somos nadie. Que nuestras inquietudes o nuestros gustos dan igual, que el mundo podría seguir adelante sin que los subiésemos a la red. Pero, como digo, esto no es una queja. Más bien es una liberación. Reconozco que al asumir este desinterés me siento un poco como el señor de la foto: feo, ridículo y con un tatuaje que pone "yo sufro en silencio" (porque a nadie le importa). Pero también, por qué no, fuerte y con muchas ganas de cachondeo.

Leer Más

07 febrero, 2011

No somos nadie (XXIX). Todos somos Mark Zuckerberg.

Hace algunas semanas, los tíos del Saturday Night Live invitaron al programa a Jesse Eisenberg, el actor que ha interpretado a Mark Zuckerberg en La Red Social. Y para sorpresa del mundo entero, cuando estaba haciendo el monólogo inicial le colocaron al lado a otros dos Zuckerbergs: el de verdad y un imitador. Tres diferentes versiones de una misma persona discutiendo sobre cuál es la mejor manera de ser esa persona. Jesse Eisenberg opinaba que para ser Mark Zuckerberg basta con poner el cuello tieso y hablar a trompicones, mientras que el imitador pensaba que con decir "soy Mark Zuckerberg" ya es suficiente. ¿Y qué piensa el Zuckerberg de verdad? Nada, porque a él ni siquiera le preguntaron. El Zuckerberg de verdad ya no es nadie porque lo han eclipsado sus réplicas más mediáticas. Lo han devorado, le han arrebatado el derecho a ser como le dé la gana. Ahora, si el Zuckerberg de verdad quisiera parecerse a sí mismo tendría que estirar el cuello y hablar como un robot, como el Zuckerberg de La Red Social. Si no, alguien podría decirle que es un impostor. Desde mi punto de vista, lo escalofriante de todo este asunto es que nadie se libra de esa misma esclavitud, que todos estamos sometidos a las expectativas de los demás. "Tú eres así", te dicen un día, y ya no te queda opción a ser de otra forma. En mayor o menor medida, todos somos Zuckerberg.

Leer Más

27 enero, 2011

No somos nadie (XXVIII). Luis Alfonso y el deseo de ser rey.

En la página 94 del número 3470 del ¡Hola! hay un artículo con el siguiente titular: "Luis Alfonso de Borbón. La interesante historia de cómo llegó a su poder la cabeza embalsamada de Enrique IV, el primer Borbón que reinó en Francia". El artículo tiene seis páginas y muchas fotos de Luis Alfonso con el ceño fruncido mientras mira una calavera. Lo leo y me entero de que en 2009, dos periodistas se presentaron en su casa para contarle que habían encontrado la cabeza de su antepasado. La cabeza de Enrique IV, el que toleró la matanza de los hugonotes y pasó a la historia por decir que "París bien vale una misa". El artículo del ¡Hola! explica que los dos periodistas habían localizado la cabeza después de cuatrocientos años. Al parecer, el descendiente de un funcionario decimonónico se la había regalado a la bailarina que se estaba tirando, de ahí pasó a venderse en una subasta, de ahí a quedar olvidada debajo de una cama, y de ahí a que un jubilado se la diese a ellos. Con esos mimbres se presentaron en casa de Luis Alfonso y le pidieron dinero para pagar a un investigador conocido como "el Indiana Jones de la Historia". Y, contra todo pronóstico razonable, el duque de Anjou puso la pasta. ¿Por qué? Porque se considera heredero del (inexistente) trono de Francia. O lo que es lo mismo: porque no soporta no ser nadie. Para que luego digan que los aristócratas son unos insensibles.

Leer Más

24 enero, 2011

No somos nadie (XXVII). Val del Omar y el empeño de filmar a Dios.

La religión mola, no entiendo por qué no está considerada algo cool. En mi universo plástico personal siempre ha habido lugar para Dios, el clero o el tremendo filón estético que supone el catolicismo. Y siempre he lamentado que las revistas de tendencias no reserven un hueco para el santoral o la moda vaticana. Por fortuna, no todo está perdido. Este 2011 ha comenzado para mí con el hallazgo de un espíritu afín, un hermano, un compañero de inquietudes: José Val del Omar. Un señor que hace cincuenta años tuvo el sentido común de conciliar tecnología y cristianismo. Lo cual, si lo piensas, es como si ahora alguien te dice que la manzana de Apple no está tan lejos de la manzana del Antiguo Testamento. En la gris España del franquismo, José Val del Omar vivía obsesionado con inventar los mecanismos adecuados para filmar a Dios. ¡Sin renunciar a la vanguardia! Desde el punto de vista técnico, sus cinegrafías eran cortometrajes experimentales, rodados con los cachivaches que él mismo diseñaba y concebidos como experiencias sensoriales absolutas. Una especie de 3D avant la lettre. Pero desde el punto de vista antropológico funcionan también como testimonio del lugar que Dios (y el miedo a Dios) ocupa en nuestro ADN cultural. Más o menos, lo que viene a decir es que en este país no somos nadie sin catolicismo. Para suscribirlo me he apropiado de Fuego en Castilla, la segunda parte de su Tríptico Elemental de España, "una tactilvisión del páramo del espanto". ¡Que Dios nos pille confesados!

Leer Más

18 enero, 2011

No somos nadie (XXVI). Canino, mejor película de 2010.

Mi película favorita de 2010 ha sido Canino, de Giorgos Lanthimos. Una fábula sobre la fragilidad del ser, sobre lo complicado que es mantenerte fiel a ti mismo. A partir de un planteamiento tan simple como el de una familia aislada en una casa donde no entran estímulos del exterior, Lanthimos lanza una pregunta al aire: ¿qué factores influyen en que seamos como somos? O mejor: ¿cómo afectan las cosas del mundo a nuestra personalidad? La película no parece llegar a ninguna conclusión, pero yo sí que llego. Después de ver lo que pasa con estos personajes creo que nuestra permeabilidad al entorno es tan infinita y caprichosa que cualquier ilusión de ser alguien es un disparate. No somos nadie. Somos millones de cosas y en el momento menos pensado dejamos de serlo. Somos un puzzle donde la canción escuchada de refilón cuando íbamos en el metro se mezcla con el libro favorito de tu padre, o con el episodio de El ala oeste que vimos anoche. El momento más espeluznante de Canino es cuando descubres el efecto que una simple película de los ochenta puede tener sobre una persona que la ha visto. ¡Como para tomarse el zapping a broma!
OJO: El vídeo es un tremendo spoiler. Quien avisa...

Leer Más

11 enero, 2011

No somos nadie (XXV). Ben Wilson y la valentía de consagrarse a lo inútil.

Ben Wilson es un inglés que pinta cuadros en chicles abandonados. De hecho, se dedica a ello desde hace siete años. Al principio trazó un plan: decorar todos los chicles que hubiese entre la puerta de su casa y el corazón de Londres. Pero muy pronto cambió de opinión y decidió quedarse en el barrio, trabajar sin rumbo. Me gusta pensar que el bueno de Ben comprendió que la poesía de su tarea sería mucho más sublime si renunciaba a una estrategia previa. Simplemente pintar el primer chicle que le apeteciera. Para ilustrar la rotunda intrascendencia de este planteamiento, ahí va una anécdota: una vez, los policías detuvieron a Ben por vandalismo, pero tuvieron que soltarle porque una cosa es pintar encima del asfalto y otra bien distinta hacerlo encima de un chicle. Por no ser, el trabajo de Ben ni siquiera es ilegal. A veces me da por comparar este empeño perfectamente inútil con el de otros artistas. ¿Cuál es la diferencia entre decorar un chicle y pintar un gran lienzo? Es más: ¿cuál es la diferencia entre pintar un chicle y construir una catedral, ganar un premio Nobel o tener un hijo? Creo que en la humildad del gesto de Ben Wilson hay una gran sabiduría. Creo que él ha comprendido que no somos nadie, y su obra es una forma de asumir esta insignificancia con la cabeza muy alta. Y creo también que hace falta mucho valor para eso.

Leer Más

30 diciembre, 2010

No somos nadie (XXIV). Homenaje a Anagrama.

El gruñón Javier Marías dice que nunca leería libros de Anagrama. Y mucho menos los compraría. Decidió volverse así de radical cuando se peleó con Jorge Herralde, fundador y dueño de la editorial, allá por 1995. Yo admiro y leo mucho a Marías, pero no siempre estoy de acuerdo con sus pataletas. Por mucho que vaya por ahí diciendo que "todos los editores son proxenetas dedicados a traficar con putas de postín", sigo comprando los títulos que publica Jorge Herralde. Gracias a Anagrama he pasado ratos estupendísimos con las novelas de Patricia Highsmith, de Julian Barnes o de Houllebecq. La conjura de los necios es uno de los libros que más me ha divertido jamás, y Lolita es una debilidad personal. ¿Cómo voy a renegar de una editorial que ha hecho tanto por mi pedantería? Al contrario: doy gracias por tener algo así en España. Y por eso me da pena que hayan acabado vendiendo Anagrama a una empresa italiana. Aunque esa empresa sea una editorial tan novelesca como Feltrinelli, fundada por un tipo que murió intentando colocar una bomba. Creo que la pérdida de los inconfundibles libros amarillos nos deja un poco huérfanos, impotentes, más cerca de no ser nadie. Como dice un amigo mío, son asuntos como éste los que de verdad deberían preocupar a la ministra de cultura. Pero bueno, qué se le va a hacer. Por mi parte, lo único que se me ocurre es publicar este pequeño homenaje a modo de agradecimiento. Ojalá lo acabe leyendo Marías.

Leer Más

15 diciembre, 2010

No somos nadie (XXIII). El animal moribundo y los peligros del placer.

Siento debilidad por las novelas sobre gente que lo arriesga todo por ser demasiado sensible. La posibilidad de acabar llegando al carajo cuando se ha salido en busca de algo bello, qué gran tema. En mi trastero he reservado una balda sólo para libros que hablen sobre este asunto... y ya tengo tres. Mi favorito, sin duda, es Lolita. Luego está La Muerte en Venecia. Y acabo de incorporar a la lista El animal moribundo, de Philip Roth. Una historia donde el viejo diálogo entre putrefacción y deseo, Eros y Tánatos, alcanza una frescura inesperada, contemporánea. La novela tiene todo lo que hace falta para ponerme los pelos de punta: pedantería, decadencia, cultura e ironía. Y cinismo, claro, porque hay que ser muy cínico para reconocer alegremente que el éxtasis también está disponible por los caminos que transitan el lado oscuro. De hecho, en El animal moribundo, la cuestión de fondo es de índole casi moral: ¿cuánto podemos entregarnos al placer antes de quemarnos? Si alguien se entusiasma demasiado con la belleza... ¿acabará por no ser nadie? Apolo o Dionisos, mirar o follar, prudencia o concupiscencia. Afortunadamente para todos, Philip Roth tampoco ha podido encontrar la respuesta para el viejo debate. Habrá que seguir investigando.

Leer Más

07 diciembre, 2010

No somos nadie (XXII). Te prohíbo que te gusten los Smiths.

En los años 50, Mark Rothko recibió el goloso encargo de decorar con sus cuadros el restaurante más molón de todo Nueva York: el Four Seasons del edificio Seagram. Un lugar diseñado por dos de los arquitectos más importantes del mundo, Philip Johnson y Mies van der Rohe, para dar de comer a gente guay. Al principio, Rothko se tomó el encargo en serio e incluso llegó a pintar los murales que le habían pedido. Pero luego se lo pensó y dio marcha atrás: no estaba dispuesto a dejar que un puñado de pijos convirtiesen sus lienzos en vulgares adornos para sus banquetes. "Quienquiera que esté dispuesto a pagar esos precios por ese tipo de comida", dijo, "no verá mis cuadros". Y devolvió el dinero. Pienso en esa anécdota cuando leo el cabreo que Johnny Marr se ha agarrado con David Cameron. Parece ser que el primer ministro británico ha ido diciendo por ahí que le molaban los Smiths, y al guitarrista le ha tocado las pelotas. "Te prohíbo que te guste nuestra música", ha twitteado el antiguo compinche de Morrisey. Qué tierno. Pero a pesar de los titulares, creo que la suya es una batalla perdida: ningún músico puede hacer lo mismo que hizo Mark Rothko, presentarse en el restaurante a parar la música que escuchan los políticos, los pijazos o los oportunistas. Una vez publicada la canción ya está todo el pescado vendido, no somos nadie, no podemos evitar que cualquier idiota la haga suya. Para muestra, un ejemplo escandaloso: el vídeo de Window in the Skies, una canción de U2. En él, Bono y compañía manipulan imágenes de archivo de los grandes iconos del rock para que parezca que están interpretando su música. Y los pobres Johnny Cash, Joey Ramone, Kurt Cobain o Morrisey, a joderse. ¿Alguien les pidió permiso? No creo: como digo, en cuestión de gustos musicales es demasiado fácil tomar el nombre de Dios en vano y salir indemne.

Leer Más

30 noviembre, 2010

No somos nadie (XXI). Willi Dorner y el elogio del camuflaje.

Nunca he tenido claro si se dice "pasar inadvertido" o "pasar desapercibido". Sea como sea, en los dos casos se trata de una forma de no ser nadie. Una discreta afición que yo mismo practico (soy tímido, demasiado tímido) y que celebro en la obra de Willi Dorner. Este coreógrafo ha convertido el baile en una suerte de camuflaje urbano. Cuando llega a una ciudad, lanza una convocatoria para reunir voluntarios, los selecciona, los viste de colores, les tapa la cara con una capucha y los esconde por ahí. Justo lo contrario que Spencer Tunick, ése fotógrafo tan mediático que llena las plazas de gente en pelotas y sale en los titulares de todos los telediarios. Frente al nudismo facilón de Tunick, Willi Dorner practica una filosofía estética basada en la desaparición del cuerpo y su absorción por el entorno. De lo que se trata es de establecer un diálogo inesperado con los edificios y los sitios, con las papeleras, las paradas de autobús o los árboles de los parques. La vieja idea del cuerpo humano como medida de las cosas, pero aplicada tan a rajatabla que te da dolor de espalda. Para que quede constancia de las proezas imposibles de estos bailarines voluntarios, Willi Dorner cuenta con la ayuda de Lisa Rastl, una fotógrafa. Sus imágenes están en la página de Dorner, pero yo he subido un vídeo donde aparecen bastantes.

Leer Más

18 noviembre, 2010

No somos nadie (XX). El jesuita que se adelantó a Banksy.

Una vez, el señor de la foto dijo que era Mark Landis. Otra, Steven Gardiner. Otra, Arthur Scott. Pero en realidad no es ninguno de los tres. El señor de la foto no es nadie. O sí: es un falsificador que se dedica a ir de museo en museo disfrazado de jesuita, regalando cuadros falsos en nombre de Dios. Llega con cara de santo, cuenta que se le ha muerto la madre, que quiere desprenderse de algunos recuerdos, y deja una acuarela de Degas sin pedir nada a cambio. Por supuesto, los responsables de los museos babean. Pero hace un par de meses, cuando el padre Arthur Scott colocó la última de sus falsificaciones en Louisiana, alguien se dio cuenta de que aquello era sospechoso. Miraron un par de donaciones anteriores, intercambiaron mails con colegas de otras instituciones y descubrieron lo que, en el fondo, debió de hacerles muy poca gracia: que el jesuita de marras lleva ¡20 años! tomando el pelo a museos de todo Estados Unidos. ¡Y nadie se había enterado! La historia me gusta por tres motivos. Primero, porque un tipo que se disfraza de cura siempre me caerá bien. Segundo, porque demuestra que en el mundo del gamberrismo artístico había vida mucho antes de que llegase Banksy. Y tercero, porque en el museo donde se ha destapado el pastel ya están preparando una exposición con las falsificaciones detectadas. Se titulará "¡Dime que no es falso!" y, por lo que he leído, tienen pensado invitar al misterioso padre Arthur Scott a la inauguración. Ojalá vaya: la ironía de que un jesuita falso participe en un evento que desacraliza la obra de arte original me parece sencillamente genial, digna del mejor Buñuel.

Leer Más

16 noviembre, 2010

No somos nadie (XIX). Los egipcios y el Primavera Sound.

Los egipcios, esos señores que inspiraban canciones de las Bangles, fueron uno de los primeros pueblos en darse cuenta de que con el tiempo es fácil acabar no siendo nadie. Y para solucionarlo se inventaron la ceremonia del jubileo. Básicamente, la idea del jubileo egipcio era convencer a los súbditos de que los años no habían hecho mella en el carácter providencial y mesiánico del faraón, que seguía siendo el mismo visionario de sus años mozos. Una viagra para el prestigio, vamos. De entre todos los trucos de maquillaje que formaban parte de esta operación, el más simbólico era el enterramiento de la estatua envejecida del faraón, con lo que negaban la decrepitud y disimulaban el ocaso del talento que una vez despertó la admiración del respetable. Forever young, como en la canción de Alphaville. Pienso en todo esto cuando mis amigos musiqueros me mandan el programa del Primavera Sound 2011 y veo que uno de los principales reclamos de la juerga es ver a viejas glorias reinterpretando los discos de hace veinte años. Hoy son Mercury Rev tocando Deserter's Songs, o John Cale tocando Paris 1919, pero el año pasado fueron Low con The great destroyer o los Charlatans con Some friendly. Y la cosa sigue fuera del festival. En los últimos años hemos visto cómo The Cure llevaban al directo el repertorio exacto de su Disintegration de 1989 y cómo Lou Reed hacía lo mismo con su Berlin de 1973. Habrá quien quiera ver en esto una reivindicación del concepto "album" frente a la dictadura del mp3, pero yo no puedo dejar de pensar que todo es un jubileo para que no se noten las arrugas mentales. Porque cuando Lou Reed apareció en Glastonbury este verano para cantar con Gorillaz, la mayoría de los muchachotes que allí estaban pensó que se trataba de Fabio Capello.

Leer Más

14 noviembre, 2010

No somos nadie (XVIII). Being a dickhead (o ser fauna mongola) is cool.

Lo confieso: no sé lo que pienso sobre los modernos. Por una parte quiero ser uno de ellos, comprimir mis testículos con vaqueros de pitillo, usar pajarita, tener bigote y sacar partido a las camisas de señora que venden en las tiendas de segunda mano. Pero reconozco que me falta imaginación y me sobra sentido del ridículo. Este verano, en nuestras excursiones por los mercadillos de Londres, miraba a los hipsters del East Side y siempre me asombraba lo cerca que la moda está del esperpento. Aunque desde adolescente sospecho que si no molas no eres nadie, los moderniquis también me despiertan terror y risa. Por eso no tengo una opinión clara sobre ellos. Y por eso me identifico tanto con Fauna Mongola, el imprescindible catálogo de bichos raros madrileños publicado a golpe de caricatura. Pero como esta noche me apetecía rendir un homenaje a Londres, he optado por colgar un vídeo sobre los dickheads de Shoreditch. Misma idea, misma burla, misma fascinación. El temazo en cuestión lo canta un dúo que se llama The Grand Spectacular, y me juego el cuello a que ellos mismos son unos molones como los que critican. Pero el toque cutrón del grafismo y el juego con las fotografías me ha parecido irresistiblemente gamberro.

Leer Más

09 noviembre, 2010

No somos nadie (XVII). Los cojones bien puestos de Santiago Sierra.

El jueves pasado, 4 de noviembre, el Ministerio de Cultura anunció que concedía el Premio Nacional de Artes Plásticas a Santiago Sierra. El viernes, sólo 24 horas más tarde, Santiago Sierra decía tururú. No lo quería. Ni quería el prestigio, ni quería los 30.000 pavos. Pero sobre todo no quería vender su arte a los poderosos. Más bien todo lo contrario: Santiago Sierra es un señor que se levanta todos los días con el sano propósito de tocarle las pelotas a todos esos políticos, banqueros, advenedizos culturales y demás indeseables que van de un lado a otro en coche oficial. En su página web hay un completo registro de los agravios que perpetra contra la autoridad. Pero si hay que escoger yo me quedo con una acción: cuando en 2003, Sierra cerró el pabellón de España de la Bienal de Venecia y dijo que allí sólo entraban los españoles. Ni medios de comunicación, ni políticos italianos, ni Dios: solo españoles con el DNI en regla. Y cuando los periodistas extranjeros protestaron, les dijo que él únicamente les estaba privando de visitar un lugar, no de pensar. Maravilloso. Ahora, aplicando una coherencia absoluta, Santiago Sierra ha pegado una patada en el culo del sistema que intentaba fagocitarlo. En la carta que ha escrito a la ministra González Sinde dice: "El estado no somos todos. El estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio". Al lado de esta demostración de integridad es inevitable pensar que todos los demás somos unos conformistas. O lo que es lo mismo: que no somos nadie. ¡Bravo, Santiago!

Leer Más

02 noviembre, 2010

No somos nadie (XVI). Ballard y los swingers de Naomi Harris.

El otro día mi amigo Miguel me riñó por no leer más a Ballard. Tiene razón, no lo leo demasiado. Pero a cambio publico fotos que podrían estar sacadas de una novela suya. Fotos como ésta de Naomi Harris, una fotógrafa que va de orgía en orgía, vestida de colegiala, buscando el lado menos complaciente de los suburbs americanos. Estos señores que ven el partido mientras les hacen una mamada son swingers, aficionados al intercambio de parejas y al sexo comunal. Fuck with me and you fuck the whole trailer park, dice una de sus fotos; uno para todos, y todos para uno. La idea de los swingers es construir la utopía del sexo total, sin tabúes y sin erotismo, sin bragas y sin maquillaje, en la habitación del niño o en la Superbowl. Cuando Naomi Harris concede entrevistas para promocionar su libro America Swings, explica que los swingers parecen felices y que en estas bacanales es frecuente encontrar a mujeres multiorgásmicas plenamente satisfechas. Pero también confiesa que a fuerza de verles follar se le han quitado las ganas de sexo. "Ahora lo único que me entretiene es la televisión", suspira. Y no me extraña. En los campings y las fiestas de Acción de Gracias swingers da la impresión de que cuando te entregas a los placeres más básicos de tu triste humanidad, zampar y chingar, acabas por no ser nadie. O mejor dicho: sea lo que sea que acabes siendo, será algo bastante ridículo. Miguel, si quieres comprobarlo, sólo tienes que pinchar en "leer más".












Leer Más

01 noviembre, 2010

No somos nadie (XV). El sepulcro de Kennedy.

Uno de los trucos más comunes para sortear el peligro de no ser nadie es garantizarse una eternidad de piedra. Una tumba, vamos, con la que cualquiera pueda saber cómo te llamabas, en qué dios creías y cuántos años llegaste a cumplir. De cementerios está el mundo lleno, el delirio de la inmortalidad no distingue cuentas corrientes. Otra cosa es que la estrategia del muerto funcione y no se tuerzan los planes. Pienso, por ejemplo, en el sepulcro de Kennedy. Cuando el presidente fue asesinado en Dallas, su viuda decidió que había que diseñarle un enterramiento digno. Y para ello contrató a John C. Warnecke, uno de los arquitectos más prometedores de la época. Warnecke era amigo del matrimonio, practicaba una concepción moderna de la arquitectura y vestía muy bien. Durante dos años, Jackie Kennedy y él trabajaron codo con codo para diseñar un mausoleo que conmemorase al muerto. La ironía está en que, a fuerza de trabajar para recordarlo, terminaron olvidándose de él. Mucho antes de inaugurar la tumba del marido muerto ya estaban liados y hasta pensaban en casarse. Evidentemente, las hordas de turistas que ahora visitan Arlington no perciben esta burla del destino. Pero desde mi punto de vista, este sepulcro sólo transmite un mensaje devastador: "en cuanto te vas, te sustituyen".

Leer Más

28 octubre, 2010

No somos nadie (XIV). La noche de los tiempos y la trágica veleidad del mito.

Querido Antonio: Hace años le regalé a todos mis amigos El Jinete Polaco y ahora opino que tu última novela, La noche de los tiempos, es una castaña. Se nota demasiado que la terminaste en la hora de la siesta, mientras veías Amar en tiempos revueltos. Además, emplear 800 páginas en contar un romance así de previsible es tomarte el tiempo de tus lectores a pitorreo. Pero descuida, que no es de eso de lo que quiero hablarte. Si has seguido esta serie sabrás que últimamente sólo me interesa reflexionar sobre lo fácil que es dejar de ser algo; en tu caso, mi escritor favorito. Qué veleidosa es la admiración, ¿verdad? Sigo devorando tus artículos de Babelia con regocijo, pero La Noche de los tiempos me quitó las ganas de leer otra novela tuya. Así de simple. Menuda putada, Antonio, tener que estar a la altura de tu propia obra. Y menuda putada también para mí, que necesito ídolos. Esto confirma mis sospechas: que cualquier mitomanía está infundada por definición. El más listo, el más molón, el más moderno, el más avispado, da igual; todos podéis dejar de serlo si se os observa más de cerca o durante más tiempo. Todos podéis volver a ser nadie otra vez. O peor, menos que nadie: porque lo que una vez se admiró y luego se dejó de admirar casi siempre se acaba mirando por encima del hombro. Espero que no te lo tomes a personal. En el fondo, conservo la esperanza de que nos reconciliemos.

Leer Más

25 octubre, 2010

No somos nadie (XIII). Dave, Nick y Mat.

Ser o no ser alguien, qué gran asunto. A veces la distancia entre un extremo y el otro de la existencia es maravillosamente caprichosa. Dave, Nick y Mat lo saben muy bien. Hace once años, estos tres mindundis estaban de pedo en un bar de Londres y vieron a un tipo que podría ser alguien. De hecho, pensaron que podría ser un futbolista. Un futbolista famoso: Dennis Wilson. Borrachos como cubas, se pasaron un buen rato mirándole y debatiendo entre la posibilidad de que fuese o no fuese. Y finalmente decidieron preguntarle. "Disculpe, ¿es usted Dennis Wilson?". El otro negó con la cabeza: no, no lo era. No era nadie. O más bien sí, era alguien, pero no ese alguien que ellos pensaban que era. "Soy Damien Hirst", les dijo. "¿Damien Hirst?", contestaron ellos, "¿y ese quién es?". "Un artista". Tanto Dave como Nick y Mat eran bastante legos en arte contemporáneo, y por eso se tomaron al desconocido por un paria. Más chulos que un ocho, le retaron a que les hiciese un retrato. Y el tal Damien Hirst les dibujó con caras de idiotas. Un boceto lamentable, sin duda, producto de la borrachera. Pero eso no es importante ahora. Lo fascinante de la historia es que Damien añadió un detalle prodigioso: sus nombres. Dave, Nick y Mat. Con este sencillo gesto les otorgó el don la existencia: once años después, los tres aparecieron en todos los medios porque el garabato en cuestión salía a subasta. Se ha vendido por 300 euros: una nimiedad comparado con el milagro de haber pasado a ser alguien.

Leer Más

17 octubre, 2010

No somos nadie (XII). La pasión española y el cuarto de baño.

It's all about passion. Todo es pasión. Así se presenta la nueva línea de papel higiénico de Renova. Un revolucionario papel cuyo principal atractivo parece ser que "ya ha gozado de una vida anterior". O sea: un papel higiénico que, de tan bien como se lo pasaba en su existencia previa, ha decidido reencarnarse para repetir. Sólo con eso ya se han ganado el sueldo los publicistas que tratan de vendernos el producto. Pero donde de verdad tocan la campana es con el asunto de la pasión. Pasión latina, se supone, porque el nombre oficial del papel en cuestión no podía ser más español: Renova Olé. ¿Olé? Sí, olé. El olé que se quedó huérfano cuando prohibieron las corridas de toros en Cataluña ya ha encontrado una nueva plaza donde ser coreado. Ahora, en la intimidad acuclillada de medio planeta, un único grito celebra la higiene: ¡Olé! ¡Olé! ¡Olé! Con tilde y todo. Se me ponen los pelos de punta. Al lado de esto, la gesta mundialista de la Roja se queda en nada. Nunca lo español llegó tan lejos, nunca nuestra pasión ibérica se dejó sentir de manera tan grata por el resto del planeta. Gracias a "Renova Olé" podemos estar orgullosos de ser españoles. ¿No somos nadie? Sí, sí somos: somos papel higiénico reciclado.

Leer Más

25 mayo, 2010

No somos nadie (XI). Jimmy Fontana y lo infinitesimal.

La primera lección de infinitesimalidad que recibí en mi vida me llegó a través de la música. Mi hermana pidió por Navidad un disco de baladas ñoñas y yo me enganché más que ella. Me gustaban todas las canciones, pero la que más me impresionó fue El Mundo, de Jimmy Fontana. Escuchando su épico elogio de la futilidad comprendí que hiciese yo lo que hiciese en esta vida, al final no serviría para nada porque el paso inexorable del tiempo acabaría borrándolo. "El mundo no se ha parado ni un momento, su noche muere y llega el día", qué putada. Todavía me asombro de que me dejasen escuchar una canción tan dura y me prohibiesen ver las pelis de Rambo, con lo simplonas que son. Aun hoy, cuando oigo a Jimmy Fontana cantar aquello de "oh, Mundo, en el silencio yo me pierdo y no soy nada al verte a ti", se me ponen los pelos como escarpias y me sobrecojo de vértigo sublime. Creo sinceramente que experiencias estéticas como esa canción forjaron el mismo pesimismo incurable que alimenta ahora esta serie sobre no ser nadie en mitte. Mi personal ajuste de cuentas con la nada.

Leer Más

24 mayo, 2010

No somos nadie (X). Io sono l'amore, sexo cósmico y el escarabajo pelotero.

Desconfío de las escenas de sexo porque casi todas me parecen tópicas e innecesarias. Hay pocos directores capaces de contar algo nuevo con la secuencia de dos personas haciendo el tiki tiki. Quiero pensar que uno de ellos es Luca Guadagnino, autor de Io sono l'amore, pero no estoy seguro. La película tiene uno de los polvos más perturbadores que recuerdo haber visto. Un polvo cósmico: dos personajes retozando en mitad del monte mientras a su alrededor pululan los insectos. Planos cortos de pedazos de piel, libélulas, ombligos y escarabajos peloteros. El amor como parte de un mecanismo universal que hace avanzar el mundo, lo mismo a las moscas que a los humanos; no somos nadie, sólo un pedazo de instinto que se revoluciona en primavera y se aletarga en invierno. Me gustaría creer que eso es lo que quería contar Luca Guadagnino, obsesionado como ando por encontrar manifestaciones de Lo Sublime. Pero, como siempre me pasa, también sospecho que a lo mejor no es así. A lo mejor Luca Guadagnino es romántico en el mal sentido de la palabra y cree que el amor es un sentimiento redentor que sirve para vender colonia. De hecho, ahora que lo pienso, el polvo de su película tiene mucho de anuncio de perfume, como los que hace Isabel Coixet. Pero, como digo, mi problema es que desconfío de las escenas de sexo.

Leer Más

22 mayo, 2010

No somos nadie (IX). Las bayas del Goji.

Hasta hace unos años, el que quería ser inmortal se iba a una iglesia, se hacía católico y se reservaba un pedazo de cielo por los siglos de los siglos. Pero ahora que la Iglesia ha perdido su poder de seducción... ¿qué pasa con el deseo de eternidad? ¿Hacia dónde canalizamos ese natural impulso nuestro de ser alguien para siempre? Algunos escribimos blogs con el deseo secreto de seguir aquí dentro de mil años, pero eso es trabajoso e ingrato. Mucho más fácil comer bayas del goji, que cuestan un euro y medio y están en cualquier frutería. Según he leído por ahí, "los cultivadores de las Bayas del Goji dicen de ella que es una fruta extremadamente delicada que no acepta ser tocada por mano humana". Los Hunzas, el pueblo tibetano que las cultiva, no sólo está considerado el más sano y feliz de la tierra, sino también el más longevo. Estos señores son la demostración de que se puede desafiar a la muerte y (casi) ganar. Ellos encontraron hace siglos el elixir de la vida que buscaban los alquimistas, y gracias a la globalización ahora lo tenemos en nuestra frutería de confianza. Yo, lo confieso, no he podido resistir la tentación de llevarme a la boca un manjar tan sublime, traído directamente del Himalaya. Y la verdad, los dos segundos y medio durante los que me he creído ser inmortal han sido de los más emocionantes que recuerdo haber vivido.

Leer Más

21 mayo, 2010

Curiosidades de una tesis. Entre el confort de Europa y la exuberancia de África.

El eslogan.
El eslogan de este cartel siempre me ha llamado la atención por lo explícito. Está todo ahí, no deja lugar a dudas: entre el confort de Europa y la exuberancia de África, entre occidente y oriente, ahí está España, esperando al turista.
Aunque no todos estemos de acuerdo con esa posición de marginados (o “en los márgenes”, si lo decimos en jerga más moderna) de nuestro país, no se puede negar que se le ha sabido sacar provecho. Pero hete aquí que el tan traído y llevado Spain is different no es ni mucho menos –ya le gustaría– invención de Fraga. Aunque su origen se podría poner en los relatos de los viajeros románticos, fue en el 98 cuando cristalizó como problemática intelectual y literaria, para encontrar finalmente su primer uso en marketing turístico ya en los años 20.
Lo que me deja sin palabras es la falta de pudor. ¿Que nos dicen que Europa empieza en los Pirineos? ¡Y a mucha honra! No nos da vergüenza ninguna declararnos medio africanos; pero, eso sí, disponemos de todas las comodidades que el viajero civilizado naturalmente necesita, pues hombre, faltaría más.

La foto.
No dejan de fascinarme esas imágenes turísticas en las que se ve un monumento histórico a los pies del cual, indefectible, un automóvil aguarda. ¿Simplemente un coche aparcado, el del fotógrafo quizás? En cualquier caso, no se puede pensar que su presencia ahí sea casual. Es demasiado conspicuo, tanto por el contraste que marca con respecto al edificio histórico como por la total ausencia de más seres (vivos) aparte de él.
Para ilustrar esa dualidad de conceptos (africanismo + confort = España) que proclamaba el eslogan, las guías de viaje se van a llenar de dos tipos de imágenes: unas, evocadoras de la larga historia del país, van a consistir en fotos de monumentos y edificios singulares vaciados de vida, para intensificar esa sensación de eternidad. Las otras, ensalzadoras del progreso, van a ser básicamente fotos de coches y carreteras. Y a veces, en una sola foto, como en esta, se mezclan las dos tipologías. Alucinante.

Lo que hizo el franquismo del desarrollo sólo fueron actualizaciones. Del eslogan, con bastante menos brillantez retórica, todo hay que decirlo: “España progresa pero conserva su encanto de los viejos tiempos”. De la idea del confort europeo, con bastante menos nivel tecnológico. Porque el símbolo del progreso, me temo, no pasa a ser otro que el bikini.




Leer Más

18 mayo, 2010

No somos nadie (VIII). La riada de Santa Teresa en Murcia.

Hace algunas semanas encontré en casa de mis padres un libro de fotografía antigua de Murcia que se titulaba La Imagen Transparente, de María Manzanera. A mí la prehistoria de la Réflex apenas me interesa, pero en la página 120 leí una historia que me dejó helado: la Riada de Santa Teresa de 1879. "En la madrugada del día 14 al 15 de octubre, la ciudad de Murcia se despertó con el toque de rebato; poco después, entre el golpear de puertas y de pisadas rápidas, el sereno pasaba gritando: 'Las dos, todo el mundo arriba, las aguas del río llegan hasta San Pedro'. En efecto. El nivel del río había rebasado al de la ciudad. Los ojos del puente no eran visibles porque las aguas enfurecidas los cubrían por completo. La oscuridad era absoluta, rota solamente por el resplandor de las antorchas de algunas peronas que se aproximaban aterradas a comprobar el estado del río". Yo nací en Murcia, he vivido allí 16 años y nunca antes había sabido de esta inundación. Pero en cuanto empecé a leer en voz alta a mis padres lo que había descubierto en el libro, los dos me interrumpieron a la vez: "¡es la Riada de Santa Teresa!". Ellos sí conocían la historia, la habían escuchado contar mil veces en noches de poca electricidad y menos televisión. Y aunque a mí me llegó por casualidad, inmediatamente sentí que me pertenecía. Estoy convencido de que el horror de un río desbordándose puede acabar formando parte de la memoria colectiva, de la identidad compartida. La gran ironía está en que, si lo piensas un poco, esta idea supone que aprendes quién eres justo cuando el río te demuestra que no eres nadie. Qué gran ironía.
Si alguien quiere ver más fotos (de Juan Almagro, todo un pionero) o conocer otros detalles de la tragedia, sólo tiene que pinchar en "leer más".



Pedro Díaz Cassou, uno de los protagonistas, escribía en la prensa del día 17:
'...la antorcha se me cae de la mano y se apodera de mí una angustia indefinible; la noche y su oscuridad que aumenta todos los horrores, el estruendo de las aguas, voces de los que mandan, carruajes a escape, galopar de jinetes, antorchas que brillan, pasan y dejan en pos mayor oscuridad. A lo lejos el toque de alarma de cuernos y caracolas... gritos de agonía y dominándolo todo el estruendo de las aguas, la voz suprema del río parecida a la voz de Dios que es, dice el libro santo, como el rumor de muchas aguas juntas'.
Al amanecer del día 15, los murcianos supervivientes pudieron contemplar la magnitud del desastre. Las casas de la ciudad sobresalían de lo que era una inmensa laguna, cuyo final no podía abarcar la vista. Ya no existía la huerta. No había más que troncos de árboles, restos de viviendas y cadáveres flotando sobre las aguas turbulentas; de vez en cuando sobresalían algunos árboles o tejados donde se apiñaban grupos de personas en espera de que alguien pudiera socorrerlas. Nadie sabía qué suerte habían corrido los habitantes de aquellas zonas que permanecían bajo las aguas.

Leer Más

15 mayo, 2010

No somos nadie (VII). Fish Tank.

"Life's a bitch and then you die, that's why we get high". Así de cortarrollos termina Fish Tank: con esta frasecita rapeada en el estribillo de una canción de Nas mientran suben los créditos en la pantalla y tú no puedes ni moverte. Acabas de aprender que, en algunas regiones de Inglaterra, una cría de 16 años ya es demasiado vieja. Que a partir de este momento empezará a chuzarse con ginebra barata y a buscar hombres que dejen olor a macho en su sofá mugriento. La película, dirigida por una protegida de Lars Von Trier, Andrea Arnold, me ha impresionado porque encuentra un equilibrio insospechado entre lirismo y crudeza, entre cine documental y delicadísimos trazos de poesía. La parte realista viene dada por detalles como que está protagonizada por una choni de verdad, Katie Jarvis, una chavala a la que encontraron de chiripa en una estación de tren cuando estaba teniendo una bronca con su novio; un pedazo de rabia adolescente en estado puro (y chándal) que ni siquiera era actriz antes de salir en el 97% de los planos de la película. El toque sensible lo da haber rodado con luces rasantes y, sobre todo, no tener miedo a la metáfora. Con una yegua anciana y un California Dreaming ya se puede contar qué siente una chavala cuando comprende que no es nadie. Cuando descubre que si al pez lo sacan del estanque... se muere.

Leer Más

14 mayo, 2010

No somos nadie (VI). Exterminadores. Una vida bicha.

Uno de los tópicos de Lo Sublime es que los humanos estamos de prestado en un mundo que nos da mil vueltas. En cualquier momento Mamá Naturaleza nos pega una patada en el culo y si te he visto no me acuerdo, pasa un invierno o dos y ya no hay rastro de nosotros, nunca hemos sido nadie. La idea de que la raza humana pueda desaparecer víctima de una pataleta telúrica ha alimentado todo tipo de miedos, profecías y augurios de mal rollo: que si volverán los dinosaurios, que si el mar se desbordará, que si aparecerá una nueva enfermedad y nos haremos caquita sin quitarnos la mascarilla, yo qué sé. Por suerte para mi, soy lo suficientemente romántico como para disfrutar con esa certeza. Sé que en el fondo ni pincho ni corto, que cuando me duermo puede seguir lloviendo y que ahora mismo hay una ola rompiendo en la playa de mi infancia, aunque ya nunca vaya a volver allí. Disfruto sabiendo que el universo va a su bola. Y por eso me lo he pasado pipa leyendo Los Exterminadores, una vida bicha. Escrito por el novato Simon Oliver y dibujado por Tony Moore, este tebeo plantea una hipótesis terrorífica. ¿Y si ahora mismo, mientras escribo esto, estuviese naciendo una raza de cucarachas invencibles? Desde que lo leí duermo con un fus-fús encima de la mesilla, por si acaso. Como reza el subtítulo, en el fondo éste "es un mundo de bichos".
Artículo relacionado: El Eternauta (en Sindrogámico)

Leer Más

13 mayo, 2010

No somos nadie (V). Jeff Wall y su vista de un apartamento.

Un segundo antes de escribir esta línea me he levantado para ir al baño. Por el camino he atravesado el dormitorio que pintamos el año pasado y casi no me he fijado en la foto de la pared, la que hice desde la terraza de mi antiguo curro. Luego he ido a la cocina y he puesto un poco de pasta a cocer, he derramado un botellín de Mahou encima de una revista pedantorra y he mirado el reloj para que no se me pase la hora de la serie que veo todas las noches. Pura rutina, éste soy yo. Si lo cuento es porque creo que sirve para comprender mejor lo que me fascina de esta foto. La imagen fue realizada por Jeff Wall, uno de los fotógrafos más importantes del mundo, entre 2004 y 2005. Tardó un año en hacerla, el tío. Primero buscó una casa en alquiler que le gustase. Cuando la encontró, invitó a una amiga suya a que se instalase en ella. Le dio dinero y le dijo: 'conviértela en tu hogar'. La amiga escogió los muebles, compró la tabla de la plancha, puso orquídeas junto a la tele y se acostumbró a dejar la ropa encima del sofá. Pura rutina, ésa era ella. Cuando pasó un año y ya iba por casa en calcetines, Jeff Wall hizo la foto. La gracia de la historia está en que el espectador debe decidir si lo que se ve en la foto es real o es una puesta en escena. O sea, si en todo este tiempo la señora ha llegado a ser alguien a través de todo lo que ha acumulado y convertido en rutina. En caso de que la respuesta sea negativa... ¿cuánto tiempo hay que tener una vida para que se considere que es real? ¿Cuántos años cuesta ser alguien?



Artículo relacionado: Con un seis y un cuatro (XIV). Bert Teunissen en Fotoencuentros.

Leer Más

12 mayo, 2010

No somos nadie (IV). La función por hacer.

¿Quién es más real, un personaje de ficción o un tipo corriente? El tipo corriente, diría yo: porque huele, porque se rasca cuando le pica, porque de vez en cuando se siente morir y porque a veces se toma un menú Big Mac y luego tiene remordimientos. Tan real como la vida misma, ¿no? Pues no. Después de ver La función por hacer en el Teatro Español ya no estoy seguro. Esta obra, dirigida por Miguel del Arco, plantea la hipótesis contraria: que en realidad el tipo corriente no es nadie. Que no tiene entidad ni consistencia, por mucho que le pique. El personaje de ficción, sin embargo, goza de una inmortalidad inmutable, siempre la misma, aprehensible y fija. Nosotros moriremos y en dos generaciones habremos desaparecido, pero Humbert Humbert seguirá buscando la belleza en los muslos de Lolita, Mortadelo seguirá disfrazándose para escapar de Filemón y Cristo, en la cruz, se preguntará cada Semana Santa por qué su padre le ha abandonado. Este razonamiento, tan devastador que me quita las ganas de salir de la cama, no es original de La función por hacer. El primero que lo hizo fue Luigi Pirandello, allá por los años 20, cuando escribió Seis personajes en busca de autor. Pero Miguel del Arco ha tomado la vieja obra, ha añadido cuatro pinceladas y le ha quedado un montaje de lo más impactante. Como siempre (ayer, hoy, dentro de mil años) Hamlet tenía razón: "ser o no ser, he ahí la cuestión".
Artículo relacionado: Con un seis y un cuatro (III). George Sprott.

Leer Más

11 mayo, 2010

No somos nadie (III). El bosque 40 y la venganza de los árboles.

No sé si he contado ya aquí que me gustan los árboles. Me gustan los gingkos, los abedules, los robles y los magnolios. En nuestro barrio tenemos una higuera gigante que sobrevive heroica en mitad del asfalto, un olivo al que amo profundamente (aunque me dé alergia) y un montón de prunos que celebran las estaciones del año con más alboroto que las campañas de moda de El Corte Inglés. Los árboles me impresionan, me hacen sacar la cabeza por la ventanilla del coche para verlos mejor. Y, sin embargo, me parece aberrante la campaña de reforestación que está llevando a cabo la cadena 40 principales. Con la excusa de plantar nuevos árboles... ¡diseñan bosques con el logo de la empresa! ¿Queréis naturaleza? ¡Pues tomad publicidad! Los ejecutivos de la cadena más comercial de España han caído en la vieja tentación, tan humana, de ponerle puertas al campo. ¡Ilusos! El único consuelo que nos queda ante tanta vulgaridad es que, por suerte, los árboles durarán más que la Oreja de Van Gogh. Cuando nadie se acuerde de los 40 Principales, cuando nadie sepa quién cojones eran Fernandisco, Joaquín Luqui o Fran Blanco, este bosque seguirá ahí. ¡La victoria final será para la naturaleza, pringaos! ¡Ella siempre gana!

Leer Más

10 mayo, 2010

No somos nadie (II). Born free, el vídeo censurado de M.I.A.

¿Qué pasa cuando tiras una bomba al lado de un tipo? Que explota. En un segundo pasa de existir a no existir, ya no es nadie. Lo paradójico del asunto es que este razonamiento, aunque sea de cajón, resulta intragable. Cuesta asumir que si un misil hace chas, yo desaparezca de tu lado. Que me volatilice. Nos hemos acostumbrado a la indiferencia de los bombardeos vía satélite que salen en los telediarios. No queremos ver, no queremos comprobar cómo explota un cuerpo. Y por eso cuando vemos el último vídeo de M.I.A. (dirigido por Romain Gavras y censurado en youtube por su violencia explícita), decimos 'hala, qué bruta, se ha pasado'. Es como si pensásemos que la muerte total, con toda su crudeza, no debería ser filmada nunca. Y menos en un videoclip. ¿Por qué? Porque automáticamente se convierte en espectáculo; porque sirve para vender más discos; porque es una forma simplona de polemizar; porque el videoclip es el epítome del producto audiovisual de consumo rápido, y resulta inmoral relacionar la muerte, o la guerra, o la política, con algo tan frívolo. Pero al mismo tiempo, hay una parte de mí que sigue creyendo en el poder de la imagen para transmitir un mensaje. Aunque sea a ritmo de discoteca.
Para ver otro ejemplo de cómo filma (y critica) la violencia Romain Gravras, hay que pinchar en "leer más".

Leer Más