10 septiembre, 2009

Curiosidades de una tesis. Was ist anders in Spanien?

El famoso eslogan que no se inventó, pero sí explotó, el Ministerio de Información y Turismo de Fraga, tuvo un éxito sin precedentes. Vaya si lo tuvo. No sólo porque nuestras playas se llenaran y con ello se diera un empujón a la construcción y con ello a la economía en general y con ello a la buena imagen del régimen; no sólo. El famoso eslogan caló tanto en la sociedad que incluso ha pasado a formar parte del acervo popular como un refrán más: Spain is different!
No obstante, frente al turista de sol y playa con el que Fraga soñaba, durante los años 70 fue aumentando la cantidad de viajeros independientes atraídos por nuestro país. Estos turistas no venían con un paquete all-inclusive de un touroperator, sino en vehículo propio; y no buscaban lo mismo que los demás veraneantes, sino que cuestionaban más. Los autores de esta guía de España para alemanes, por ejemplo, se preguntan: “Was ist anders in Spanien?” (¿Qué es lo que es diferente en España?)
Este otro tipo de turista, germen del actual mochilero, venía buscando paisaje, cultura, tradición; en resumidas cuentas, lo auténticamente español. Pensando en él, estos alemanes se plantean algo totalmente diferente de las guías al uso, con sus itinerarios y sus capítulos ordenados por áreas geográficas. La guía turística del nuevo viajero debía consistir en una orientación a fondo dentro de la cultura del país –y, por qué no, ordenar los diversos temas sobre los que el viajero debe saber de forma alfabética, para su cómoda consulta mientras se va en el coche: con la A, alcázar; con la B, Basken (vascos); con la C, Cortes (acababan de celebrarse las primeras de la España democrática); con la D, naturalmente, Don Quijote … con la F, fiesta; con la S, siesta; y con la Z, Zigeuner (gitanos).
No es esta simplificación de la cultura de un país por medio de estereotipos tan vistos lo que más clama al cielo, ni tampoco la reducción de un pueblo entero a asépticas entradas alfabéticas perfectamente clasificadas. No, lo que en última instancia más indigna es que después de toda esa palabrería sobre conocer a fondo un país y una cultura, parece que la finalidad del viaje no es otra cosa que el propio deseo de aventura, la realización de la idea de vacaciones ideales que estos mochileros motorizados llevaban en mente –y que traían consigo desde Alemania.
De ahí la importancia del componente “coche”, pues esta guía se plantea especialmente pensada para conductores, con consejos sobre conducción y tráfico, recomendaciones sobre las mejores vías, sugerencias de paradas, etc. De hecho, hablan de un nuevo tipo de viaje: el “Volkswagenreise”; literalmente “viaje Volkswageniano”. Las fotos con que ilustran tal experiencia turística son bastante elocuentes al respecto: me da igual si atravieso los Pirineos, si conduzco entre olivos o por campos de Castilla; lo observo todo atentamente… desde la ventanilla de mi coche – mi casa – mi país.
Pues oigan; para ese viaje, no hacían falta alforjas –y este sí es un refrán de verdad.

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20 mayo, 2009

Parecidos


Nunca había caído en lo que se parecen.
Ese pliegue alrededor de la boca, esas patitas de gallo... ¡Y encima, los dos son estrellas de Hollywood! Sólo falta (o sobra) la gorrita de bohemio, y el parecido es total.

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20 abril, 2009

Curiosidades de una tesis. El caso de Mordechai Luk.

Me ha impresionado esta historia por lo cerca que nos pilla en el tiempo (corría el año 1964), y porque, teniendo tintes de aventura de espías del más puro estilo Jamesbondiano, da una imagen mucho menos romántica, más prosaica y también más peligrosa, del susodicho oficio.

Se trata del caso de Mordechai Luk, judío israelí de origen norteafricano, que durante una de las maniobras en que participaba como soldado forzoso del estado de Israel, decidió fugarse y pedir asilo en Egipto. Allí, sospechoso de ser en realidad un espía israelí, fue encarcelado, interrogado y torturado, hasta que a cambio de su libertad aceptó trabajar para los servicios secretos egipcios. Así, el señor Luk, judío pero traidor a Israel, africano pero judío a los ojos de los egipcios, se convirtió en un espía para su majestad el rey de Egipto, consistiendo su misión en recabar datos sobre las eventuales operaciones israelíes en suelo europeo.
Hombre “elegante, vividor y mujeriego pese a tener mujer y cuatro hijos, y siempre portando gafas oscuras”, según le describen los periódicos de la época, en Italia debió de dedicarse a la dolce vita más que a trabajar, hasta el extremo de que su exiguo salario de 150 dólares mensuales no le alcanzaba para sus gastos –realidad muy desmitificadora, ciertamente, de esa figura romántica del espía sofisticado y cuasi millonario. Descontento porque sus jefes no le subían el sueldo, (y supongo que también descontentos sus jefes porque no daba un palo al agua), Luk llegó a amenazar al Secret Service con delatarles a los israelíes e informarles de sus actividades en Europa.
Decididamente, Luk se había convertido en un grano en el culo. Los mandos de la inteligencia egipcia, que por aquel entonces parece que no se andaban con chiquitas, decidieron cortar por lo sano: en mitad de Roma-la nuit, raptaron a Luk, lo drogaron y amordazaron, y lo metieron en una maleta que al día siguiente facturaron rumbo a El Cairo.
En el aeropuerto, los guardas de aduanas –se dice que alertados por judíos amigos de Luk, lo cual confirmaría el doble juego del supuesto agente egipcio-, sospecharon de ese gran baúl marcado con la inscripción “Valija diplomática”, al vislumbrar una serie de agujeros practicados en su superficie que bien podían actuar de orificios de respiración. Abrieron la maleta, y allí estaba el maltrecho espía semiinconsciente.
Envalentonado por el escándalo internacional que se extendió contra los métodos de los egipcios, Luk volvió a su patria creyendo, vaya usted a saber por qué, que sería recibido como un héroe o un mártir. Los israelíes le juzgaron por traición, y fue inmediatamente encarcelado.

Así acaba la historia del vividor que quiso jugar a ser James Bond. Pero lo más inquietante del asunto es que en declaraciones sobre el caso, fuentes relacionadas con los servicios secretos árabes afirmaron que la famosa “valija diplomática” ya había sido utilizada con anterioridad, por lo menos, en tres ocasiones.

Más inquietante todavía, por cierto, en la foto, la denuncia de Amnistía Internacional contra el tráfico de personas, hoy.

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25 marzo, 2009

Curiosidades de una tesis. La cabeza de Goya

Goya murió en su exilio de Burdeos el 15 de abril de 1828. En 1880 se trasladó su cadáver a Madrid, al cementerio de San Isidro. Cuando ocho años después nuevamente se le quiso cambiar de sitio para darle una sepultura más honorífica, su cadáver apareció descabezado. En algún momento, durante esos vaivenes de exhumaciones y traslados, su cabeza había desaparecido. Con la rapidez de gestación que caracteriza a los bulos y los mitos, enseguida surgió la leyenda: antes de morir el pintor había expresado su deseo de que su cabeza “descansara junto al pie de la Duquesa de Alba”. De esta forma, la desaparición no era más que la consumación de su último deseo en vida, y si hoy abriésemos la tumba de Cayetana, probablemente encontraríamos la cabeza del pintor junto a sus pies.
Brrrr… Se me pone la piel de gallina de pensar en esa cabeza viajando solita por el mundo, en busca del cadáver de la amada.

Pero todo este tema de la decapitación de Goya me hace pensar en ese otro momento en que el pobrecito pintor de Fuendetodos se vio brutalmente descabezado: cuando su obra fue manipulada, reinterpretada, vuelta del revés y, sobre todo, políticamente neutralizada, por el Régimen franquista.
Allá por los rancios cuarentas y cincuentas, los ideólogos culturales del Régimen se encontraban en un atolladero. Franco, necesitado de divisas extranjeras que le sacaran de la crisis económica, quería regenerar su imagen de cara a la comunidad internacional. Una modernización cultural sin precedentes sería la mejor presentación en sociedad. De repente, era necesario insuflar aires nuevos a un panorama artístico que llevaba décadas monopolizado por el academicismo más anquilosado. Goya traería la solución al problema: sólo había que olvidarse de todos los Zurbaranes y Velázquez que habían simbolizado la recuperación de nuestra gloriosa historia imperial, y buscar referentes más modernos. Así pues, Goya empezó a estar en boca de todos los jerifaltes de las instituciones culturales franquistas, que invocaban en cada discurso el nombre del “Padre de la Modernidad” y lo relacionaban automáticamente con Picasso, Tàpies, Saura, o cualquier otro artista moderno. De este modo, unían todo el arte de vanguardia con la tradición más española, y legitimaban cualquier conato de vanguardismo que, por la vía de lo propio y de la tradición, quedaba debidamente neutralizado y listo para ser apropiado por el discurso franquista.

Pobre Goya. El autor de los Desastres de la guerra, desprovisto de todo contenido político; brutalmente descabezado. Y pobrecitos nosotros, que nos tragamos el anzuelo, y aún hoy seguimos empeñados en ver señas de españolismo y de tradición en todos nuestros artistas modernos.

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13 marzo, 2009

Los mejores pintores de la historia

Siempre he pensado que nuestras obras las tienen que juzgar los demás. Cuando en el cole se hacía la típica dinámica de grupo en la que tenías que escribir en un papel cómo te definías como persona, para que los demás adivinasen quién era la persona descrita en cada papel, me atacaba un extremo pudor que no me dejaba encontrar ninguna cualidad, ni buena ni mala, que decir sobre mí. En cuanto a las descripciones que los demás escribían en sus papeles, la verdad es que nunca solían cuadrar con la idea que de ellos tenían sus compañeros, lo cual demuestra que no somos nosotros, sino los demás, los que tienen que juzgarnos.
Algo parecido ocurre con los artistas. Algunos dan valoraciones de su propia obra y se juzgan a sí mismos, por cierto, con mucha manga ancha. Bueno, pues esos juicios, por lo general, se alejan bastante de la fortuna crítica que han tenido posteriormente. Algunos llegan a declararse, sin más rodeos, “los mejores artistas de la historia”, pero esa misma historia no tarda en ponerlos en su sitio. Así, a bote pronto, se me ocurren tres ejemplos:

1. Rousseau, “el aduanero”. Este hombre, autodidacta total que empezó a pintar ya bastante mayor, se consideraba un genio. Sus contemporáneos, que se daban cuenta de que no pintaba con ese estilo naif porque fuera así de moderno sino porque no sabía hacerlo mejor, le encontraban gracia al asunto, y Picasso llegó a invitar a toda la plana mayor de la bohemia parisina a un gran banquete en honor de “Henri Rousseau, el mejor de todos nosotros”. Al parecer, el pobre hombre, que en su locura se creía realmente el mejor pintor de la historia, no pilló el chiste.

2. Luego está el caso de Giorgio de Chirico. Para el inventor de la pintura metafísica, los locos eran quienes no se dieran cuenta de que él, y sólo él, era el mejor. Los demás artistas de vanguardia no eran más que “pseudopintores envidiosos”, y sus obras, “costras modernas”. Y quien le llevara la contraria, no sólo estaba loco, sino que era algo mucho peor: “un intelectual”. Todo ese odio se lo provocaría probablemente el insoportable de Breton, por haber puesto de moda sus cuadros metafísicos de juventud en un momento en que a él, viejo, cansado y aburrido, se le habían acabado las visiones metafísico-surrealistas y ya no le salía pintar así.

3. En cuanto a Dalí, su estrategia fue la de hacerse el loco, para que así todos creyésemos que era un genio. Yo no sé si él realmente se creía el mejor pintor de la historia, y también dudo que estuviera loco de verdad. Pero el hecho es que la cosa le salió bien. Aunque poco le duró, porque al final de su vida todo el mundo se había dado cuenta ya de que ese señor grotesco de los bigotes imposibles era un fantoche y de que, además, no era nadie sin Gala.

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26 febrero, 2009

Curiosidades de una tesis. Heligoland.

Heligoland es una isla del mar báltico que en la actualidad pertenece a Alemania, aunque a lo largo de la historia ha pasado también por las manos de Dinamarca e Inglaterra, y en un futuro no muy lejano dejará de pertenecer a nadie, porque el mar al parecer se la está tragando a marchas forzadas.

Durante la II Guerra Mundial los nazis la utilizaron como base naval, y aquello se convirtió en un cementerio cuando en el 45 los aliados decidieron quitarse ese pequeño grano en el culo a base de bombazos. Desde entonces, la isla pasó a pertenecer al Imperio Británico, que la utilizó como base científica y militar. En abril de 1947, con la excusa de demoler las instalaciones militares nazis y desactivar las bombas que todavía pudieran quedar en activo, los ingleses organizaron una gigantesca explosión que aún hoy se recuerda como el British Bang.
La finalidad de aquel genial zambombazo que entró en el Libro Guinness de los Records como “la mayor explosión no nuclear de la historia”, era al parecer puramente científica: estudiar los efectos sísmicos derivados de la explosión desde las estaciones sismológicas del Norte de Europa. Sin embargo, los habitantes de la isla, que habían sido previamente evacuados, estaban convencidos de que lo que los británicos querían era borrar su isla de la faz de la tierra, y de paso quedarse con los tesoros que, se decía, escondía en sus profundidades. De hecho, algunos estudiosos habían situado en Heligoland nada menos que la legendaria Atlántida de la mitología griega. Para estar seguros de que no les robaban lo que era suyo, unos cuantos pescadores, desoyendo la prohibición de acercarse a la isla hasta que hubiera pasado el peligro, acudieron a las pocas horas del Bang en busca del tesoro.

No se sabe si lo encontraron, ni si murieron descalabrados por algún cascote, pero la leyenda de la isla Heligoland continúa. Y los arqueólogos de todo el mundo siguen buscando la Atlántida. De hecho, periódicamente celebran los “Congresos Internacionales Sobre la Atlántida”, de los que han salido los llamados “24 criterios para la localización de la Atlántida”. Pero estos criterios de búsqueda no hablan de tesoros, sino que dan informaciones mucho más precisas, como “los elefantes estaban presentes en la Atlántida”, “las rocas en la Atlántida eran de varios colores: negro, blanco, y rojo”, o el nada desdeñable dato de que “cada 5º y 6º año, sacrificaban toros”.

Que Indiana Jones nos asista. Ya, ni los mitos son lo que eran.

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23 febrero, 2009

De viajes y suecas en bikini.

Dicen que el viaje en realidad no existe. Que, vayamos adonde vayamos, nos quedamos en casa, porque siempre transportamos una pesada carga en nuestro equipaje: nuestro imaginario. Nuestros recuerdos sobre un sitio o los que otros nos han contado, las fotos de los catálogos y las guías de viaje, la literatura y el cine de tal o cual país… Quizás creamos que vamos a visitar un lugar nuevo, pero en realidad sabemos muy bien lo que nos vamos a encontrar; o al menos será eso lo que veamos. Nos vamos pero nos quedamos, porque con nosotros viaja nuestro imaginario.
Por eso se dice que no hay viajes de ida y vuelta, sino sólo de ida: exportamos con nosotros un imaginario pero nunca nos traemos otro distinto de vuelta. En el fondo, es como si no nos hubiéramos ido.
Esto, aplicado al mito del Spain is different, sol y playa, fiesta y siesta de los setenta, es la novela de Daniel Sueiro, Solo de moto. Editada por un loco de la velocidad que decidió hacer una colección de novelas sobre motos, Gas Editorial, e ilustrada por el dibujante de la movida Víctor Aparicio, Solo de Moto nos cuenta el viaje de un mecánico madrileño que un sábado de agosto al salir del curro decide coger su Ducati y bajar zumbando a Torremolinos. Está harto de la ciudad y va a ponerse las botas con las suecas en bikini, va a correrse la juerga padre y a ser el moreno ardiente que le han dicho que es. Por fin, tras kilómetros y kilómetros de sudar, maldecir y tragar polvo en la N-IV, nuestro macho-man llega a la meta. Pero ya es domingo. Está atardeciendo, y tiene que volverse pitando a Madrid para fichar en el curro, puntual, el lunes. Así que maldice de nuevo, y se promete que la próxima vez.
Se va sin haber visto ni una sueca. Pero no duda que están ahí.
Los viajes, como decía, son sólo de ida, y en realidad es como si nos hubiéramos quedado en casa.

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18 diciembre, 2008

Il Divo.

En la facultad me inculcaron un prejuicio que no he podido quitarme de encima: que los planos secuencia molan. Sé que es mentira, que el virtuosismo no debería confundirse con la calidad, pero aun así pico y dejo que se me caiga la baba cuando directores como Paolo Sorrentino planifican secuencias complicadísimas en cintas como Il Divo. Montar una cámara en una grúa y conseguir que se mueva como una bailarina por un decorado lleno de actores cuyos diálogos, miradas y movimientos forman parte de una coreografía sutilísima es, cuanto menos, admirable. Y lo mismo pasa cuando consigues que dos actores suelten sendos monólogos, uno detrás del otro, sin que nadie grite corten. Aunque sólo sea por la de veces que tienen que haberlo ensayado. En este sentido, Il Divo ha satisfecho de sobra mi cinefilia tontorrona, esa parte de mí que disfruta quedándose con la boca abierta delante de la pantalla. Para saber cómo ha complacido al intelectual sensible y refinado que también llevo dentro, entonces hay que ir a Sindrogámico.

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16 diciembre, 2008

Arte en Murcia (y II). La Dama de Murcia.

Manolo Valdés es un escultor que gusta a todo el mundo. Sus cabezas monumentales dan vueltas por las ciudades más turísticas y complacen a públicos poco exigentes, propensos al paseo dominical y a la foto compulsiva. Por eso sorprende que la única escultura suya que hay en Murcia sea casi unánimemente despreciada. Si buscas "La Dama de Murcia" en Google sólo te salen cosas feas. Y, ciertamente, la pobre señora es poco agraciada. Para empezar tiene un nombre pretencioso, "La Dama de Murcia", porque fuerza el paralelismo con otra dama, la de Elche, mucho más tocada por el prestigio popular. La pieza original de Manolo Valdés se llama Lydia, pero alguien debió de pensar que era indigno para los murcianos que en pleno centro hubiese una escultura de nombre tan corriente; una pieza que, encima, tiene copias por ahí. Y le pusieron el rimbombante título de Dama de Murcia. Desde el punto de vista estético, la cabeza es también una de las menos llamativas que ha hecho Valdés, no tiene sombrero ni aparatosos remates. Hasta aquí, pasable. Pero lo más obsceno de esta escultura es que está situada sobre una placa que pone: "A la ciudad de Murcia. Regalo de Polaris World". Como idealista que soy, no me gusta que el arte sea moneda de cambio para comprar ciudades.

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11 diciembre, 2008

Arte en Murcia (I). El Espejo Islámico de Anish Kapoor.

Anish Kapoor es uno de los mejores escultores del mundo. Suya es la lenteja brillante del Millenium Park de Chicago. Suyo será el memorial que los británicos levanten en Nueva York para recordar a sus muertos del 11-S. Y suyo es el Islamic Mirror que se puede ver en Murcia este invierno: un espejo redondo, hecho de espejos pequeñitos, donde lo mismo te ves grande que te ves chiquitín. Cuando yo fui a verlo al Convento de Santa Clara, me acordé de una película de ciencia ficción de los años 50, El increíble hombre menguante, cuyo monólogo final está entre mis favoritos de todos los tiempos. Podría intentar explicar en qué consiste Islamic Mirror, pero como estoy un poco vago prefiero copiar el monólogo de El increíble hombre menguante. Las últimas palabras de un hombre condenado a ser microscópico explican la escultura murciana de Anish Kapoor mejor que las de cualquier crítico erudito. Para comprobarlo, sólo hay que pinchar en "leer más".

"Seguía menguando, y me iba a convertir... ¿en qué? ¿Lo infinitesimal? ¿Qué era yo? ¿Todavía un ser humano? ¿O era el hombre del futuro? Si hubiese otro escape de radiación, otras nubes cruzando océanos y continentes, ¿habría otros seres que me siguiesen a este nuevo y vasto nuevo mundo? Tan cerca: lo infinitesimal y lo infinito. De pronto supe que en realidad eran los dos extremos del mismo concepto. Lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande acaban encontrándose, como si se cerrase un círculo gigantesco. Miré hacia arriba, como si de alguna manera pudiese agarrarme al cielo. El universo, mundos innumerables, el tapiz plateado de Dios extendido sobre la noche. Y en ese momento, supe la respuesta al acertijo de lo infinito. Había pensado sólo en términos de la dimensión finita del propio hombre. Había subestimado a la naturaleza, creyendo que la existencia empieza y termina en una concepción humana, no universal. Y sentí cómo mi cuerpo encogía, se derretía, se convertía en nada. Mis miedos desaparecieron. Y en lugar de ello, sentí aceptación. Toda esta vasta majestad de la creación tenía que significar algo. Y yo también significaba algo. Sí, más pequeño que lo más pequeño, yo también significaba algo. Para Dios no hay cero. ¡Yo también existo!"
Artículos relacionados: toda la serie de La parte y el todo: I, II y III.

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09 diciembre, 2008

La autobiografía de Alice B. Toklas


I am a pretty good housekeeper and a pretty good gardener and a pretty good needlewoman and a pretty good secretary and a pretty good editor and a pretty good vet for dogs and Ihave to do them all at once and I found it difficult to add bein a pretty good author.
About six weeks ago Gertrude Stein said, it does not look to me as if you were going to write that autobiography. You know what I am going to do. I am going to write it for you. I am going to write it as simply as Defoe did the autobiography of Robinson Crusoe. And she has and this is it.


Así termina La autobiografía de Alice B. Toklas, de Gertrude Stein. Y no podía terminar de otra forma que con un más difícil todavía, este juego constante de autoría que propone la supuesta autobiografía de la compañera de la famosa escritora norteamericana y amiga de artistas y amante del arte Gertrude Stein, que realmente está escrita por ella misma y no por la supuestamente autiobiografiada y que sabes qué encima sólo habla de sí misma. Entonces es la autobiografía de Alice B. Toklas que en realidad no es otra cosa que la autobiografía de Gertrude Stein que en realidad lo que quiere es hablar de todos los artistas que conoció entre ellos Picasso y Matisse pero muchos más pero en realidad trata de hacer un repaso a su propia bibliografía y hablarnos de sus obsesiones como escritora por ejemplo las frases, y digo las frases no las palabras porque las frases son entes completos y vivos no las palabras. Y todo escrito así con un intento de crear un nuevo canon literario que en realidad consiste en repudiar todo canon; una deconstrucción de la literatura para luego reconstruirla diferente cada vez algo así como hace su propio amigo Picasso con el cubismo pero igual con las frases. Atreveos.

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30 noviembre, 2008

USA. Camarero de la Ruta 66. (16)

La Ruta 66 era "la carretera de la playa" de América, la ruta de los domingueros. Igual que nosotros cogemos el coche y nos hacemos cuatrocientos kilómetros para meter la puntita del pie en el mar, los americanos se lo cogían para hacerse diez veces más. Cuatro mil kilómetros, desde Chicago hasta Los Ángeles. Por el camino paraban a comer hamburguesas, hacían noche en moteles y, sobre todo, escuchaban música por la radio. Quizás por eso, por lo de la música, la carretera no tiene el componente hortera que cabría imaginar, no huele a crema de playa ni a tortilla de patatas. La cultura popular del rock & roll la ha preservado del mal gusto y ha hecho de ella todo un monumento a lo cool. Hoy en día la Ruta 66 ya no existe como tal, es sólo un puñado de atajos entre autopistas, pero todavía puedes darte el gustazo de conducirla. Y en la carretera te encuentras con personajes como este camarero de Nuevo México, que parece sacado de una canción de Buddy Holly.

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29 noviembre, 2008

USA. Badlands. (8)

Este señor es un marciano. Y yo, cuando hice la foto, era otro. Un vaquero y un español se encuentran en mitad del desierto, ja, ja, casi parece un chiste. El desierto en cuestión también podría ser Marte, pero todo el mundo lo conoce como Badlands, Malas Tierras. Menudo nombre. Las Malas Tierras son un puñado de montañas gastadas y abiertas en canal, extraterrestres, por las que desciende una carretera circular que no va a ninguna parte. Entras y sales por el mismo sitio, no hay dónde parar. Si te saltas el sentido común y paras el coche, te puedes encontrar con un vaquero de verdad. O con un español de verdad. Encuentro de marcianos, como en el chiste, ja, ja. Antes de despedirnos, el vaquero me miró como si nunca fuese a ver a otro como yo me dijo la mejor frase que escuché en Estados Unidos: "Tell them folks in Spain I said hello!"

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28 noviembre, 2008

USA. Bosque quemado. (18)

Ansel Adams es un fotógrafo que hacía paisajes en blanco y negro. Yo me enteré de que existía al ver una foto suya en la habitación de un albergue de Colorado, y me quedé completamente loco. Hasta ese momento, siempre había pensado que era una pérdida de tiempo fotografiar la naturaleza si luego le ibas a quitar el color; que no merecía la pena esforzarse. Y por eso (casi) nunca hago fotos de paisajes, porque no me interesa el color. Pero de pronto ahí estaba este señor, con imágenes espectaculares de Yosemite donde el juego de contrastes y de grises era tan exquisito que el lugar conservaba toda su fuerza a pesar del blanco y negro. Durante un segundo me planteé cambiar de principios estéticos y empezar a hacer fotos de montañas y bosques, como ésta de Mesa Verde. Por suerte, sólo fue un segundo. Después de ese instante de crisis decidí que era mucho mejor idea comprarme un libro de Ansel Adams y seguir haciendo las mismas fotos de siempre. Las rarezas como ésta quedarían sólo a modo de anécdota. Y para hacer un justo homenaje a Adams, pondría un link aquí, en mitte.

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27 noviembre, 2008

USA. Surfista. (27)

La verdadera agonía del turista moderno tiene que ver con la imposibilidad de aprehender su viaje. El que viaja atesora lugares y sensaciones, se los quiere llevar todos en el equipaje. Antes era fácil porque los pasaportes se llenaban de sellos y las maletas se cubrían de pegatinas. Pero ahora... ay, ahora. Cuando yo viajo tengo dos o tres trucos para ir acumulando recuerdos. El primero y más importante es la fotografía. Gracias a mi cámara consigo llevarme a casa historias como la de estos surfistas locos a los que conocimos en una playa de California. Eran cuatro o cinco, todos barbudos y sucios, y se pasaron la tarde mirando a un chavalín de trece o catorce años que estaba aprendiendo a manejar su tabla. Además de hacerles una foto, también intenté dibujarles en un cuaderno que siempre llevamos con nosotros. Ése es el segundo truco para recordar: esbozar, escribir, pegar folletos, facturas, hojas de árbol, en un cuaderno de bitácora. Mi amigo n., por ejemplo, lo hace estupendamente. Él también conoció a estos surfistas. Pero en lugar de tirarles una foto como la mía, se los llevó a casa dentro de un dibujo fantástico que se curró en cinco minutos. Para verlo sólo hay que pinchar en "leer más". Me siento enormemente afortunado por poder colgarlo aquí, en esta serie sobre Estados Unidos.

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26 noviembre, 2008

USA. Union Square. (3)

Me gustan las fotos donde sólo aparecen dos personajes. Las fotos de parejas. Cuando más me interesan es cuando los dos personajes son iguales o se parecen mucho, porque eso acentúa el componente de estereotipo de los dos. Pero también me atraen los contrastes, ojo. En esta escena neoyorquina, por ejemplo, lo que mola es que el moderniqui de la izquierda no tiene absolutamente nada que ver con el porteador sudoroso de la derecha. Esa distancia provoca un tensión, un diálogo, una sonrisa; se convierte en el verdadero atractivo de la imagen. La fotografía está hecha en Union Square, la plaza donde Warhol tenía su Factory. Ahora es un sitio variopinto al que la gente viene para jugar al ajedrez o comprar bacon en el mercado de productos ecológicos que montan los lunes, los miércoles, los viernes y los sábados. El moderniqui, supongo, habría venido a comprar una delicatessen. Y el porteador habría venido a traerla.
Más fotos de parejas:

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25 noviembre, 2008

USA. Ranger. (20)

Una vez vi cómo una niña se acercaba a un Ranger y le preguntaba: "señor Ranger, ¿a qué se dedica usted?". El Ranger miró sorprendido hacia abajo, sonrió a la pequeña y le dijo: "la respuesta, querida, la tienes delante. Búscala tú misma". La niña le observó cautelosa y luego le dijo que su gran cinturón y la chapa sobre la camisa le recordaban a los policías de su barrio. "Muy bien, niña, has acertado: yo soy la Ley. Soy la Ley aquí, en los bosques y las montañas, donde viven los osos y donde se esconde el espíritu de los indios". A continuación, el Ranger saludó con un levísimo gesto, rozando apenas el ala de su sombrero, y se marchó dejando una estela de autoridad. La montaña entera se estremeció de respeto. Yo me arrodillé y me eché a llorar.

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24 noviembre, 2008

USA. Morro Bay. (26)

Has conducido 8000 kilómetros hacia California. Siempre en dirección oeste, en dirección al sol. Has atravesado el país. Has dormido en el bosque, en habitaciones compartidas, en los asientos traseros del coche, en hoteles mugrientos, en colchonetas desinfladas. Llevas semanas escuchando canciones de los Beach Boys en la radio: California Girls, California Dreamin', California loquesea. Y cuando por fin lo consigues, cuando llegas al final del camino y te asomas al Océano Pacífico, te quedas mudo. Está nublado. Está tan nublado que las nubes casi tapan la montaña. Hace un frío de cojones. Los únicos Beach Boys que te cruzas son figuras fantasmales con el corazón congelado. Aun así, te armas de valor y te quitas la ropa para darte un baño. Uf, uf, uf. Te metes en el agua y ves algo. ¿Qué es? Miras un poco mejor. Es una foca. Una foca a tres metros de ti. En pleno agosto. Todo ese frío hace en California.

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23 noviembre, 2008

USA. Vagabundos. (9)

A los americanos les encanta leer carteles. Si pueden usar más de dos palabras para escribir un mensaje, utilizan veinte. Cualquier idea es buena si se puede usar verbo, sujeto y predicado para transmitirla. Hay hombres protesta, hay hamburgueserías patriotas, hay vagabundos caraduras como éstos, y todos se pirran por que te pares un segundo a leer lo que tienen que contarte. Durante el viaje tuvimos largas discusiones sobre el asunto. ¿Por qué un idioma tan esencial como para sustentar la inmediatez de la cultura pop se deleita es estos excesos retóricos? A mí sólo se me ocurrió una explicación: en el fondo son protestantes, y los protestantes siempre defendieron la lectura de la Biblia frente a la inmediatez de las imágenes.
Es retorcido, pero también es lógico.

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22 noviembre, 2008

USA. Little Italy. (2)

- Buenas tardes, señor. Me gustaría hacerle una foto. Y si es de perfil, mucho mejor, para que se vea su tupé.
- Ja, ja, ja. ¿Y eso? ¿Por qué quieres hacerme una foto a mí?
- Porque creo que tiene usted una imagen muy italiana. Estamos en Little Italy, ¿no? Si no fuese por gente como usted, esto sería un coñazo. Aquí sólo hay turistas y pizzerías, se han cargado el encanto del barrio.
- Ja, ja, ja. ¿Una foto, dices? Ja, ja, ja. Venga, hazla.
- (Click. Click. Click).
- ¿Ya? ¿He salido guapo? Ja, ja.
- Sí. Es estupenda. Pero ahora me gustaría que se pusiese usted de perfil.
- ¿De perfil? Ja, ja. ¿Por qué?
- Porque tiene usted un perfil muy interesante. Me gusta su tupé.
- Ja, ja, ja. ¿Qué le pasa a mi perfil? ¿Crees que tengo un perfil de gangster? Ja, ja. ¡Tengo un perfil de gangster!
- Je, je, je. Sí, de gangster. Y un tupé que me vuelve loco.
- ¿Cómo quieres que me ponga? ¿Así?
- Perfecto. (Click. Click). Me encanta cómo sujeta usted el vaso de whisky. Es todavía mejor que el tupé.
- Ja, ja.
- (Click. Click).
- ¿Ya?
- Ya está. Muchas gracias, ha sido un placer. Al final creo que me quedaré con la que sale usted de frente, que parece más espontánea
- ¡Ja, ja, ja! ¡Soy un gángster!

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21 noviembre, 2008

USA. Monument Valley. (23)

Mi cámara es mi posesión más preciada, la máquina que más quiero. Siempre la llevo guardadita en la mochila, dentro de su funda acolchada y perfectamente limpia. Pero hay veces en que tengo que escoger entre ese amor enfermizo y una buena foto. Y puede ser que escoja la foto. Me pasó, por ejemplo, nada más llegar a Monument Valley. Fue bajar del coche y empezar una tormenta de arena naranja, con millones de pedacitos de montaña volando en línea recta hacia mi cámara. En un minuto, la óptica se me llenó de pequeños granitos que chasqueaban y hacían ric-ric cuando giraba el aro del foco. Los típicos granitos que te rayan un cristal. Pero la escena de los demás turistas intentando protegerse era demasiado tentadora para mi, no podía dejarla escapar. Me coloqué una cazadora y un pañuelo encima, me puse las gafas de sol y disparé la cámara varias veces, a toda velocidad, casi a ciegas. Sólo una chica se dio cuenta de que yo estaba allí: la que sale riéndose de la pinta que tenía.
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20 noviembre, 2008

USA. Motero. (7)

Si tienes una Harley Davidson y no has oído hablar nunca de Sturgis, a lo mejor deberías cambiarla por una Vespa. Sturgis es un pequeño pueblo de Dakota del Sur al que peregrinan moteros desde hace 68 años. En cuanto empieza agosto, sobre el horizonte épico de las Grandes Llanuras se recortan inconfundibles sus siluetas. Están allí, contra el crepúsculo, y están también en el retrovisor del coche, uno tras otro, casi siempre solos y con un saco de dormir mugriento que llevan atado a la espalda. Llegan al camping los últimos, se van los primeros. Algunos ni siquiera se duchan, sólo millas y millas de peregrinación diarias. Born to be wild. A mí, ya se habrá notado, estos llaneros solitarios me parecieron una actualización del mito del cowboy después de pasar por el filtro cultural del Rock & roll. Esa manera de vivir la enormidad del paisaje americano, ese deambular errático (y heroico), son los mismos que hemos visto en las pelis del oeste. Me habría gustado hacer una foto desde el coche, pero es difícil hacerlo cuando estás al volante. En lugar de eso tengo que conformarme con ésta, que además lleva paquete. Lo bueno, como suele pasar, es la historia. Para saber un poco más sobre Sturgis se puede pinchar aquí. Cuando yo escribí estas líneas, faltaban exactamente 257 días, 2 horas, 33 minutos y 3 segundos para la peregrinación de 2009.

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19 noviembre, 2008

USA. Señora en el supermercado. (21)

Cuando viajo, hago fotos de ancianos porque creo que dicen mucho de cómo es una sociedad. Una viejecita española, digamos de setenta años, pasó su adolescencia rezando novenas al amparo húmedo de cualquier iglesia del franquismo. Una viejecita de Estados Unidos la pasó bailando Rock & roll y cardándose el pelo para ir al instituto. Hay un abismo, pero cuesta hacerse a la idea. Aquí asociamos la vejez con los villorrios centenarios y el luto atávico; allí todos los pueblos tienen un enorme centro comercial donde venden tarjetas de memoria para cámaras de fotos. Los ancianos de Nuevo México no llevan bastón ni zapatillas de fieltro, llevan muletas de aluminio y deportivas. Y si son muy, muy viejos, entonces arrastran una sofisticada bombona de oxígeno. Su entorno cotidiano y sus referencias culturales no están tan lejos, en el fondo, de las de un adolescente. O por lo menos están más cerca que en España. Esta señora simpatiquísima me sedujo por su cardado años cincuenta y su sonrisa estirada. Tuve que parar el coche en mitad del aparcamiento y pedirle por favor que me dejase hacerle una foto para mi colección. Y ella, encantada de seguir siendo tan joven, posó así de estupenda.
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18 noviembre, 2008

USA. Fuente en Nueva York. (1)

Las imágenes tópicas de postal, ésas que retratan una ciudad en base a lo que todo el mundo espera de ella, me provocan sentimientos encontrados. A veces las amo, a veces las odio. Si un policía de Nueva York hubiese revisado mi cámara para ver qué fotos tenía, jamás habría encontrado vistas de Central Park ni perfiles de rascacielos como los que se ven desde la azotea del Empire State. Pero sí que habría encontrado escenas tan típicamente neoyorquinas como ésta. Niños negros que juegan con una fuente. ¿Cuántas veces se habrá visto en películas, videoclips, postales, o libros de fotografía americana? Millones. Y, sin embargo, me seduce tanto como me aburren las pulcras imágenes "de mirador". Como ya he explicado en otras ocasiones, yo creo que la clave está en las personas: me gustan los tipos humanos archiconocidos, no me gustan los paisajes trillados. En este caso concreto, la foto también me emociona porque, si uno se fija, puede ver cómo se había empapado la cámara. ¡Eso es estar cerca de la imagen!

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17 noviembre, 2008

USA. Hippie. (30)

San Francisco está lleno de locos. Es lo primero que percibes cuando llegas. Locos que hablan con las farolas, locos en la puerta del todo a cien, locos que se pelean con fantasmas, que gritan, que escupen, que te piden dinero o comida, que viven en cuatro baldosas desde hace veinte años. Casi todos son vagabundos, pero su locura llama más la atención que su pobreza. El fenómeno está tan generalizado que aparece incluso en las guías. Pero nadie se explica muy bien de dónde ha salido esa ida de olla. Algunos hablan del pescado contaminado de la bahía, donde hay carteles que avisan de que sólo se puede comer uno por semana. Otros dicen que fue culpa de Reagan. A nosotros se nos ocurrió que probablemente se debiese a los excesos de los sesenta, a esa hincheta colectiva de LSD, carteles fosforescentes y folleteo a indiscreción. Los cerebros que se frieron en las fiestas de Haigh Asbury todavía están cayendo, delirantes, por las cuestas de San Francisco. La foto me gusta porque asocia inmediatamente estos dos conceptos: hippismo y locura. Y porque me pirran las caras con tanta personalidad.
Hay más fotos de San Francisco y de Estados Unidos en mi fotolog. Cada día subo alguna nueva.

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16 noviembre, 2008

USA. Chavales indios. (14)

En su película Gomorra, el director italiano Matteo Garrone filma una adolescencia perturbadora. Criajos napolitanos que se mueven en slip por el filo de la navaja y que bailan música hortera justo antes de palmar, pero que, pese a todo, desprenden la arrogancia envidiable de una juventud bella. Estos chavales indios de Nuevo México son algo similar, aunque inofensivo. Jóvenes, tatuados, marginales y probablemente marcados para la desgracia, cuando hablabas con ellos percibías nobleza. Y quizás, por qué no, también cierta inocencia. Pertenecían a la raza de los Pueblo, vivían en casas de adobe, colgaban cabezas de animales para deleite de turistas como yo y se ponían nombres como "La que mira las nubes". Por lo demás, eran como cualquier chaval que pudieras encontrarte en cualquier lugar del mundo. Esta foto me gusta porque creo que capta esa sencillez de la que hablo. Y también por la composición, con esa puerta que divide la imagen en dos.
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15 noviembre, 2008

USA. Gemini Giant. (5)

Esta serie sobre Estados Unidos no pretende ser una colección de mis mejores fotos. Para eso ya está el fotolog. Yo la describiría más bien como un ejercicio de sentimentalismo post-vacacional, una forma de recuperar todas esas sensaciones que pasaron fugacísimas por el retrovisor mientras íbamos con el coche a toda velocidad. Por eso cuelgo imágenes como ésta, que apenas tienen valor fotográfico. El señor del cohete es una de las esculturas míticas de la antigua Ruta 66, sale en las guías y todavía atrae a nostálgicos de todo el mundo. Nosotros tuvimos que perdernos varias veces en los alrededores de Chicago para dar con él, pero mereció la pena. Además de icono popular, Gemini Giant todavía sigue funcionando como reclamo de una vieja hamburguesería donde entras, te pides un perrito caliente y pasas un rato estupendo leyendo recortes de periódico. Nuestro recorte favorito tenía que ver con el nombre de la escultura. Al parecer hicieron un concurso en el colegio del pueblo y ganó una niña que estaba bastante flipada con los viajes al espacio. La historia nos gustó tanto que decidimos quedárnosla y bautizar también a nuestro coche americano como Gemini Giant. Acabábamos de alquilarlo y teníamos por delante un viaje de 8000 kilómetros. En cierto modo, también era como un viaje a la luna.

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14 noviembre, 2008

USA. Reflejos en San Francisco. (28)

A veces ocurre que tienes muy claro la fotografía que quieres hacer, pero no te sale. No hay ángulo, no se quita ese idiota que te estorba, no te da tiempo, no sale el sol, no está el horno para bollos. Si tienes paciencia, fe o suerte, es posible que al final se te aparezca Dios y puedas marcharte con premio gordo. Pero es raro: la mayor parte de las veces te conformas con lo que hay y rezas por que sea suficiente. Es lo que sucedió con esta foto de San Francisco. Yo hubiera preferido que se viesen mejor el reflejo del puente y la figura del señor que está tomando sopa, la verdad. Pero, aun así, creo que la imagen que me llevé no está del todo mal, que tiene un punto ambiguo y sugerente. Y aparece una vieja conocida de mitte, cuya sola presencia siempre es motivo de regocijo. (Para averiguar de quién se trata hay una pista aquí).
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13 noviembre, 2008

USA. Mineros (12)

Por mucho que me esfuerce en negarlo, en el fondo soy un pedante y me pirro por las referencias culturetas. Podría decir que esta foto me gusta porque los tres mineros borrachos son una reliquia del Gold Rush; podría hablar de los pies descalzos que el perro olisquea. Pero no. Mi educado lado oscuro me obliga a confesar que esta foto es genial porque se parece mucho a un cuadro de Picasso donde también aparecen tres juerguistas con barba. El cuadro se llama Tres músicos y fue pintado a principios de los años 20. Creo que los payasos de Picasso y los mineros de esta foto bailan al mismo son, el de la mandolina y la flauta cubista. La imagen está tomada en un pueblo perdido de las montañas de Colorado. Se llamaba Idaho Springs. El cuadro está escondido, para verlo sólo hay que pinchar en "leer más".
Artículos relacionados: toda la serie de Payasos.

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12 noviembre, 2008

USA. Chavales en Chicago. (4)

Soy un maniático del blanco y negro, eso lo sabe todo el mundo. Para respetar el color de una imagen necesito consultarlo con la almohada y despertarme con un argumento de peso. No hace falta que sea irrefutable, simplemente es preciso que tenga cierta contundencia. Esta foto de Chicago, por ejemplo, superó la prueba por una cuestión de moda. En Estados Unidos caí absolutamente rendido ante las fosforescencias afroamericanas; los rosas, amarillos, verdes y blancos ochentones que se ponen los negros. ¿Cómo iba a cargármelos de un plumazo con Photoshop? Por si acaso alguien piensa que soy una víctima de las tendencias, ahí va otro argumento que no tiene nada que ver con el color, pero sí con la imagen. Si miras de cerca puedes ver los rascacielos de Chicago reflejados en el cristal de las gafas. Como diría mi amigo Clark Kent... ¡es total!
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