14 septiembre, 2007

El guardián entre el centeno III: Wanted

Lo que más se le reprochó a Salinger en EEUU fue el crudo retrato que hace del mundo de los adolescentes, sin obviar cuestiones como el sexo, las drogas o la violencia. No obstante, y aunque es fácil escandalizar a la pacata Norteamérica, no creo que fuera el mero hecho de que su protagonista se corra juergas o ande con prostitutas lo que les impulsó a censurar el libro. Lo que más debió de impresionar, lo que debió de asustar a los censores, es la amoralidad que en este libro se respira en todo momento. Holden -si bien posee una alta noción del bien y del mal, pues le admiran cualidades como la honestidad o el valor- nos habla continuamente de actos y comportamientos que nuestras convenciones sociales considerarían automáticamente vergonzosos. Pero lo peor no es eso, sino que él lo hace sin el más leve atisbo de condena moral. Además, al ser él protagonista y a la vez narrador de la historia, su falta de moral no sólo está presente en los actos que se nos narran, sino que impregna el propio discurso de la novela. Esto hizo que Salinger fuera acusado de complicidad con todos esos delitos de su personaje, pues en ningún momento los condenaba explícitamente.

La exposición de fotografía de Larry Clark que vimos en el Helmut Newton Museum de Berlín (Wanted) me sugirió concomitancias inmediatas con El guardián entre el centeno y Salinger.
El tristemente célebre director de Kids fue también objeto de polémica: en su película no había más que chavales cosiéndose a balazos, compartiendo jeringuillas y teniendo sexo prematuro. Pero, de nuevo, no creo que fuera eso lo que más escandalizó, ya que tales temas, en el fondo, no son tan ajenos a la épica de Hollywood. Lo verdaderamente grave es que lo que Clark filmó y fotografió era real. Se trataba de una peli y todo estaba guionizado, vale, pero los actores que escogía eran niños de la calle cuyas vidas reales se parecían mucho a las que aparecen en la patalla. Que Clark fuera testigo de aquello sin detenerles se consideró delito de complicidad. De hecho, en la película se detecta una ausencia total de juicios morales; a él le interesaban esas imágenes por su fuerza estética y nada más, y jamás se planteó si aquello estaba bien o mal.

Ahí está el pecado de Clark, como el de Salinger: en ser cómplice. En mostrar empatía, en cierto modo. Y yo me pregunto: ¿no es mucho más hipócrita nutrirse de esos temas tan morbosos y escandalosos pero amparándose en un escudo de condena moral?
Es como, y perdonad la analogía pillada por los pelos, cuando en Sé lo que hicisteis critican la supuesta inmoralidad de los programas de corazón, sin los cuales, por otra parte, ellos no tendrían trabajo.

3 comentarios:

Á. Matía dijo...

Pues sí, es más hipócrita

Olé

Un saludo

Rfa. dijo...

La moral en el arte es un asunto tan resbaladizo que casi ni me atrevo a opinar. A mí me parece muy bien que Larry Clark grabe a chavales drogándose porque considero que es necesario saber que esa realidad existe, pero me escandaliza pensar en un padre que comparte jeringuillas, alcohol o chicas con su propio hijo. La exposición de Wanted me encantó por su crudeza, pero en todo momento me esforcé por mantener mi visión fuera del juicio moral. Recuerdo que, en uno de los carteles explicativos, Larry Clark contaba cómo él y sus amigos adolescentes se habían turnado para follarse, uno detrás de otro, a una misma chica. Empezando por el mismísimo hermano de la muchacha, que por eso de ser hermano tenía derecho a inaugurar la fiesta. Larry Clark pensaba que ese tipo de juergas eran lo más normal del mundo, y por eso no tenía reparos en buscar a otros adolescentes para que hicieran lo mismo delante de su cámara. Las imágenes son impactantes, pero si fuese mi hija la que estaba siendo compartida y mi hijo el que estuviese primero en la cola, a mí se me caerían los pelos de la cabeza.
Respecto a Sé lo que hicísteis, estoy contigo: se nutren de aquello que critican. Pero lo hacen tan bien que ni te paras a pensarlo. Y, en general, el tono que sobresale es el de la crítica.

Sergio dijo...

Criticar a un programa de televisión porque vive de lo que critica es curioso. Se podría aplicar a los políticos, a las ONGs o a la mismísima Madre Teresa.