08 mayo, 2007

¿Arte sin barreras?

Cuando los métodos de reproducción técnica (fotografía, cine) invadieron el mundo del arte, provocaron graves conflicto en el panorama artístico. Por ejemplo, se vino abajo el concepto tradicional de original. La obra original, que antes tenía un aura de sacralidad, ya no tiene más valor que la copia, pues la fotografía es pura reproducción de un negativo, que además se puede copiar hasta el infinito teniendo idéntico valor todas las copias. Entonces, surge el problema: ¿qué coleccionista va a querer comprar foto, teniendo en cuenta que lo que les motiva, por encima de las preferencias estéticas, suele ser el valor económico de la obra?
Para adecuar los nuevos medios al mercado del arte, se convinieron estrategias como la de garantizar la limitación de las tiradas mediante la inutilización de los negativos, de forma que los coleccionistas pudieran ponderar el valor de sus adquisiciones, según tuvieran más o menos hermanas gemelas por el mundo. Este sistema, todos estaréis de acuerdo, en el fondo no es más que una prolongación del antiguo concepto de original, porque se da por hecho que cuanto más exclusiva y única sea una obra más valor tiene.
El arte, por tanto, conservó su aura sagrada.

Actualmente se presenta otra dura prueba para nuestra concepción del objeto artístico. Para saber cuál es, seguid leyendo.

Con la radical democratización que suponen las nuevas técnicas digitales, al alcance de casi cualquier bolsillo, y sobre todo con la gigantesca plataforma de comunicación libre que es Internet, se hace cada vez más difícil poner barreras al arte. La piratería no afecta sólo a la industria discográfica y cinematográfica, sino que uno puede, al igual que “bajarse” los discos y pelis que más le gusten, obtener reproducciones de alta calidad de sus fotógrafos o videoartistas preferidos, sin pagar un duro.
La era del coleccionismo, por tanto, parece estar llegando a su fin. Pero si los artistas no perciben dinero por la venta de su obra, ¿cómo sobrevivirán? No creo que una defensa obtusa de los derechos de autor, como hace la SGAE, sea la solución, porque ésta parte de conceptos tan anacrónicos como los que intentaban defender aquellos que temían (y todavía temen) por la desaparición de la idea de original con la fotografía.
Se me ha ocurrido una posible salida del atolladero, que creo iría más acorde con los tiempos: si los artistas publicasen toda su obra de forma libre en Internet, su público aumentaría considerablemente, de forma que automáticamente serían considerados por las empresas como posibles y atractivos portadores de su publicidad. Con los ingresos provenientes de esa publicidad, los aristas se autofinanciarían; algo así como el principio de funcionamiento de la mayoría de los portales de Internet. ¿No conseguiría así el arte abolir todas las barreras?

Si pensáis, como supongo, que esa participación de los artistas en el sistema económico capitalista que propongo es descabellada, os animo a que sugiráis otros medios. ¡Quizá demos con la solución!

6 comentarios:

Sergio dijo...

Quizá me equivoque, pero creo que los llamados creadores ya viven más de las subvenciones públicas y privadas (otra forma de publicidad) que del mercado.

Alis dijo...

Efectivamente, pero esas subvenciones "desinteresadas" del Estado y de las fundaciones privadas suelen dirigirse a los artistas que ya tienen nombre, por así decirlo. Pienso que en este sentido internet puede ser una vía alternativa por la que todos los demás creadores, que por los cauces oficiales lo tienen más difícil, adquieran un público, y por consiguiente terminen recibiendo también esas subvenciones.

Magapola dijo...

No quiero consumir cultura sólo en Internet y no quiero que la cultura se subyugue a la publicidad.

Es evidente que en "vivo", como en los conciertos, la publicidad está ya muy presente con la excusa de la promoción, pero ya me parece y todo excesivo y "abusivo", ¡imagínate Internet!.

Pero imagínate algo aberrante: estar leyendo un libro con publicidad dentro... ¡un horror! Todo tiene sus límites, ¿no te parece?

Fíjate, la obra más colgable de todas, un cuadro, es la única que no se puede "colgar" en Internet... ¿Y las esculturas cómo las apreciamos? Dónde quedan los volúmenes, las texturas...

Hay cierta obsesión por "consumir" cuanta más cultura mejor y eso es un error, Internet nos da ansia, pero nos deja a medias... Al menos a mí.

Rfa. dijo...

Yo apenas padezco el fetichismo del arte. Suelen divertirme mucho más las reproducciones que las obras originales. Recuerdo, por ejemplo, que cuando visité la Capilla Sixtina me pasé todo el tiempo mirando el libro de fotografías que me había comprado, en lugar de los frescos originales. Era demasiado incómodo andar por ahí con el cuello doblado.
Las reproducciones de arte lo hacen más abarcable y más fácil de contextualizar. Coges un libro, visitas una página web, y puedes tener de un sólo vistazo un montón de obras relacionadas. Sé que suena un poco idiota, pero algunas de las experiencias museísticas que más he disfrutado han sido on line. Durante una época estuve enganchado a la página de la Tate, por ejemplo, y nunca pensé que un cuadro no pudiese disfrutarse por la red.
No sé si la salvación para el arte vendrá a través de internet o de las subvenciones. Pero está claro que internet hace más accesible las obras, y eso es un enorme favor a los artistas.

Alis dijo...

Cuando hablo de arte en la red me refiero, por supuesto, a aquellas obras que usan técnicas digitales (que actualmente no son pocas), y no, por supuesto a cuadros o esculturas.
Por mucho que me guste desmitificar, yo no llego a ese extremo de disfrutar más viendo las reproducciones que la obra física, pues efectivamente hay un abismo entre ambas.

Pero hay otros medios (video, foto, o incluso la performance, que para alcanzar la posteridad debe usar uno de los dos anteriores) en los que, por no existir esa diferencia entre original y reproducción, directamente no existe un original. Ese es el arte que está a merced de la piratería, y que debería hacer de internet, su aparente enemigo, su mejor aliada.

zaguero dijo...

Es un hecho consagrado ya hoy dia el que hace de internet el gigante al que todo el que pueda se tiene que pegar, porque aquel que se pega a el, pero a puñetazos, sale escaldao. El arte no va a ser una excepcion, ha de nutrirse de la red(nutrientes = comida) y creo que se pueden lograr muy buenas herramientas en la red para que todo aquel profesional que se lo merezca pueda verse gratamente refrendado (forrarse vamos)