17 febrero, 2011

Murcia da miedito (I). La Dama de Shanghai.

Orson Welles vino por primera vez a España en 1933 y acabó enterrado en Ronda. Le chiflaban los toros. Pensaba que una corrida era una tragedia en torno a la pérdida de la inocencia del animal, en torno al sacrificio de su "perfecta virginidad". Quizás por eso, cuando en 1947 escribió La Dama de Shanghai, pensó en nosotros. El protagonista Michael O'Hara tenía que arrastrar un turbio pasado; tenía que haber perdido la inocencia y estar atormentado por ello. Welles debió de acordarse de esos toros virginales a los que había visto morir heroicamente en nuestras plazas y decidió hacerles un guiño. Convirtió a Michael O'Hara en un personaje arrepentido por haber matado a otro hombre, y ubicó en España el asesinato. Más concretamente... en Murcia. De este modo, aunque La Dama de Shanghai no tiene nada que ver con nosotros, Murcia pasó a ocupar un inquietante lugar en el imaginario colectivo de los cinéfilos de todo el mundo. Se convirtió en un remoto lugar de envilecimiento: un lugar donde los hombres dejan de ser hombres y se convierten en asesinos. La censura de Franco lo cambió en el doblaje, pero aun así... ¡qué miedito!

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