18 febrero, 2008

Marruecos. Ibrahim.

Ibrahim tiene doce años (o eso dice, porque probablemente tenga menos). Le conocimos en Rissani, una parada casi obligatoria en las rutas hacia el desierto de Marruecos. Habla árabe, francés y una pizca, casi insignificante, de inglés. Cuando sonríe se le ilumina la expresión con franqueza y orgullo. De él nos cautivó su inteligencia ágil y simpática, todavía sin contaminar por la picaresca. En Rissani, Ibrahim nos guió por el oscuro y pegajoso laberinto de la kasba, un lugar tan negro que a veces no eres capaz de ver ni tu propia mano. Si le preguntabas por el miedo a las sombras, sencillamente no entendía de qué estabas hablando. Al ver la foto que le hice, me llama la atención esa profunda cicatriz de su frente. Supongo que será la marca de alguna pedrada, porque los niños de Risanni son bastante bestias. También me sorprende la inapelable perfección de su cara. A Ibrahim le hacía muchísima ilusión verse en Internet, pero no tiene una dirección de correo electrónico que yo pueda usar para avisarle de que he colgado su retrato. La última vez que nos vimos me contó que entraba todos los días en mi fotolog para ver si ya estaba allí su foto. Pero de eso hace casi dos meses, así que supongo que se habrá cansado. Me gustaría poder avisarle ahora: Ibrahim, ceci est pour toi. J'espere que tu le vois.

Leer Más

17 enero, 2008

Fiestas de San Antón. El perro punki.

Cada vez que en Madrid llega la hora de acordarse de San Antón, la gente saca a sus perros para que el cura los bendiga. En realidad, San Antón prefería a los cerdos, pero hoy sólo tiene cerdo George Clooney, y dudo que él sepa de esta juerga animal. Entre los perros que vienen hay de dos tipos: vestidos y desnudos. Los que van en pelotas, a pesar de estar en presencia del santo, no escandalizan a nadie. Y los que van vestidos, como Chueca y Malasaña pillan al volver la esquina, pueden llevar hasta camisetas de punkis. Pobres, los pobres, tan anarquistas y de misa en misa. Vida de perros...
(Para más fiestas de San Antón, Sindrogámico).

Leer Más

15 enero, 2008

Viaje a Darjeeling.

En Sindrogámico he contado que Wes Anderson me gusta, pero que casi nunca me satisface del todo. Cuando fui a ver Viaje a Darjeeling, por ejemplo, tuve la sensación de que a la historia le faltaba consistencia, que le sobraba una pizca de onanismo y que se echaban de menos unas cuantas semanas más de escritura de guión. Eso sí, me encantó cómo estaba filmada. Wes Anderson tiene una especial habilidad para construir espacios con la cámara, y eso es tan infrecuente que hay que celebrarlo. A mi entender, casi todos los directores utilizan el encuadre y los travellings para enfatizar movimientos o sensaciones, y al final su planificación pierde fuerza, se vuelve invisible. En el cine de Anderson no ocurre eso, sino que los movimientos de cámara localizan a los personajes en un espacio concreto, perfectamente delimitado y (lo más importante) dramático. No es casualidad que Life Aquatic transcurra en un submarino y que Viaje a Darjeeling lo haga en un tren. Con sus característicos travellings paralelos y sus panorámicas en ángulo de noventa grados, este hombre logra que el espectador se meta físicamente dentro de la película. Podría seguir explicándolo, pero creo que el mejor modo de ilustrar lo que trato de decir es ver un ejemplo. Y por eso he colgado aquí el famoso corto Hotel Chevalier, que todo el mundo busca en Internet para verle el culo a la Reina Amidala. Le faltan 2 minutos al principio, pero no son importantes. Para echarle un ojo, sólo hay que pinchar en “leer más” (¡y rezar por que funcione, que a mí a veces me falla!).

Leer Más

09 enero, 2008

La curiosidad mató al gato.

Uno de los fenómenos más curiosos de internet en 2007 ha sido un vídeo que, paradójicamente, nadie es capaz de ver. Se titula 2 girls, 1 cup, y si uno lo busca en youtube sólo encuentra reacciones de gente que lo está mirando. A juzgar por la cara que ponen, lo que ven no les gusta absolutamente nada. Del vídeo original, ni rastro; uno tiene que imaginárselo a partir de la música que se escucha y de las caras de repugnancia o sorpresa del personal. Por supuesto, enseguida se siente curiosidad: "¿cómo será el vídeo, que provoca reacciones tan extremas? ¿Lo busco o no lo busco?". Yo soy demasiado curioso como para resistirme, y al final lo busqué. Sólo aguanté tres o cuatro segundos delante de la pantalla antes de levantarme y dejar de mirar. Grité, se me revolvió el estómago y sentí un asco profundo. Sabía que me iba a pasar eso porque había visto a un montón de gente sintiendo lo mismo que yo, pero la curiosidad fue más fuerte que el miedo. Y eso es precisamente lo que me llama la atención de este fenómeno: el poder de sugestión que tiene. Por eso, en lugar de colgar aquí un link a la página donde está el vídeo original, he preferido colgar sólo algunas reacciones. Si alguien quiere seguir tirando de la hebra y está dispuesto a teclear "2 girls 1 cup" en Google, eso es cosa suya. Pero que conste que yo no lo recomiendo...

Leer Más

07 enero, 2008

Deseo, peligro y la duración de las películas.

Una amiga mía dice que Deseo, peligro es una versión china de El club de los Cinco. Según ella, la profundidad de la trama no va mucho más allá de las novelas de Enyd Blyton. Y yo, en parte, estoy un poco de acuerdo: el bueno de Ang Lee siempre se las apaña para colarnos historias bastante simplonas como si tuviesen una enjundia sin precedentes. El ejemplo más claro está en la sobrevaloradísima Brokeback mountain, pero con Deseo, peligro ha vuelto a hacerlo. Lo curioso del asunto es que Ang Lee utiliza cada vez un truco diferente para parecer un director serio. Brokeback mountain, por ejemplo, nunca habría pasado de mero telefilm romanticón si no hubiera sido porque los protagonistas eran dos pastorcillos traviesos que ruborizaban a los espectadores con sus juegos de pradera. Y Deseo, peligro, no habría pasado de excelente thriller erótico si no hubiera sido porque dura casi tres horas. Y claro, como todo el mundo sabe, la trascendencia de una película es directamente proporcional a su metraje. A mí Deseo, peligro me gustó bastante, pero creo que no hace falta estirar las cosas para que parezcan más profundas. Siempre he admirado más a los directores que saben condensar que a los que se dejan llevar por sus diarreas creativas. Y aunque Deseo, peligro es ya una estupenda película, sería mucho mejor si durase una hora menos. Si alguien quiere saber lo que opino sobre las escenas guarras, que lea Sindrogámico.

Leer Más

22 diciembre, 2007

Imágenes de Toulouse (y II). Sandra.

Es mentira que no tengamos prejuicios. Es mentira que no viajemos a los países con una idea preconcebida de lo que nos vamos a encontrar allí. O, al menos, de lo que nos gustaría encontrarnos. Yo, por lo menos, sé que siempre que voy a un sitio trato de hacer fotos conforme a los esquemas mentales que han viajado conmigo. Hay quien opina que construyo imágenes artificiales, pero yo prefiero pensar que más bien reconstruyo las imagenes que tengo en la mente. Un ejemplo claro es este retrato de Sandra. Sandra era la dueña de un bar donde entramos a tomar algo en Toulouse. "Bienvenidos a mi sitio", nos dijo con hospitalidad sincera. Y a continuación desplegó para nosotros todo un repertorio de sorpresas y excentricidades. En cierto modo, Sandra era una especie de Amelie, el último gran estereotipo de la mujer francesa. Con sus medias de colores y su mirada soñadora, se pasaba las tardes preparando bocadillos de espinacas. Y yo, al fotografiarla, no sólo me traje de Toulouse un bonito recuerdo, sino también una de esas reconstrucciones de prejuicios.

Leer Más

18 diciembre, 2007

Imágenes de Toulouse (I). Gilbert Garcin.

Uno de los lugares más interesantes de Toulouse es el Château d'eau, la antigua torre de aguas que ahora funciona como centro de fotografía. Allí tienen una asombrosa biblioteca llena de libros de fotos, y cada cierto tiempo organizan exposiciones. Este invierno, el autor cuya obra han recopilado es un entrañable ancianito llamado Gilbert Garcin. Un señor que, cuando se jubiló hace quince años, decidió convertirse en fotógrafo. Y menudo fotógrafo. En principio, sus imágenes tienen todos los ingredientes para aburrir: Monsieur Garcin sólo hace fotos de sí mismo, y encima les pone títulos tan chungos como La ambición, La promesa de Dios o Mirada a la pintura contemporánea (véase ejemplo). No obstante, cuando uno contempla su obra atentamente, se da cuenta de que éste no es un fotógrafo pretencioso. Sus imágenes no aspiran a explicar el sentido de la vida, sino que se conforman con ilustrar los habituales conflictos del alma. Son pequeños poemas de una simplicidad fascinante, construidos a partir de microcosmos inventados y autorretratos recortados (con tijera). Alis me contó que ella ya había leído sobre Garcin en El País, pero a mí me pilló por sorpresa y me dejó encantadísimo. Fue, sin duda, una gran lección de fotografía. Quien quiera ver más fotos, puede visitar su página.

Leer Más

17 diciembre, 2007

La soledad de los astronautas.

Este fin de semana fui al cine a ver una película sobre astronautas. Se titulaba Interkosmos y era un falso documental sobre los planes de la RDA para colonizar otros planetas. Reconozco que me aburrí un poco, pero aun así me gustó mucho cómo reflejaba la soledad del astronauta. Había dos protagonistas, una mujer y un hombre, que viajaban en cohetes diferentes. Estaban enamorados el uno del otro y mantenían conversaciones larguísimas, a través de la radio, en mitad del espacio. En la película estas conversaciones se escuchaban sobre un plano de la Tierra grabado desde la nave, y era desolador. Los astronautas siempre me han parecido una figura trágica, tan solos y abandonados ahí arriba. A raíz de Interkosmos he estado pensando y he descubierto que muchas las aventuras espaciales que más me gustan son historias de astronautas tristes. Algunas de esas historias están aquí ahora, en estos vídeos. Empezando por la que vi este fin de semana, claro.

Artículo relacionado: La soledad de los profesores.

Leer Más

13 diciembre, 2007

Un hombre que mira ciudades.

Estos días ando completamente obsesionado con el trabajo de un italiano llamado Francesco Jodice. En el Reina Sofía vimos un documental suyo sobre la ciudad de Sao Paulo, y desde entonces no consigo sacármelo de la cabeza. El documental se titulaba Sao Paulo City Tellers y contaba cómo la propia dinámica urbana había creado nuevas profesiones. Francesco Jodice no es exactamente un director de cine, pero había conseguido dibujar un panoraba fascinante y aterrador de la megalópolis brasileña. Jodice se ha especializado en ciudades y se pasea por el mundo con una doble mirada, de antropólogo y de artista. Unas veces hace vídeos y otras veces se limita a tirar fotos, pero en el fondo da lo mismo: lo que más me gusta de su trabajo es que siempre consigue captar la atmósfera de los sitios (y, sobre todo, de la gente que vive en los sitios) a partir de planos estáticos. En su página no hay ni rastro de Sao Paolo City Tellers, pero sí que hay un documental sobre jóvenes japoneses titulado Hikikomori, que ilustra bastante bien esto que trato de explicar. Si alguien tiene media hora, recomiendo encarecidamente que lo busque. Sólo hay que tirar del hilo a partir de aquí.

Leer Más

12 diciembre, 2007

Arte, amor y escaparates.

Me encantan las grandes ciudades porque a veces, si tienes suerte, pueden brindarte inesperados momentos de poesía. Esta misma tarde, por ejemplo, me ha sucedido a mí. En las callejuelas de detrás de Gran Vía, donde se amontonan las putas y los sex-shops, me he topado con una tienda que se llamaba Boutique Solo Amor. A pesar de tener un nombre como ése y de estar en un barrio tan erótico, la boutique Sólo Amor es sólo una tienda de ropa vintage. Pero cuando uno se fija mejor, descubre que en el escaparate han encerrado a dos enamorados, un chico y una chica, para que se desenamoren a la vista de putas, modernetes y curiosos como yo. Se trata de una performance importada de Holanda, y durará hasta el domingo que viene. Cada día que pase, el chico y la chica ensayarán una manera diferente de romper la magia de su amor. El título no podía ser más sugerente: 7 intentos de perderse el uno al otro. Quien no pueda (o no quiera) darse un paseo, puede echar un ojo a este vídeo o a la web. Pero ojo, no hay nada como verlo allí mismo, en el número 38 de la calle Barco. De 11 a 14.30, y de 15.30 a 20.00.

Leer Más

11 diciembre, 2007

Objetos Fascinantes

-“Perdona, ¿tienes hora?”- Por toda referencia horaria, el chaval me mostró este particular reloj. Cuando lo vi, supe que tenía que ser mío.
Este objeto activa mecanismos de memoria infantil que hacen salivar a mis papilas gustativas. ¿Quién de nosotros no ha disfrutado alguna vez locamente comiéndose cada una de estas pequeñas bombas de azúcar hasta acabar con la pulsera entera? A los/las más afortunados/as, les compraban un collar.

No creo que sea su sabor lo que atrae tanto, pues ocurre con ellas como con el carbón de reyes; que sólo sabe a azúcar y que aunque pocos niños se resisten a pedirlo, a muy pocos les gusta de verdad. También se puede pensar que lo que atrae de estos dulces es el hecho de que son varias golosinas en una y que prometen, por tanto, un placer prolongado. Pero lo que realmente las hace irresistibles es que poseen la magia de lo efímero, pues su belleza exterior (se presentan en forma de joyas o complementos) desaparece cuando desempeñan la función de golosinas a la que están avocadas.
Aunque las tradicionales pulseras y collares de azúcar ya eran suficientemente retorcidas en lo que a elaboración conceptual se refiere, esta evolución moderna alcanza extremos de sofisticación con los que mi infancia ni siquiera soñó. Si a los niños de antes se les llamaba la atención por medio de la atracción de lo efímero, ¿qué tipo de estrategia se sigue con los niños actuales? Se me ocurre que el hecho de invitarles a “comerse” un reloj parece incitarles a “comerse” su tiempo. El mensaje subliminal, entonces, sería que la vida no tiene sentido y que no tienen por qué prolongarla cuidando de su salud, sino que pueden comer cuantas golosinas quieran. Aunque también se me ocurre que tras este objeto puede esconderse una justa venganza por parte de los niños contra el bárbaro Cronos, que según creo fagocitaba a sus hijos según éstos iban naciendo.

Y a vosotros, ¿qué os sugiere este objeto fascinante?

Leer Más

Música sin palabras (y II). Cash. I see a darkness.

Vaya por delante que me pirra Johnny Cash, y que la sola mención de su nombre basta para que se me desabrochen solos los cordones de los zapatos. Una vez dicho esto, todo lo que venga a continuación estará libre de juicios incondicionales. A fin de cuentas, de lo que se trata aquí no es de hablar de un cantante, sino de un tebeo: Cash. I see a darkness. Una biografía en viñetas que me ha impresionado, sobre todo, porque dibuja la música. El tipo que la firma, Richard Kleist, parte de un planteamiento muy sencillo: Johnny Cash era un contador de historias. Y a partir de aquí, el paso siguiente es de una lógica aplastante: para transmitir la fuerza de sus canciones, lo más fácil es dibujar estas historias. Parece un razonamiento de Perogrullo, pero a mí se me antoja como uno de los hallazgos más felices de los últimos tiempos. Cash. I see a darkness, es una caja china que, además, incorpora rodillos de música; un mecanismo de espejos donde una historia contiene a otra y cada canción sirve como excusa para experimentar formas de contar. Gracias mil, por tanto, a todos los que me lo regalaron.

Leer Más

10 diciembre, 2007

Música sin palabras (I). Solletico.

Una vez alguien me preguntó por qué me gustaba una canción y yo fui incapaz de explicarlo. Mi gran frustración desde entonces es no saber describir los sonidos. Estoy convencido de que se trata de un don, no de algo que se pueda aprender. Y como yo no tengo ese don, me conformo con encontrar formas alternativas de contar a los demás cómo suenan las cosas. Un ejemplo es este vídeo de un concierto de Solletico. Yo estuve en aquel concierto y me gustó tanto que quería contarlo aquí, en mitte, pero me sentía incapaz de hacerlo. Y mira tú por donde, un día me topo con este vídeo en youtube. Bienaventurados los que tienen acceso a la tecnología, porque ellos trabajarán menos. Gracias a este vídeo me voy a ahorrar un buen puñado de adjetivos que sólo sonarían a tópico. ¿Cómo es el sonido de Solletico? Pues, tal y como yo lo veo, sofisticado y cosmopolita, bastante elegantón y muy, muy contagioso. Solletico es uno de esos grupos que escuchas moviendo primero la cabeza, luego los pies y luego las caderas. Pero vamos, ya digo que las descripciones de sonidos se me dan fatal. Lo mejor es ver el vídeo. Tiene un sonido pobre, pero creo que refleja bastante bien la atmósfera de un concierto de esta gente. Muy recomendable.
Artículos relacionados:

Leer Más

04 diciembre, 2007

Banksy.

Siempre he sentido una enorme debilidad por el arte callejero que va más allá del típico graffiti, porque me inspira y porque me hace sentir a gusto en la ciudad. El más famoso de los artistas urbanos es, probablemente, Banksy. Este señor se pasea por la vida con los modales de un superhéroe, alimentando el mito de su persona mientras los policías de medio mundo se vuelven locos para desenmascararle. Sus diseños suelen ser combativos e imaginativos a partes iguales, con mensajes anti-sistema y un divertido sentido del pop. De todos, los que más me han impresionado siempre son los que pintó sobre el muro de Palestina. Y no sólo porque sean originales y potentísimos, sino porque uno no se espera ver a un graffitero pintando en aquellas tierras.
Si cuento todo esto es porque el otro día una amiga me regaló un estupendo libro sobre Banksy, y entre sus páginas encontré una historia que me impactó. Según cuenta el propio artista, cuando estaba en plena faena se le acercó un viejo palestino y le dijo: “al pintar el muro haces que sea más bonito”. Bansky, halagado, le dio las gracias. Y entonces el viejo continuó: “no queremos que sea más bonito. Odiamos este muro. Vete a casa”.

Leer Más

[REC]

Las pelis de terror me crean un pequeño conflicto porque nunca tengo muy claro con qué criterios valorarlas. En teoría, la calidad de estas cintas debería ser directamente proporcional al nivel de pánico que experimentes cuando las ves. Pero no nos engañemos, que ése es un supuesto falso: se puede provocar mucho, mucho miedo y aun así hacer una película de mierda. Lo he estado pensando un ratito, y al final he llegado a la conclusión de que las mejores pelis de terror son las que te dejan el susto dentro, para que te lo lleves a casa y te dé miedito por las noches. Es lo que me sucedió con [REC], esa siniestrísima versión de 13 Rue del Percebe que Jaume Balagueró se ha sacado de la manga para recogijo de los espectadores masocas. Dos días después de ir al cine me despertó la sed en mitad de la noche, y me levanté a beber agua. Estaba sólo en casa. En cuanto abrí la puerta de la habitación me acordé de una secuencia especialmente escalofriante de la película, una secuencia donde el miedo no procede tanto de lo que has visto, sino de lo que crees haber visto. Mientras trataba de controlar el tembleque de las rodillas, tuve que reconocer que secuencias así son las que hacen de [REC] una buena peli de miedo. Podría volverme loco tratando de explicar en qué consiste exactamente eso de "asustar sin mostrar", pero he preferido colgar este clasicazo de youtube. No sólo ilustra lo que quiero decir, sino que, según dicen, el propio Balagueró lo ha tomado como fuente de inspiración. Si alguien quiere leer un poco más sobre el cine de terror, que visite Sindrogámico.

Leer Más

28 noviembre, 2007

La peor banda del mundo. La eliminación de los recuerdos.

Para saber de qué va esto, sólo hay que pinchar aquí.

Leer Más

La peor banda del mundo. El inextricable laberinto del destino.

Para saber de qué va esto, sólo hay que pinchar aquí.

Leer Más

La peor banda del mundo. El insostenible peso de las palabras.

Para saber de qué va esto, sólo hay que pinchar aquí.

Leer Más

27 noviembre, 2007

La peor banda del mundo. El paso de las estaciones.

Para saber de qué va esto, sólo hay que pinchar aquí.

Leer Más

26 noviembre, 2007

La peor banda del mundo. La persistencia de los sueños.

Para saber de qué va esto, sólo hay que pinchar aquí.

Leer Más

22 noviembre, 2007

Garrick.

La nueva obra de Tricicle se basa en dos ironías curiosísimas. La primera es que el humor, si lo piensas, consiste en una serie de fórmulas sencillas que cualquiera podría aplicar. O sea, que la gente paga una pasta por ver algo que, si se empollase el manual de instrucciones, sería capaz de hacer gratis en casa. Habrá quien piense que esto es una burla, pero yo creo que es genial. Garrick, que así se llama el montaje, es como un espectáculo de magia donde un señor te explica cómo se hacen los trucos. Y aquí, señores, me voy a permitir la chulería de usar mi prefijo favorito, “-meta”: Garrick es metahumor, humor a partir del propio humor, chistes sobre cómo contar chistes. ¿Y la segunda ironía? Je, je, ésta es la mejor. La segunda ironía es que, a pesar de que los señores de Tricicle juegan con las cartas descubiertas, sus trucos siguen funcionando. Manda huevos, ¿eh?
(Si alguien quiere buscarnos entre el público, que pinche en "leer más").

Leer Más

21 noviembre, 2007

Christopher Lee y el corta-pega conceptual.

El otro día discutía con un amigo sobre la portada del último disco de Christopher Lee, Revelation. En ella, el intérprete de Drácula aparece recortado y pegado sobre la imagen de una plaza de toros, probablemente la de Ronda. Y detrás de él, también recortadas y pegadas, las figuras de unos bailarines y unos músicos flamencos. Tanto mi amigo como yo nos quedamos flipados ante la simplicidad del concepto, pero no nos poníamos de acuerdo a la hora de encontrar una explicación. Mi colega opinaba que la portada de Revelation, más que simple, es cutre. Y es cutre porque a estas alturas de la película, con 86 años, es muy probable que Christopher Lee haya perdido el rumbo. Yo, por el contrario, pensaba que la simplicidad de la portada era perfectamente coherente con el concepto kitch del disco. Después de todo, estamos hablando de un álbum donde el actor siente la revelación del flamenco y se atreve con temas de El hombre de la Mancha (sí, el musical de Paloma San Basilio) o el inmortal My Way. ¿Por qué no completar la jugada con una portada igual de atrevida? A veces tengo la sensación de que hemos caído en la dictadura del photoshop y del virtuosismo, y que con ello nos hemos olvidado de lo maravilloso que puede ser a veces un collage artesanal, aunque quede cutre. Por tanto, exclamo con orgullo: "¡viva el corta-pega conceptual!".
(Para ver la imagen más grande, sólo hay que pinchar en ella).
Artículos relacionados:

Leer Más

20 noviembre, 2007

José Ramón Sánchez.

Estos últimos días ha aparecido en Madrid una campaña de publicidad sobre la ciudad de Nueva York. Son dibujos alegres que promocionan las compras, los espectáculos y no sé cuántas cosas más de la Gran Manzana. En teoría, cuando uno los ve debería sentir ganas de viajar, pero yo he sentido una enorme nostalgia. ¿Por qué? Porque me han recordado a José Ramón Sánchez. En caso de que alguien no se acuerde, este señor fue el dibujante oficial de la España de los primeros ochenta. Aunque los modernos de mi generación siempre presumen de haber tenido una infancia marcada por La bola de Cristal, en realidad José Ramón Sánchez fue mucho más importante. Al menos para mí. Recuerdo que le veía dibujar en la tele, rodeado de niños, y se me caía la baba. El programa que más grabado tengo es El Kiosco, pero al ver esta cabecera de Sabadabadá he sentido que se activaban recuerdos de los que no era consciente. Actualmente José Ramón hace unos cuadros bastante chungos y padece una pretenciosidad galopante, ya que su próximo proyecto es dibujar la Divina Comedia. Pero yo se lo perdono todo, porque gracias a él, de niño quise ser dibujante.
Para ver la imagen de la campaña de Nueva York que ha provocado este ataque de nostalgia, sólo hay que pinchar en "leer más".




Leer Más

19 noviembre, 2007

EXIT. Flores.

La revista EXIT es una publicación trimestral que me gusta por dos motivos y me irrita por uno sólo. Me gusta porque siempre trae fotos interesantes y porque siempre es monotemática, y me irrita porque suele acompañar las fotos con textos insoportablemente pedantes. El número 28, que acaba de salir, es un monográfico sobre flores. Yo siempre había pensado que las fotos de flores eran un poco rollo, pero gracias a esta revista he descubierto que pueden ser fascinantes. Básicamente, lo que he aprendido es que las flores siempre han funcionado como metáfora sórdida y perturbadora de la vida. “Las flores crecen debajo de los ahorcados, alimentadas por el semen póstumo, por el último hálito de vida, de pasión”, dice Rosa Olivares, la directora, en el editorial. Y a continuación despliega un abrumador repertorio de imágenes de podredumbre, exhuberancia, sensualidad y decadencia floral que viene a reforzar la idea. A quien le guste el otoño húmedo de los charcos y del dulzón olor a muerte, que no se pierda esta revista. Y a quien le apetezca echar un ojo a los contenidos, que visite la web.

Leer Más

15 noviembre, 2007

La infancia, o saber jugar

El pasado fin de semana tuve dos experiencias que me han hecho replantearme este fin de semana que hoy empieza: una fue mi visita al Parque del Capricho en la madrileña Alameda de Osuna, y la otra el visionado del documental de los Hermanos Oligor.
Si tenéis curiosidad por cualquiera de las dos, o por saber qué es lo que va a ser diferente en este fin de semana, leed más.
El Parque del Capricho, gracias a dios todavía no muy conocido, es la joya de los parques madrileños. Se trata de uno de los pocos parques románticos que se conservan en este país (“romántico” en cuanto a perteneciente al Romanticismo, no del género romántico-petardo, claro), y perteneció a la duquesa de Osuna, ésa que retrató Goya y que se dice rivalizaba con la de Alba, “la maja”, la favorita del pintor. Pues bien, la señora duquesa se trajo a arquitectos y escenógrafos franceses para construirse una finca de recreo con la que epataría hasta al más cosmopolita de sus invitados y en la que, ante todo, se divertiría. De esto último me di cuenta al ver una foto de la época en la que unas engalanadas señoronas y unos caballeros con chistera están subidos a unos elegantes columpios de madera, con una inscripción: “los Señores de tal y los Condes de cual se divierten en el columpio de la duquesa”. Parece ser que en este parque jugar no era cosa de niños, sino de adultos; eso sí, ricos. Porque si algo queda claro al visitar el sofisticado Parque del Capricho, además de la perversión implícita en los impúdicos alardes de riqueza de la nobleza, es que esta gente se sabía divertir, y cómo: ¿Hay algo más caprichoso que cavar un pozo profundísimo sólo para crear una ría artificial por la que los invitados navegasen en falúas hasta un lago (con isla y todo), en el que la anfitriona les recibía con un estupendo banquete a la sombra de un quiosco chinés? Sí, probablemente sea mucho más caprichoso el construirse un fortín en miniatura sin privarse de unos elegantes soldados que lo guarden día y noche, o una “casa rural” con huertecito y agricultores incluidos. ¡Dios mío! ¡La buena señora incluso se hizo unas ruinas de ermita “románica” en las que puso, como quien pone un jarrón, a un eremita barbudo! Piadoso, además de pintoresco. Una vida dedicada al placer y al capricho, dirán algunos. Yo diría más; una vida que es eterna infancia, eterna diversión.
En cuanto al documental sobre los Hermanos Oligor y su peculiar obra de teatro Las tribulaciones de Virginia, volví a tener la misma sensación que ante la foto del columpio de la duquesa de Osuna: pese a lo que se dice en la película, la historia que cuentan no es una historia de amor. A mí me parece que el verdadero tema no era otro que la infancia, y la ruptura interior que supone el abandono de la misma. “¿Alguna vez tuvisteis una experiencia tras la que dijisteis -ya está, ya no soy un niño-?” – pregunta a los espectadores un Oligor con cara alucinada. Ése es el drama de los Oligor, llámeselo complejo de Peter Pan si se quiere. El drama del que sabe que la auténtica felicidad (y el auténtico amor) está en la infancia, en el juego. Por eso, y para no dejar de ser nunca niños del todo, se empeñan en seguir jugando, y por eso fabrican esos muñequitos preciosos con materiales de deshecho y los mueven con motores por cuerdas como si fueran funambulistas. Juego, arte.

Mi propuesta es la siguiente: Una vez superados los 5 días de la semana en que estamos obligados a ser adultos responsables, este fin de semana intentemos ser un poco niños. ¿Jugamos?

Leer Más

14 noviembre, 2007

María Zarazúa. Ausencias.

María Zarazúa es una fotógrafa de mirada atenta, gusto por la composición y gran sensibilidad. Si alguien no me cree, que vaya a ver su serie Ausencias al Café Manuela de Malasaña, donde se expone hasta el 12 de diciembre. En esta serie, breve y silenciosa (sólo ocho fotos, todas sin modelo), María trata de rescatar la huella de las personas que habitaron una casa. Son imágenes de una cocina vacía, de una mesa polvorienta o de los objetos acumulados en las estanterías, tomadas con estricta frontalidad y aparente distancia. Pero cuando uno las mira con atención, descubre que hay en ellas un rastro humano, un poso de vida casi apagado que, sin embargo, todavía emociona. Está en la marca que las sillas hicieron al rozar con la pared, en las fotografías amontonadas o en las huellas que los tenedores han dejado, durante meses, sobre el polvo. Contemplando estas imágenes he descubierto una curiosa paradoja: que toda ausencia es, al mismo tiempo, una forma de presencia. Y me parece que es una bonita lección, ¿no?
Para saber un poco más sobre la exposición del Café Manuela, recomiendo leer Sindrogámico.

Leer Más

10 noviembre, 2007

La Zona.

En general soy un espectador bastante prosaico y poco dotado para la trascendencia. Las películas concebidas para hacer pensar me inspiran un rechazo casi inmediato, algunas por pretenciosas y otras por moralistas. Pero de vez en cuando me encuentro con cintas como La Zona, y entonces tengo que reconocer que no todo el monte es mala hierba. La primera película de Rodrigo Plá es la típica historia que parte de un planteamiento sencillo y, sin embargo, crece hasta convertirse en una fábula llena de posibles lecturas. La Zona vine a ser, para que nos entendamos, un felicísimo cruce entre Acorralado y El show de Truman donde el espectador no sabe si lo que está viendo es un thriller, una parábola social o una sátira sin gracia del totalitarismo. Y todo ello, encima, filmado con una elegancia invisible y un sentido natural de la intriga, nada forzado pero de una eficacia pasmosa. Sólo hay una cosa que no me gusta de esta película; para saber qué es, recomiendo leer Sindrogámico.

Leer Más

06 noviembre, 2007

eleganTe chaflán.

Siempre he sentido una pasión absolutamente irracional por Madrid. Vine a vivir a esta ciudad hace cosa de doce años, y desde entonces casi no ha dejado de entusiasmarme. Me gustan las callejuelas, la gente, los agobios, las tiendas, los bares, las historias, los balcones y el metro. O sea, todo. Y por eso me hace muy feliz formar parte de un proyecto como eleganTe chaflán. eleganTe chaflán es un blog sobre ciudades, escrito a cuatro manos, en cuatro ciudades diferentes: Berlín, Liverpool, Buenos Aires y Madrid. Lo de “chaflán” viene de esquina, que es una cosa muy urbana; y lo de “eleganTe” es el punto de distinción que nos hace diferentes. Nuestro objetivo no es contar cómo son las ciudades para alguien que viene de fuera, sino cómo las vive alguien que se despierta todos los días en ellas. Mi esquina, claro, es la de Madrid. Así que a partir de ahora, todo el mundo está invitado a ver cómo hago públicas mis debilidades madrileñas. O cómo mis compañeros hacen públicas las de Berlín, Liverpool o Buenos Aires. En cualquier caso, lo único que hay que hacer es darse una vuelta por eleganTe chaflán.

Leer Más

05 noviembre, 2007

Somos débiles. El siglo XIX en el Prado.

Somos débiles. Todos nosotros. El nuevo Museo del Prado, por ejemplo, es débil porque ha sacado a la luz una colección de pintura del Siglo XIX de la que está profundamente avergonzado. Y yo, por mi parte, soy débil porque me encantan esos cuadros tan horteras. La pintura que se hizo en España entre 1800 y 1900 –y especialmente la que se conserva en El Prado– representa la antítesis más escandalosa de la modernidad. No hay por donde cogerla, a la pobre. Mientras en los demás países se avanzaba hacia los cuadros sin anécdota, los pintores del Prado recreaban enormes escenas históricas. Y mientras el arte contemporáneo descubría el encanto de lo feo, aquí se pintaban retratos de ricachonas guapas. ¿Por qué, entonces, soy tan feliz con todos estos cuadros? Por tres motivos: porque soy un pedante, porque llevo a un hombre del siglo XIX en mi interior y porque es fácil impresionarme. Me encantan los cuadros gigantescos donde los personajes exageran su dolor, y me enamora la aristocracia decimonónica que pintaban Galdós o Clarín. Soy débil, lo sé. Pero no me cuesta nada reconocer que me chifla la nueva exposición del Museo del Prado. Ideal para verla con la abuelita y, encima, presumir de que ya se han visitado las nuevas salas (como yo he hecho en Sindrogámico).
Artículo relacionado: Bañista II.

Leer Más

01 noviembre, 2007

El jinete polaco. Święta Woda.

El Santuario de Święta Woda es uno de los lugares que más me impresionó de Polonia. Se trata de un santuario que lleva funcionando tres siglos, y que atrae a los peregrinos porque tiene una fuente donde brota agua bendita. Lo curioso del asunto es que hace diez años, la Iglesia tuvo la genial idea de declarar la montaña de al lado “Monumento para el Tercer Milenio”. A partir de entonces, los peregrinos que se llevaban agua empezaron también a plantar una cruz. Y después de una década, el lugar se ha convertido en un sobrecogedor cementerio sin lápidas donde uno no sabe si la gente viene a llevarse agua, a plantar una cruz o a hacer fotos, como yo.
Ésta es la última imagen de El jinete polaco que voy a colgar en mitte. Para ver la serie completa, recomiendo visitar mi fotolog. Y para saber más cosas sobre mi pasión enfermiza sobre las cruces, Sindrogámico.

Leer Más