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14 junio, 2011

On the air (XVIII). Ajustando cuentas con el lado oscuro de mi pasado.

El otro día fui a Lavapiés a ver un montaje de teatro que se titulaba El vuelo del ahorcado. La obra estaba bien, era joven y los actores resolvían con naturalidad admirable. Sólo por eso ya fue una velada aprovechada. Pero el texto tenía un problema de base que a mí, personalmente, me impidió darle el sobresaliente. Resulta que "el vuelo del ahorcado" al que aludía era, más o menos, una metáfora sobre la liberación de las ataduras. Si "vuelas" -parecía querer decir-, te "liberas"; si no, te quedas colgado (y muerto). Matrimonios, obligaciones laborales, compromisos varios, todo eso no son más que sogas que nos cortan las alas. ¡Uf! La idea me habría encantado cuando tenía 17 años, pero ahora soy más disciplinado y me muero de gusto cuando me echo una responsabilidad encima. "Volar", en el sentido más cursi de "abandonarme a la improvisación", ya no es un concepto que me haga dar palmas con las orejas. Quizás por eso, cuando el otro día pusimos en casa El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no me emocioné como en los noventa. La película me trajo buenos recuerdos, claro, me hizo acordarme de todas aquellas veladas literarias de cuando iba a la universidad y sentía que estaba bebiéndome la vida por los poros. Pero confieso que también me sonrojó con su forzada poética. ¿Me he vuelto aburrido o es que ahora tengo una sensibilidad más exigente? Supongo que un poco de las dos cosas. Pero apelando a esa poca y refinada sensibilidad que me queda, aunque sólo sea en nostálgico homenaje a aquellos años más inocentes, ahí va un momento mítico de la peli.


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11 junio, 2011

On the air (XVI). El soplo de la vida y la caca viral.

Hubo un tiempo en que para dar la vuelta al mundo hacían falta 80 días y muchos idiomas. Cada país era genuinamente único, conocerlos todos era utópico. Pero entonces llegaron Michael Jackson con su We are the world, Oliverio Toscani con su United Colors of Benetton y Takeshi Kitano con su Humor Amarillo, y aprendimos que la diferencia es un mito. Que todos nos emocionamos con la sonrisa de un niño y que todos nos reímos cuando alguien se cae de culo. Esta idea tan buenrrollista de la hermandad de los pueblos ha encontrado en internet un vehículo ideal para volverse viral. Pienso, por ejemplo, en Matt, ese señor que anda dando saltos por youtube desde 2005. O en el francés JR, que recibió el premio TED por empapelar las ciudades con arte callejero. Pero sobre todo pienso en Life in a day, una película hecha íntegramente con vídeos de internautas. Producida por Ridley Scott y bendecida en Sundande, Life in a day se estrena dentro de un mes y pretende reflejar el milagro de la vida. Para ello han manejado 4500 horas de material supuestamente grabadas por 80.000 personas distintas el 24 de julio de 2010. ¿Cómo será el resultado de verlo todo junto? ¿Es posible filmar la chispa de la existencia sin que tu película parezca un anuncio de cocacola estirado? En una entrevista con Kevin McDonald, el director, he leído que alguien les mandó un plano corto de un culo haciendo caca. Ignoro si también había pedos, pero quiero creer que sí: me parecería una manera poética de ilustrar algo tan inefable como el soplo de la vida.

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08 junio, 2011

On the air (XIV). Patrick Daughter: Feist vs Depeche Mode.

En 2007, Patrick Daughters me dejó completamente loco con el videoclip que rodó para el 1 2 3 4 de Feist. Con un único set, un puñado de bailarines y una cámara que no dejaba de volar, el tío se curró un artefacto visual tan perfectamente coreografiado que todavía no tengo claro si hizo trampa o no. Ahora, cinco años más tarde, el señor Daughters vuelve a la actualidad porque se ha atrevido a filmar una nueva versión del Personal Jesus de Depeche Mode. Oh, yeah. Mi antiguo grupo favorito, el que marcó mi adolescencia con ideas tan pesimistas como que "la muerte está en todas partes porque hay mosquitos en el parabrisas", ha desempolvado su gran himno religioso. Y, como digo, ha fichado a Patrick Daughters para reformular su imaginería. El nuevo vídeo está a medio camino entre las fotos que Marina Abramovic se hizo en la Laboral de Gijón y la niña del Exorcista. En apariencia no podía ser más diferente del de Feist. Donde allí había un único plano, aquí hay un montaje narrativo; donde había color, ahora hay blanco y negro; donde había hedonismo, ahora hay religión. Y por si eso fuera poco, ahora la cámara ya no vuela, la que vuela es la protagonista. Pero aun así me ha sorprendido que algunos elementos sí se repiten. ¿Casualidad o guiño ombliguista? Yo cuelgo los vídeos y que cada cual decida por su cuenta.

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07 junio, 2011

On the Air (XIII). Manel o la desilusión de lo pedestre.

Los mecanismos de la felicidad conyugal son como los cepillos de dientes: cada uno tiene el suyo. Hay parejas que son felices comiendo espaguetis del mismo plato, como la Dama y el Vagabundo, y otras que lo son compartiendo báscula, como Mario Vaquerizo y Alaska. En mi caso, a mí lo que me gusta es que Alis me traduzca las canciones de Manel. Cuando vamos en el coche y fuera está oscuro, ella me va contando lo que dicen las letras y yo me lo imagino como si fuese ciego. Nuestra favorita es Aniversari. Poco a poco, de viaje en viaje, Alis me ha ido explicando que se trata de una historia de amor, que hay un cumpleaños, que la chica se pone a pedir un deseo y que entonces el chico aprovecha para hacerse pequeño y meterse en su mente. Yo siempre me he imaginado algo parecido a Matrix o a ese cuento de Borges en que un condenado a muerte congela a su pelotón de fusilamiento. Sí: yo siempre me he imaginado una fiesta de cumpleaños quietísima donde el protagonista vuela como una mosca hacia su enamorada. Pero ayer vi el vídeo y me llevé un chasco. Aunque es un cortito delicioso (dirigido en parte por Roger Padilla, guitarrista del grupo y autor de las ilustraciones del libreto), tiene un defecto imperdonable: es demasiado literal. Se limita a ilustrar caligráficamente lo que cuenta la canción, como los Power Points de las reuniones de empresa. Y claro, con tanta literalidad se ha cargado de un plumazo todo lo que yo me había imaginado. ¿Mi mayor desilusión? ¡Ahora resulta que en realidad el tipo no vuela! ¡Va andando por el suelo! ¡Qué pedestre!

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06 junio, 2011

On the Air (XII). Solidaridad lechera con el albatros.

En Las Flores del Mal de Baudelaire el albatros aparece como un pájaro trágico, trasunto del poeta incomprendido. Cuando vuela es bello y poderoso, "frecuenta la tempestad y se ríe del arquero". Pero cuando se posa, ay, pobre, se convierte en un bicho torpe al que "sus alas de gigante impiden caminar". Por si esto fuera poco, con el tiempo la tragedia del albatros se ha vuelto todavía más amarga. Según cuenta Muñoz Molina, la progresiva contaminación de los mares ha añadido ingredientes inesperados y poco saludables a su dieta, como "mecheros, tapones de botellas de agua o anillos de plástico de los que sujetan eso que en los supermercados llaman packs de latas de cervezas". Pobre albatros. En solidaridad con su triste historia he decidido colgar aquí un vídeo que no tiene nada que ver con pájaros, pero sí con su principal enemigo: los plásticos. El corto es una especie de Toy Story rodado con botellas de leche, producido por Friends of the Earth para alertar sobre los peligros de los envases. Sí, lo sé: cuando llegue el holocausto zombie presagiado en The Walking Dead lo único que nos mantendrá vivos será precisamente la comida que (hoy) llevan dentro. Pero... ¿qué impide que mientras esperamos a Rick Grimes, por lo menos reciclemos correctamente? Aunque sólo sea para echar un cablecito al pobre albatros, que ya tiene bastante.

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31 mayo, 2011

On the air (X). Gatos, liebres y la publicidad en el museo.

Si hay una cosa que me divierte en el mundillo del arte es el desparpajo de los comisarios a la hora de metértela doblada. Basta con quitar la etiqueta donde ponía "gato" y colocar otra donde ponga "liebre", y todo el mundo a comulgar con ruedas de molino. Ayer mismo, por ejemplo, se inauguró una exposición de PhotoEspaña con retratos a la encáustica de hace dos mil años. Te dicen que son "las primeras fotos de carnet" de la historia y te los colocan en la principal feria de fotografía de España. Qué morro. El fenómeno se repite tan frecuentemente que cuando alguien va con la verdad por delante se agradece. Es lo que pasa con el vídeo que Richard Phillips va a presentar el sábado que viene en la Bienal de Venecia: no pretende ser liebre, no engaña a nadie: es gato, y a mucha honra. O mejor dicho: no es tanto "arte" como "publicidad". Phillips, famoso por pintar retratos de petardos pop, se ha desmarcado ahora con un vídeo de Lindsay Lohan al más puro estilo Herb Ritts. El vídeo ha sido seleccionado para la feria veneciana por POST, "la primera revista creada exclusivamente para el iPad", como parte de un proyecto sobre publicidad y arte llamado Comercial Break. Y a mí, que siempre he sido fan de los anuncios de colonia, me encanta. Me recuerda a una campaña maravillosa que Ritts hizo para Levi's, allá por los primeros noventa, en que se veía a un montón de modelos volando por el aire. Adjunto los dos vídeos para demostrar que esto sí pertenece a la misma familia, no como los retratos del arqueológico y PhotoEspaña. ¡Que tomen nota los comisarios!

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18 mayo, 2011

On the air (VIII). La Trompeta de Jericó.

Lo mejor de Expiación, la polémica novela de Ian McEwan, son los pasajes que explican por qué el ataque de un avión Stuka era lo más jodido que te podía pasar en la Segunda Guerra Mundial. Cuando leí el libro yo no sabía nada de aviación bélica, pero mi suegro es un experto y me explicó el motivo de tan siniestro prestigio aéreo: los Stuka no dejaban caer las bombas desde arriba, sino que bajaban en picado para apuntar mejor. En términos futbolísticos, la distancia que separaba el ataque de un avión normal del ataque de un Stuka es la misma que separa a un portero que intenta meter gol con un saque de puerta y a Maradona atravesando el campo en la final de México 86. Te dejaba el paquetito en el felpudo, vamos. Sin embargo, lo que a mí me impresiona más no es esta demostración de buen hacer alemán, sino un pequeño detalle relacionado con lo psicológico: cuando venía a por ti, el Stuka también hacía sonar una sirena. "La trompeta de Jericó", se llamaba. ¿Y para qué sonaba? Sólo para que te hicieses caquita. Igualito que cuando Freddy Krueger arrastra sus cuchillas por las tuberías de tus pesadillas, solo que aquí no te podías despertar. ¿Hay algo más siniestro que ser capaz de identificar el sonido de tu muerte antes de que te llegue? Como escribe McEwan, debe de ser "el sonido del pánico en sí mismo".

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07 febrero, 2011

No somos nadie (XXIX). Todos somos Mark Zuckerberg.

Hace algunas semanas, los tíos del Saturday Night Live invitaron al programa a Jesse Eisenberg, el actor que ha interpretado a Mark Zuckerberg en La Red Social. Y para sorpresa del mundo entero, cuando estaba haciendo el monólogo inicial le colocaron al lado a otros dos Zuckerbergs: el de verdad y un imitador. Tres diferentes versiones de una misma persona discutiendo sobre cuál es la mejor manera de ser esa persona. Jesse Eisenberg opinaba que para ser Mark Zuckerberg basta con poner el cuello tieso y hablar a trompicones, mientras que el imitador pensaba que con decir "soy Mark Zuckerberg" ya es suficiente. ¿Y qué piensa el Zuckerberg de verdad? Nada, porque a él ni siquiera le preguntaron. El Zuckerberg de verdad ya no es nadie porque lo han eclipsado sus réplicas más mediáticas. Lo han devorado, le han arrebatado el derecho a ser como le dé la gana. Ahora, si el Zuckerberg de verdad quisiera parecerse a sí mismo tendría que estirar el cuello y hablar como un robot, como el Zuckerberg de La Red Social. Si no, alguien podría decirle que es un impostor. Desde mi punto de vista, lo escalofriante de todo este asunto es que nadie se libra de esa misma esclavitud, que todos estamos sometidos a las expectativas de los demás. "Tú eres así", te dicen un día, y ya no te queda opción a ser de otra forma. En mayor o menor medida, todos somos Zuckerberg.

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24 enero, 2011

No somos nadie (XXVII). Val del Omar y el empeño de filmar a Dios.

La religión mola, no entiendo por qué no está considerada algo cool. En mi universo plástico personal siempre ha habido lugar para Dios, el clero o el tremendo filón estético que supone el catolicismo. Y siempre he lamentado que las revistas de tendencias no reserven un hueco para el santoral o la moda vaticana. Por fortuna, no todo está perdido. Este 2011 ha comenzado para mí con el hallazgo de un espíritu afín, un hermano, un compañero de inquietudes: José Val del Omar. Un señor que hace cincuenta años tuvo el sentido común de conciliar tecnología y cristianismo. Lo cual, si lo piensas, es como si ahora alguien te dice que la manzana de Apple no está tan lejos de la manzana del Antiguo Testamento. En la gris España del franquismo, José Val del Omar vivía obsesionado con inventar los mecanismos adecuados para filmar a Dios. ¡Sin renunciar a la vanguardia! Desde el punto de vista técnico, sus cinegrafías eran cortometrajes experimentales, rodados con los cachivaches que él mismo diseñaba y concebidos como experiencias sensoriales absolutas. Una especie de 3D avant la lettre. Pero desde el punto de vista antropológico funcionan también como testimonio del lugar que Dios (y el miedo a Dios) ocupa en nuestro ADN cultural. Más o menos, lo que viene a decir es que en este país no somos nadie sin catolicismo. Para suscribirlo me he apropiado de Fuego en Castilla, la segunda parte de su Tríptico Elemental de España, "una tactilvisión del páramo del espanto". ¡Que Dios nos pille confesados!

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18 enero, 2011

No somos nadie (XXVI). Canino, mejor película de 2010.

Mi película favorita de 2010 ha sido Canino, de Giorgos Lanthimos. Una fábula sobre la fragilidad del ser, sobre lo complicado que es mantenerte fiel a ti mismo. A partir de un planteamiento tan simple como el de una familia aislada en una casa donde no entran estímulos del exterior, Lanthimos lanza una pregunta al aire: ¿qué factores influyen en que seamos como somos? O mejor: ¿cómo afectan las cosas del mundo a nuestra personalidad? La película no parece llegar a ninguna conclusión, pero yo sí que llego. Después de ver lo que pasa con estos personajes creo que nuestra permeabilidad al entorno es tan infinita y caprichosa que cualquier ilusión de ser alguien es un disparate. No somos nadie. Somos millones de cosas y en el momento menos pensado dejamos de serlo. Somos un puzzle donde la canción escuchada de refilón cuando íbamos en el metro se mezcla con el libro favorito de tu padre, o con el episodio de El ala oeste que vimos anoche. El momento más espeluznante de Canino es cuando descubres el efecto que una simple película de los ochenta puede tener sobre una persona que la ha visto. ¡Como para tomarse el zapping a broma!
OJO: El vídeo es un tremendo spoiler. Quien avisa...

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11 enero, 2011

No somos nadie (XXV). Ben Wilson y la valentía de consagrarse a lo inútil.

Ben Wilson es un inglés que pinta cuadros en chicles abandonados. De hecho, se dedica a ello desde hace siete años. Al principio trazó un plan: decorar todos los chicles que hubiese entre la puerta de su casa y el corazón de Londres. Pero muy pronto cambió de opinión y decidió quedarse en el barrio, trabajar sin rumbo. Me gusta pensar que el bueno de Ben comprendió que la poesía de su tarea sería mucho más sublime si renunciaba a una estrategia previa. Simplemente pintar el primer chicle que le apeteciera. Para ilustrar la rotunda intrascendencia de este planteamiento, ahí va una anécdota: una vez, los policías detuvieron a Ben por vandalismo, pero tuvieron que soltarle porque una cosa es pintar encima del asfalto y otra bien distinta hacerlo encima de un chicle. Por no ser, el trabajo de Ben ni siquiera es ilegal. A veces me da por comparar este empeño perfectamente inútil con el de otros artistas. ¿Cuál es la diferencia entre decorar un chicle y pintar un gran lienzo? Es más: ¿cuál es la diferencia entre pintar un chicle y construir una catedral, ganar un premio Nobel o tener un hijo? Creo que en la humildad del gesto de Ben Wilson hay una gran sabiduría. Creo que él ha comprendido que no somos nadie, y su obra es una forma de asumir esta insignificancia con la cabeza muy alta. Y creo también que hace falta mucho valor para eso.

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07 diciembre, 2010

No somos nadie (XXII). Te prohíbo que te gusten los Smiths.

En los años 50, Mark Rothko recibió el goloso encargo de decorar con sus cuadros el restaurante más molón de todo Nueva York: el Four Seasons del edificio Seagram. Un lugar diseñado por dos de los arquitectos más importantes del mundo, Philip Johnson y Mies van der Rohe, para dar de comer a gente guay. Al principio, Rothko se tomó el encargo en serio e incluso llegó a pintar los murales que le habían pedido. Pero luego se lo pensó y dio marcha atrás: no estaba dispuesto a dejar que un puñado de pijos convirtiesen sus lienzos en vulgares adornos para sus banquetes. "Quienquiera que esté dispuesto a pagar esos precios por ese tipo de comida", dijo, "no verá mis cuadros". Y devolvió el dinero. Pienso en esa anécdota cuando leo el cabreo que Johnny Marr se ha agarrado con David Cameron. Parece ser que el primer ministro británico ha ido diciendo por ahí que le molaban los Smiths, y al guitarrista le ha tocado las pelotas. "Te prohíbo que te guste nuestra música", ha twitteado el antiguo compinche de Morrisey. Qué tierno. Pero a pesar de los titulares, creo que la suya es una batalla perdida: ningún músico puede hacer lo mismo que hizo Mark Rothko, presentarse en el restaurante a parar la música que escuchan los políticos, los pijazos o los oportunistas. Una vez publicada la canción ya está todo el pescado vendido, no somos nadie, no podemos evitar que cualquier idiota la haga suya. Para muestra, un ejemplo escandaloso: el vídeo de Window in the Skies, una canción de U2. En él, Bono y compañía manipulan imágenes de archivo de los grandes iconos del rock para que parezca que están interpretando su música. Y los pobres Johnny Cash, Joey Ramone, Kurt Cobain o Morrisey, a joderse. ¿Alguien les pidió permiso? No creo: como digo, en cuestión de gustos musicales es demasiado fácil tomar el nombre de Dios en vano y salir indemne.

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30 noviembre, 2010

No somos nadie (XXI). Willi Dorner y el elogio del camuflaje.

Nunca he tenido claro si se dice "pasar inadvertido" o "pasar desapercibido". Sea como sea, en los dos casos se trata de una forma de no ser nadie. Una discreta afición que yo mismo practico (soy tímido, demasiado tímido) y que celebro en la obra de Willi Dorner. Este coreógrafo ha convertido el baile en una suerte de camuflaje urbano. Cuando llega a una ciudad, lanza una convocatoria para reunir voluntarios, los selecciona, los viste de colores, les tapa la cara con una capucha y los esconde por ahí. Justo lo contrario que Spencer Tunick, ése fotógrafo tan mediático que llena las plazas de gente en pelotas y sale en los titulares de todos los telediarios. Frente al nudismo facilón de Tunick, Willi Dorner practica una filosofía estética basada en la desaparición del cuerpo y su absorción por el entorno. De lo que se trata es de establecer un diálogo inesperado con los edificios y los sitios, con las papeleras, las paradas de autobús o los árboles de los parques. La vieja idea del cuerpo humano como medida de las cosas, pero aplicada tan a rajatabla que te da dolor de espalda. Para que quede constancia de las proezas imposibles de estos bailarines voluntarios, Willi Dorner cuenta con la ayuda de Lisa Rastl, una fotógrafa. Sus imágenes están en la página de Dorner, pero yo he subido un vídeo donde aparecen bastantes.

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14 noviembre, 2010

No somos nadie (XVIII). Being a dickhead (o ser fauna mongola) is cool.

Lo confieso: no sé lo que pienso sobre los modernos. Por una parte quiero ser uno de ellos, comprimir mis testículos con vaqueros de pitillo, usar pajarita, tener bigote y sacar partido a las camisas de señora que venden en las tiendas de segunda mano. Pero reconozco que me falta imaginación y me sobra sentido del ridículo. Este verano, en nuestras excursiones por los mercadillos de Londres, miraba a los hipsters del East Side y siempre me asombraba lo cerca que la moda está del esperpento. Aunque desde adolescente sospecho que si no molas no eres nadie, los moderniquis también me despiertan terror y risa. Por eso no tengo una opinión clara sobre ellos. Y por eso me identifico tanto con Fauna Mongola, el imprescindible catálogo de bichos raros madrileños publicado a golpe de caricatura. Pero como esta noche me apetecía rendir un homenaje a Londres, he optado por colgar un vídeo sobre los dickheads de Shoreditch. Misma idea, misma burla, misma fascinación. El temazo en cuestión lo canta un dúo que se llama The Grand Spectacular, y me juego el cuello a que ellos mismos son unos molones como los que critican. Pero el toque cutrón del grafismo y el juego con las fotografías me ha parecido irresistiblemente gamberro.

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10 mayo, 2010

No somos nadie (II). Born free, el vídeo censurado de M.I.A.

¿Qué pasa cuando tiras una bomba al lado de un tipo? Que explota. En un segundo pasa de existir a no existir, ya no es nadie. Lo paradójico del asunto es que este razonamiento, aunque sea de cajón, resulta intragable. Cuesta asumir que si un misil hace chas, yo desaparezca de tu lado. Que me volatilice. Nos hemos acostumbrado a la indiferencia de los bombardeos vía satélite que salen en los telediarios. No queremos ver, no queremos comprobar cómo explota un cuerpo. Y por eso cuando vemos el último vídeo de M.I.A. (dirigido por Romain Gavras y censurado en youtube por su violencia explícita), decimos 'hala, qué bruta, se ha pasado'. Es como si pensásemos que la muerte total, con toda su crudeza, no debería ser filmada nunca. Y menos en un videoclip. ¿Por qué? Porque automáticamente se convierte en espectáculo; porque sirve para vender más discos; porque es una forma simplona de polemizar; porque el videoclip es el epítome del producto audiovisual de consumo rápido, y resulta inmoral relacionar la muerte, o la guerra, o la política, con algo tan frívolo. Pero al mismo tiempo, hay una parte de mí que sigue creyendo en el poder de la imagen para transmitir un mensaje. Aunque sea a ritmo de discoteca.
Para ver otro ejemplo de cómo filma (y critica) la violencia Romain Gravras, hay que pinchar en "leer más".

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15 febrero, 2010

Con un seis y un cuatro (XI). Tipos y retratos en Leganés.

El próximo 25 de marzo vamos a colgar mis retratos en Leganés, en una sala que el ayuntamiento nos ha ofrecido. Es un honor, claro, pero también es una oportunidad para replantearme lo que hago y, sobre todo, lo que quiero seguir haciendo. Hace casi cuatro meses que no cojo la cámara, la serie de Berlín me dejó exhausto, necesito una idea, un objetivo, una nueva vuelta de tuerca a este mundo de las caras, a ver por dónde puedo tirar para no encallar. Y lo más importante: para no negar todo lo que he hecho hasta ahora y seguir una evolución coherente. Miro las fotos de estos últimos tres o cuatro años y trato de comprender qué es eso que no he dejado de buscar con mi cámara. ¿Gente rara? ¿Caras con personalidad? ¿Arquetipos? Un poco de cada, supongo. Pero para estar seguros, Alis y yo hemos planteado la exposición de Leganés como una especie de diálogo entre fotos, una comtraposición de retratos hechos en distintos sitios y momentos, un mexicano al que fotografié en 2009 frente a un marroquí al que hice una foto en 2006, un neoyorkino frente a un madrileño, un berlinés y una argentina. A ver qué hay en común, en qué se parecen las imágenes y en qué se parecen las personas. Todavía falta más un mes, estamos empezando. Pero de momento ya tenemos el tráiler de la exposición, gracias a nuestro amigo Mikto Kuai.

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06 febrero, 2010

Con un seis y un cuatro (III). George Sprott.

Seth es un anacrónico señor que se viste como Al Capone y que dibuja tebeos sobre gente al final de su vida. El último de estos tebeos crepusculares (y el más famoso también) se titula George Sprott. 1894-1975 y fue considerado por la biblia Rockdelux como el séptimo mejor cómic de toda la década de los noughties. Hasta aquí las certezas; a partir de ahora, la duda. George Sprott (el tebeo) pretende ser el retrato definitivo, poliédrico y razonablemente indiscreto de George Sprott (el personaje), un decadente presentador de televisión local. Pretende, digo, porque no lo consigue. Seth es consciente de que toda biografía está llena de elipsis, y por eso su retrato se queda en agua de borrajas, termina siendo sólo una concienzuda selección de fragmentos de vida y testimonios, no más, y por supuesto nada definitivo. Ahí reside (creo) el primer y principal mérito de George Sprott (el tebeo). Pero la cosa mejora cuando el protagonista del experimento es George Sprott (el personaje). Por su condición de figura televisiva olvidada, famosa y desconocida al mismo tiempo, Sprott es un caso claro de lo lejos que pueden marchar vida pública y vida privada, la enorme distancia entre lo que inventamos sobre nosotros, lo que enseñamos y lo que nos llevamos a la tumba. Pero esto, ya digo, es lo que yo creo. Para ver lo que opina el anacrónico Seth hay que pinchar en "leer más", porque he colgado una entrevista buenísima.


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27 enero, 2010

Mi familia es rara (VI). Bauhaus.

Lo mejor de la Bauhaus era la vidorra que se pegaban todos los que la hicieron posible. Ahora, cuando vemos las exposiciones de sillas, compramos los diseños robados por Ikea o escuchamos las canciones de Peter Murphy, casi nunca pensamos que detrás de la marca Bauhaus había una gran familia de artistas pasándoselo pipa donde el papá se llamaba (digamos) Kandinsky y la mamá se llamaba (por ejemplo) Moholy-Nagy. Yo estudié en un colegio mayor y sé cómo es eso de la vida comunitaria. Pero si alguien no me cree, que pinche en "leer más" y vea las fotografías que he colgado. Estas instantáneas muestran a los estudiantes de juerga, amontonados en las habitaciones, jugando al fútbol o vestidos con disfraces imposibles. Precisamente Muñoz Molina escribió el otro día sobre el tema: "Podían estar participando en una fiesta con música de jazz y licor clandestino en una novela de Scott Fitzgerald. Vienen de muchos lugares de Europa pero a ninguno lo distingue un rasgo nacional". Bauhaus (sigo yo) era una hermandad artística que tenía menos de gremio que de familia, y que estaba unida por un mismo sentido lúdico de la creación. Para demostrar esto que pienso he colgado un vídeo de los ballets de Oskar Schlemmer. Aunque a primera vista parecen coreografías inaccesibles, creo que en el fondo transmiten un saludable sentido del humor, el mismo que se respiraba en la escuela y que casi nunca se menciona.



Artículo relacionado: Payasos (y V). Joker.


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26 enero, 2010

Mi familia es rara (V). Rufus Wainwright.

Para la quinta entrega de esta serie sobre familias raras he querido recuperar un viejo asunto de debate: ADN y talento. La reproducción genética de la genialidad forma parte del imaginario colectivo, nos gusta pensar que si metes en la cama a un genio con otro genio, a los nueve meses tendrás un tercer genio. Podría haber explicado este sencillo principio de aritmética determinista con la historia de los Flores, pero he preferido a Rufus Wainwright porque el otro día me compré su disco y lo escucho bastante. Rufus es hijo de cantantes y hermano de cantantes, así que si no fuese porque es abiertamente gay, probablemente también acabaría siendo padre de cantante. Hay dos anécdotas que ilustran de manera tan rotunda como inconsistente el peso de la herencia en la trayectoria vital de este señor. La primera tiene que ver con su padre, que se llamaba Loudon III porque su padre (o sea, el abuelo de Rufus) también se había llamado Loudon, y porque el padre de su padre (es decir, el bisabuelo de Rufus) había hecho lo mismo. Si un nombre tan absurdo como Loudon es capaz de sobrevivir a tres saltos generacionales, qué no hará el talento. La segunda anécdota es todavía mejor: según he leído por ahí hubo un tiempo en que la mejor amiga de Rufus era la hija de George Bush, cuya familia aparece en Wikipedia como la más importante saga de políticos de Estados Unidos. Si la mala hierba de los Bush nunca muere... ¿por qué iba a hacerlo el talento de los Wainwright? Lamentablemente, hace una semana falleció Kate McGarrigle, mamá de Rufus, pero como se puede ver en este vídeo su talento perdura en youtube. La canción que los dos interpretan es una de mis favoritas de todos los tiempos.

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20 enero, 2010

Mi vídeo para buscar trabajo.

Después de mi paréntesis berlinés y de ciertos imprevistos médicos, creo que ha llegado la hora de incorporarme al mercado laboral. Mi buzón de correo está que echa humo de la cantidad de currículums que he mandado, pero como parece que sólo con eso no basta se me ha ocurrido editar un vídeo. Así, al mismo tiempo que vuelco mis ansiedades de desempleado ocioso, tengo la conciencia tranquila porque siento que estoy haciendo algo para remediar mi tragedia. Con un poco de suerte alguien lo verá y dirá: "mira, carajo, este tipo puede ser un buen fichaje". Desde hoy, y hasta que cambie mi situación, el vídeo estará disponible en la página de inicio de mitte. En la versión de youtube me lo han censurado porque tiene una canción de The Cure, y la versión de Blogger funciona regulera. Yo los cuelgo los dos, y a ver si alguno funciona. Nunca he creído que la parroquia de este sitio sea numerosa, pero si hay alguien ahí y lo ve, quizás quiera salvarme. ¡No se arrepentirá!

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