
Todo el mundo conoce los cuadros que Hopper pintó sobre gente sin amigos y edificios en el campo. Esta pintura, sin embargo, es bastante menos popular. En ella vemos a un trasunto del propio Hopper caracterizado como payaso. El mensaje es simple e ingenuo: los pintores, pobrecitos, son víctimas de su propia condición de entertainers. Hopper lo pintó cuando era joven e inseguro, y luego se arrepintió durante toda su vida porque sospechó que se había puesto en evidencia. A mí el cuadro me gusta por dos cosas. En primer lugar porque el payaso da muy mal rollo, parece sacado de una pesadilla, y yo tengo una insaciable vena siniestra. Y en segundo lugar, mucho más importante, porque supone la actualización de una iconografía tradicional, la del payaso-artista, que siempre ha estado presente en la historia del arte.
Para terminar, un dato: Hopper tardó cincuenta años en volver a pintar otro payaso. Lo hizo cuando estaba ya a punto de palmar, y el payaso que pintó aparecía despidiéndose. Murió sintiéndose todavía ridículo, pero por lo menos estaba orgulloso de ello. Para ver este último cuadro hay que pinchar en "leer más".
22 julio, 2008
Payasos (I). Soir Blue.
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20 junio, 2008
Payasos (II). Meryl Streep por Anne Leibovitz.
Durante algún tiempo Anne Leibovitz fue mi fotógrafa favorita. Me encantaba su artificiosa manera de interpretar la personalidad de la gente que posaba para ella: Clint Eastwood atado a un árbol, Whoopy Goldberg en una bañera llena de leche, Pelé convertido en dos pies llenos de callos... Ahora, un montón de años más tarde, la Leibovitz me cae un poco mal. Tengo la impresión de que el único interés de sus retratos es el modelo, casi siempre un famosete que pierde el culo por salir en la portada de la Rolling Stone o del Vogue. Anne Leibovitz ya no hace fotos tan valientes e inmediatas como ésta de Meryl Streep, donde la diva escenifica su ridícula condición de enmascarada. Ya lo dijo Bardem en los Oscars y, mucho antes, el gran Ferndando Fernán Gómez: "en el fondo, los actores son sólo una panda de cómicos". O sea, una panda de payasos. Pero algunos, como la Streep, tienen la suerte de que se cruce en su camino alguien capaz de sintetizar esa idea con una dignidad que te fuerza a quitarte el sombrero.
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Etiquetas: fotografía, Payasos
05 junio, 2008
Payasos (III). Pierrot.
Pierrot es uno de mis cuadros favoritos de todos los tiempos. Me gusta, en primer lugar, porque me cae bien el personaje. Me da un poquito de pena, el pobre, con esa cara de perdedor. En Wikipedia pone que Pierrot era el payaso bobalicón de la Comedia del arte, un tipo de teatro popular cuya gracia era que todo el mundo sabía lo que iba a pasar. El cuadro también me gusta porque siento una debilidad absoluta por Watteau, el más sensible de los pintores galantes. En una época, el siglo XVIII, donde lo que se llevaba era pintar juergas y escenas de ligoteo, Watteau casi siempre conseguía que sus cuadros dejasen un ligero regusto a melancolía. Dicen que el pintor estaba triste porque sabía que, antes o después, se iba a morir de tuberculosis. Si es así o no, nunca lo podremos averiguar. Lo que sí sabemos es que el cuadro tardó más de cien años en hacerse famoso, y que durante gran parte de ese tiempo no se comió un colín. Al parecer, alguien escribió en la parte de detrás: "¡qué contento estaría Pierrot, si tuviera el arte de complaceros!". Pero nadie daba un duro por él.
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03 junio, 2008
Payasos (IV). Dalí.
En 1936, apenas quince días antes de que estallase la Guerra Civil, Dalí estuvo a punto de morir asfixiado dentro de un traje de buzo. Ocurrió en Londres, en mitad de una conferencia. Nuestro amigo había tenido la genial idea de dar su charla con una escafandra, qué divertido, sin pensar en los riesgos que ello podría traer consigo. En mitad de la conferencia empezó a faltarle el aire y para salvarle la vida tuvieron que romper la escafandra a martillazos. Lo retorcido del asunto es que todo ocurrió delante de una audiencia que aplaudía entusiasmada. La gente, claro, había pagado por ver un espectáculo surrealista, y ni se imaginó que todo aquello fuese real. ¿Qué debió de sentir el ínclito Dalí mientras se mofaban de su muerte en directo? Me gusta pensar que, en ese preciso instante, comprendió que la clave de todo éxito estaba en garantizar el espectáculo. Y hasta que llegó su siguiente muerte en directo (con banda sonora de MECANO) ya nadie tuvo claro lo que era en realidad, si un artista o un payaso. Para ilustrar esta curiosa paradoja dejo aquí un vídeo de los años 50 donde el pintor trata de explicar a qué se dedica. Está en inglés y no tiene subtítulos, pero es impagable.
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26 mayo, 2008
Payasos (V). Marsias.
En la mitología clásica Marsias era el típico payasete que siempre iba por ahí dando la brasa con sus gracias. Pero, cosas de la vida, en lugar de pasar a la historia por su mejor chiste lo ha hecho por su último chiste. Resulta que Marsias se encontró una flauta. La cogió, la tocó, le gustó cómo sonaba y (en ese momento exacto) se le ocurrió una gracia: le tomaría el pelo a Apolo con ella. Apolo, por si alguien no lo sabe, era un guapín engreído; un sosainas que se pasaba el día tocando la lira con cara de lángido."Oye, Apolo, mira qué flauta tan maja tengo", le dijo Marsias. "¿Qué te apuestas a que soy capaz de hacer sonar una melodía mejor que las tuyas?". Apolo, soberbio como nadie, le contestó: "me apuesto hacer contigo lo que me dé la gana". Y el pobre Marsias, ingenuo, no supo frenar el chiste: aceptó, perdió y fue castigado a ser despellejado vivo. Los especialistas en mitos ven en esta historia una metáfora más sobre el eterno y sugerente conflicto entre el orden y el caos, pero yo no la he colgado aquí por eso. Prefiero pensar que es la historia trágica de un payaso incapaz de contener su sentido del humor. A veces, cuando te pasas de gracioso, te pueden arrancar la piel.
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21 mayo, 2008
Payasos (y VI). Joker.
Hace un millón de años, cuando descubrí que me gustaba el cine más que ninguna otra cosa, empecé a confeccionar un archivo de secuencias favoritas. Cogía mi VHS nuevo, lo conectaba al VHS viejo (muy viejo) y hacía una copia del momento exacto que quería conservar. Por desgracia, aquella maravillosa colección sólo tuvo una pieza: la secuencia de Joker destrozando un museo que Tim Burton había filmado, con música de Prince, para su primer (y único reseñable) Batman. En ella, el payaso más famoso del mundo historietil se coloca el disfraz de iconoclasta para arremeter contra el arte de los últimos cinco siglos, desde Rembrandt hasta Hopper. ¿Y por qué uso yo este vídeo ahora? Muy sencillo. En mi opinión, la gran conquista artística del siglo XX no ha sido ni la abstracción, ni el cubismo, ni la paja mental: ha sido el sentido del humor. O más concretamente, la capacidad del arte de reírse de sí mismo. Desde que Duchamp le pintó los bigotes a la Mona Lisa hasta que los hermanos Champman dibujaron monigotes en los grabados de Goya, el cachondeo me parece una saludable manera de reinventar lo artístico. Soy consciente de que mitte no destaca precisamente por los chistes; pero, por lo que a mí respecta, el reto de este blog es sacar punta siempre a la parte menos sesuda del arte. Con lo cual, supongo que el verdadero sentido de esta serie es demostrar que yo, el primero, también soy un payaso.
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