El otro día fui a Lavapiés a ver un montaje de teatro que se titulaba El vuelo del ahorcado. La obra estaba bien, era joven y los actores resolvían con naturalidad admirable. Sólo por eso ya fue una velada aprovechada. Pero el texto tenía un problema de base que a mí, personalmente, me impidió darle el sobresaliente. Resulta que "el vuelo del ahorcado" al que aludía era, más o menos, una metáfora sobre la liberación de las ataduras. Si "vuelas" -parecía querer decir-, te "liberas"; si no, te quedas colgado (y muerto). Matrimonios, obligaciones laborales, compromisos varios, todo eso no son más que sogas que nos cortan las alas. ¡Uf! La idea me habría encantado cuando tenía 17 años, pero ahora soy más disciplinado y me muero de gusto cuando me echo una responsabilidad encima. "Volar", en el sentido más cursi de "abandonarme a la improvisación", ya no es un concepto que me haga dar palmas con las orejas. Quizás por eso, cuando el otro día pusimos en casa El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no me emocioné como en los noventa. La película me trajo buenos recuerdos, claro, me hizo acordarme de todas aquellas veladas literarias de cuando iba a la universidad y sentía que estaba bebiéndome la vida por los poros. Pero confieso que también me sonrojó con su forzada poética. ¿Me he vuelto aburrido o es que ahora tengo una sensibilidad más exigente? Supongo que un poco de las dos cosas. Pero apelando a esa poca y refinada sensibilidad que me queda, aunque sólo sea en nostálgico homenaje a aquellos años más inocentes, ahí va un momento mítico de la peli.
14 junio, 2011
On the air (XVIII). Ajustando cuentas con el lado oscuro de mi pasado.
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12 mayo, 2010
No somos nadie (IV). La función por hacer.
¿Quién es más real, un personaje de ficción o un tipo corriente? El tipo corriente, diría yo: porque huele, porque se rasca cuando le pica, porque de vez en cuando se siente morir y porque a veces se toma un menú Big Mac y luego tiene remordimientos. Tan real como la vida misma, ¿no? Pues no. Después de ver La función por hacer en el Teatro Español ya no estoy seguro. Esta obra, dirigida por Miguel del Arco, plantea la hipótesis contraria: que en realidad el tipo corriente no es nadie. Que no tiene entidad ni consistencia, por mucho que le pique. El personaje de ficción, sin embargo, goza de una inmortalidad inmutable, siempre la misma, aprehensible y fija. Nosotros moriremos y en dos generaciones habremos desaparecido, pero Humbert Humbert seguirá buscando la belleza en los muslos de Lolita, Mortadelo seguirá disfrazándose para escapar de Filemón y Cristo, en la cruz, se preguntará cada Semana Santa por qué su padre le ha abandonado. Este razonamiento, tan devastador que me quita las ganas de salir de la cama, no es original de La función por hacer. El primero que lo hizo fue Luigi Pirandello, allá por los años 20, cuando escribió Seis personajes en busca de autor. Pero Miguel del Arco ha tomado la vieja obra, ha añadido cuatro pinceladas y le ha quedado un montaje de lo más impactante. Como siempre (ayer, hoy, dentro de mil años) Hamlet tenía razón: "ser o no ser, he ahí la cuestión".
Artículo relacionado: Con un seis y un cuatro (III). George Sprott.
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22 noviembre, 2007
Garrick.
La nueva obra de Tricicle se basa en dos ironías curiosísimas. La primera es que el humor, si lo piensas, consiste en una serie de fórmulas sencillas que cualquiera podría aplicar. O sea, que la gente paga una pasta por ver algo que, si se empollase el manual de instrucciones, sería capaz de hacer gratis en casa. Habrá quien piense que esto es una burla, pero yo creo que es genial. Garrick, que así se llama el montaje, es como un espectáculo de magia donde un señor te explica cómo se hacen los trucos. Y aquí, señores, me voy a permitir la chulería de usar mi prefijo favorito, “-meta”: Garrick es metahumor, humor a partir del propio humor, chistes sobre cómo contar chistes. ¿Y la segunda ironía? Je, je, ésta es la mejor. La segunda ironía es que, a pesar de que los señores de Tricicle juegan con las cartas descubiertas, sus trucos siguen funcionando. Manda huevos, ¿eh?
(Si alguien quiere buscarnos entre el público, que pinche en "leer más").
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