Llegamos a Marrakech en un amanecer húmedo. El viaje de regreso había comenzado dos días antes, en el desierto. Primero, en camello. Luego, en una furgoneta de españoles donde suplicamos un hueco por caridad y por compatriotas. Y finalmente, en un frío autobús que atravesó el Atlas durante la noche, sin sueño. Cuando llegamos a la Plaza de Djemaa El Fna hacía tres días que no nos habíamos lavado. Llevábamos la cabeza envuelta en pañuelos, como los tuaregs que habíamos conocido. Era muy temprano y todo estaba desierto. Subimos a la terraza de un hotel, pedimos un café y aprovechamos para asearnos en el lavabo. Desde allí se veía despertar la ciudad, manchada de charcos. Empezó a chispear y el café se nos mezcló con la lluvia y la roña que caía de nuestra propia piel. Fascinado por el perezoso movimiento de la plaza, me escapé un segundo a hacer alguna foto. Pero la lluvia arreció y era muy difícil mantener la óptica seca, así que sólo me dio tiempo a disparar un par de veces. Esta foto me gusta por el juego geométrico que hay entre el eje del minarete y las esferas de la rueda y su reflejo.
Para ver otras imágenes de Marruecos, como siempre, también se puede visitar mi fotolog.
28 febrero, 2008
Marrakech. Plaza de Djemaa El Fna.
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26 febrero, 2008
Marruecos. Artesano del caravansar.
Antiguamente los caravansares de Marruecos eran lugares de acogida para los mercaderes que llegaban con sus camellos. Algo así como nuestras casas de postas, pero un pelín más orientados al comercio, supongo. Hoy ya no hay camellos en las ciudades, sólo están en el desierto. Los caravansares del siglo XXI son edificios con un patio interior donde sueles encontrarte artesanos repartidos en diferentes locales. Aunque están abiertos al público y cualquiera puede colarse a echar un vistazo, estos caravansares todavía conservan una atmósfera tradicional, de gremio. El señor de la imagen se dedicaba a trabajar el metal. Creo recordar que hacía damasquinado, pero no estoy seguro. Lo que me interesaba cuando tomé la foto era captar el movimiento constante del martillo cayendo sobre la punceta, pum, pum, pum, en una especie de trance que podía durar horas. No es una de mis favoritas, pero me gusta el dinamismo que desprende.
Esta foto y muchas otras también se pueden ver, a un tamaño mejor, en mi fotolog.
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25 febrero, 2008
Marruecos. Pescadores en Essaouira.
En ocasiones ocurre que la parte más significativa de una foto resulta ser la que menos nos esperábamos. Esta imagen es un buen ejemplo. Todas las tardes, en el puerto de Essaouira, los pescadores subastan la captura del día. Sobre las rocas del espigón destripan los peces y venden la mercancía mientras un enjambre de gaviotas picotea, chilla y hace vuelos rasantes. La impresión general, con la luz del atardecer, el sonido del mar, el olor del pescado y el ajetreo de las subastas es tan intensa que cualquier fotografía siempre quedará coja. Cuando yo hice ésta, además, la mayor parte del pescado estaba ya vendida: sólo quedaban tres o cuatro chicos agachados sobre las vísceras y otro grupo que descansaba bajo los últimos rayos de sol. Intenté captar el ambiente relajado del conjunto y me salió esta foto. Al principio no me decía nada, pero cuando la miré un poco mejor me llamó la atención un pequeño detalle: la mano que ocupa la parte de arriba, a la izquierda. Esa mano me parece lo más interesante porque sugiere que hay más gente detrás de la cámara, que hay movimiento, que el mundo sigue. Ruido, mar, olores... Lo que a uno le apetezca imaginar.
Para ver más fotos de Marruecos se puede visitar mi fotolog.
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24 febrero, 2008
Marruecos. Curtidor de Marrakech.
Las curtidurías más famosas de Marruecos son las de Fez. Los turistas se colocan una ramita de menta debajo de la nariz para no vomitar de asco con el olor y se suben a las terrazas a hacer fotos de las cubas de colores. Es una estampa típica, inevitable. Las curtidurías de Marrakech son mucho menos fotogénicas y, por tanto, menos turísticas. Esta foto tuve que hacerla a través de un cañizo porque no se podía pasar. Al otro lado estaban las bañeras llenas de ácido donde los trabajadores se dejan la piel y los pulmones. Al final, la limitación se volvió a mi favor. Me gusta que la imagen haya quedado sucia y que sólo se distinga lo que es verdaderamente importante, para que la lectura sea inmediata. En teoría, es lo que debería ocurrir en todas las fotos correctas, pero no siempre resulta tan obvio.
Hay más imágenes de Marruecos aquí, en mi fotolog.
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21 febrero, 2008
Marruecos. Chilaba en Essaouira.
La primera vez que viajé a Marruecos me impresionó que todo el mundo llevase chilaba. Y, más aún, que se pusiesen la capucha. Las capuchas siempre me habían parecido un complemento de adorno que cuelga sobre la espalda, pero que en realidad nunca usas. O, al menos, que no usas habitualmente. Y nada más desembarcar en Tánger, descubrí que allí es perfectamente normal que los señores caminen embozados, a veces con la cara completamente oculta. Es una imagen poderosa que me sugiere misterio y antigüedad. En esta foto, además, el efecto fantasmagórico se duplica al proyectarse la silueta del señor sobre la pared. Tal y como yo lo veo, ninguna de las dos figuras es más real que la otra, las dos me parecen el mismo espectro.
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20 febrero, 2008
Marruecos. Señores en cuclillas.
Estos dos señores me caen estupendamente. Cuando veo la foto que les hice en un portalón de Fez , siempre me da por pensar que son amigos de toda la vida y que todavía se lo pasan bomba cuando están juntos. Me encanta la picardía de la mirada del que está más cerca, y que la timidez del otro funcione como complemento lógico. No me cuesta nada imaginar que hace cincuenta años era exactamente igual.
También me gusta mucho que estén sentados tranquilamente en el bordillo. Siempre me ha dado envidia la naturalidad con que se vive la calle en Marruecos, donde la gente se pone en cuclillas para dejar pasar el tiempo. En algún libro he leído que, hace años, los españoles hacíamos lo mismo, que nos pasábamos la vida agachados en las plazas. Ahora sólo me siento en los portales cuando quiero sentirme joven, y eso me pasa cada vez menos. Ojalá alguien me hiciera una foto como ésta dentro de cuarenta años.
Hay otras fotos de Marruecos aquí, en mi fotolog.
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19 febrero, 2008
Marruecos. Tuareg con motocicleta.
La camioneta tardó varias horas en ponerse en marcha. Estaba en la ciudad sólo para hacer acopio de víveres, con listas interminables que el conductor había recogido en los albergues del camino. Para muchos habitantes del desierto, ésta es la única oportunidad en varios días de conseguir lo que necesitan. Cuando por fin arrancamos ya daban las tres de la tarde. Aun así, la camioneta empezó a moverse con las puertas abiertas para que un niño que nos perseguía pudiese lanzar algunos sacos de pan al interior. Antes de abandonar la ciudad vimos cómo un hombre se caía de su bicicleta y se quedaba tendido en mitad de la calzada, aullando de dolor, con la pierna separada de la rodilla. El conductor no se detuvo porque iba con prisa. Algunos kilómetros más tarde llegamos a una curva donde nos salimos del asfalto para conducir por mitad del desierto. El paisaje era de ceniza compacta, como un volcán aplastado por el sol. En la distancia, las dunas. El tuareg de la foto se había parado a vernos pasar. Me gusta el contraste entre la indumentaria tradicional y el ciclomotor, que se me antoja ridículo para un paisaje tan agreste. Y celebro también que sea una imagen simétrica porque me transmite sensación de vacío. Para ver otras fotos de Marruecos, mi fotolog.
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18 febrero, 2008
Marruecos. Ibrahim.
Ibrahim tiene doce años (o eso dice, porque probablemente tenga menos). Le conocimos en Rissani, una parada casi obligatoria en las rutas hacia el desierto de Marruecos. Habla árabe, francés y una pizca, casi insignificante, de inglés. Cuando sonríe se le ilumina la expresión con franqueza y orgullo. De él nos cautivó su inteligencia ágil y simpática, todavía sin contaminar por la picaresca. En Rissani, Ibrahim nos guió por el oscuro y pegajoso laberinto de la kasba, un lugar tan negro que a veces no eres capaz de ver ni tu propia mano. Si le preguntabas por el miedo a las sombras, sencillamente no entendía de qué estabas hablando. Al ver la foto que le hice, me llama la atención esa profunda cicatriz de su frente. Supongo que será la marca de alguna pedrada, porque los niños de Risanni son bastante bestias. También me sorprende la inapelable perfección de su cara. A Ibrahim le hacía muchísima ilusión verse en Internet, pero no tiene una dirección de correo electrónico que yo pueda usar para avisarle de que he colgado su retrato. La última vez que nos vimos me contó que entraba todos los días en mi fotolog para ver si ya estaba allí su foto. Pero de eso hace casi dos meses, así que supongo que se habrá cansado. Me gustaría poder avisarle ahora: Ibrahim, ceci est pour toi. J'espere que tu le vois.
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17 enero, 2008
Fiestas de San Antón. El perro punki.
Cada vez que en Madrid llega la hora de acordarse de San Antón, la gente saca a sus perros para que el cura los bendiga. En realidad, San Antón prefería a los cerdos, pero hoy sólo tiene cerdo George Clooney, y dudo que él sepa de esta juerga animal. Entre los perros que vienen hay de dos tipos: vestidos y desnudos. Los que van en pelotas, a pesar de estar en presencia del santo, no escandalizan a nadie. Y los que van vestidos, como Chueca y Malasaña pillan al volver la esquina, pueden llevar hasta camisetas de punkis. Pobres, los pobres, tan anarquistas y de misa en misa. Vida de perros...
(Para más fiestas de San Antón, Sindrogámico).
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15 enero, 2008
Viaje a Darjeeling.
En Sindrogámico he contado que Wes Anderson me gusta, pero que casi nunca me satisface del todo. Cuando fui a ver Viaje a Darjeeling, por ejemplo, tuve la sensación de que a la historia le faltaba consistencia, que le sobraba una pizca de onanismo y que se echaban de menos unas cuantas semanas más de escritura de guión. Eso sí, me encantó cómo estaba filmada. Wes Anderson tiene una especial habilidad para construir espacios con la cámara, y eso es tan infrecuente que hay que celebrarlo. A mi entender, casi todos los directores utilizan el encuadre y los travellings para enfatizar movimientos o sensaciones, y al final su planificación pierde fuerza, se vuelve invisible. En el cine de Anderson no ocurre eso, sino que los movimientos de cámara localizan a los personajes en un espacio concreto, perfectamente delimitado y (lo más importante) dramático. No es casualidad que Life Aquatic transcurra en un submarino y que Viaje a Darjeeling lo haga en un tren. Con sus característicos travellings paralelos y sus panorámicas en ángulo de noventa grados, este hombre logra que el espectador se meta físicamente dentro de la película. Podría seguir explicándolo, pero creo que el mejor modo de ilustrar lo que trato de decir es ver un ejemplo. Y por eso he colgado aquí el famoso corto Hotel Chevalier, que todo el mundo busca en Internet para verle el culo a la Reina Amidala. Le faltan 2 minutos al principio, pero no son importantes. Para echarle un ojo, sólo hay que pinchar en “leer más” (¡y rezar por que funcione, que a mí a veces me falla!).
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09 enero, 2008
La curiosidad mató al gato.
Uno de los fenómenos más curiosos de internet en 2007 ha sido un vídeo que, paradójicamente, nadie es capaz de ver. Se titula 2 girls, 1 cup, y si uno lo busca en youtube sólo encuentra reacciones de gente que lo está mirando. A juzgar por la cara que ponen, lo que ven no les gusta absolutamente nada. Del vídeo original, ni rastro; uno tiene que imaginárselo a partir de la música que se escucha y de las caras de repugnancia o sorpresa del personal. Por supuesto, enseguida se siente curiosidad: "¿cómo será el vídeo, que provoca reacciones tan extremas? ¿Lo busco o no lo busco?". Yo soy demasiado curioso como para resistirme, y al final lo busqué. Sólo aguanté tres o cuatro segundos delante de la pantalla antes de levantarme y dejar de mirar. Grité, se me revolvió el estómago y sentí un asco profundo. Sabía que me iba a pasar eso porque había visto a un montón de gente sintiendo lo mismo que yo, pero la curiosidad fue más fuerte que el miedo. Y eso es precisamente lo que me llama la atención de este fenómeno: el poder de sugestión que tiene. Por eso, en lugar de colgar aquí un link a la página donde está el vídeo original, he preferido colgar sólo algunas reacciones. Si alguien quiere seguir tirando de la hebra y está dispuesto a teclear "2 girls 1 cup" en Google, eso es cosa suya. Pero que conste que yo no lo recomiendo...
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07 enero, 2008
Deseo, peligro y la duración de las películas.
Una amiga mía dice que Deseo, peligro es una versión china de El club de los Cinco. Según ella, la profundidad de la trama no va mucho más allá de las novelas de Enyd Blyton. Y yo, en parte, estoy un poco de acuerdo: el bueno de Ang Lee siempre se las apaña para colarnos historias bastante simplonas como si tuviesen una enjundia sin precedentes. El ejemplo más claro está en la sobrevaloradísima Brokeback mountain, pero con Deseo, peligro ha vuelto a hacerlo. Lo curioso del asunto es que Ang Lee utiliza cada vez un truco diferente para parecer un director serio. Brokeback mountain, por ejemplo, nunca habría pasado de mero telefilm romanticón si no hubiera sido porque los protagonistas eran dos pastorcillos traviesos que ruborizaban a los espectadores con sus juegos de pradera. Y Deseo, peligro, no habría pasado de excelente thriller erótico si no hubiera sido porque dura casi tres horas. Y claro, como todo el mundo sabe, la trascendencia de una película es directamente proporcional a su metraje. A mí Deseo, peligro me gustó bastante, pero creo que no hace falta estirar las cosas para que parezcan más profundas. Siempre he admirado más a los directores que saben condensar que a los que se dejan llevar por sus diarreas creativas. Y aunque Deseo, peligro es ya una estupenda película, sería mucho mejor si durase una hora menos. Si alguien quiere saber lo que opino sobre las escenas guarras, que lea Sindrogámico.
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22 diciembre, 2007
Imágenes de Toulouse (y II). Sandra.
Es mentira que no tengamos prejuicios. Es mentira que no viajemos a los países con una idea preconcebida de lo que nos vamos a encontrar allí. O, al menos, de lo que nos gustaría encontrarnos. Yo, por lo menos, sé que siempre que voy a un sitio trato de hacer fotos conforme a los esquemas mentales que han viajado conmigo. Hay quien opina que construyo imágenes artificiales, pero yo prefiero pensar que más bien reconstruyo las imagenes que tengo en la mente. Un ejemplo claro es este retrato de Sandra. Sandra era la dueña de un bar donde entramos a tomar algo en Toulouse. "Bienvenidos a mi sitio", nos dijo con hospitalidad sincera. Y a continuación desplegó para nosotros todo un repertorio de sorpresas y excentricidades. En cierto modo, Sandra era una especie de Amelie, el último gran estereotipo de la mujer francesa. Con sus medias de colores y su mirada soñadora, se pasaba las tardes preparando bocadillos de espinacas. Y yo, al fotografiarla, no sólo me traje de Toulouse un bonito recuerdo, sino también una de esas reconstrucciones de prejuicios.
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18 diciembre, 2007
Imágenes de Toulouse (I). Gilbert Garcin.
Uno de los lugares más interesantes de Toulouse es el Château d'eau, la antigua torre de aguas que ahora funciona como centro de fotografía. Allí tienen una asombrosa biblioteca llena de libros de fotos, y cada cierto tiempo organizan exposiciones. Este invierno, el autor cuya obra han recopilado es un entrañable ancianito llamado Gilbert Garcin. Un señor que, cuando se jubiló hace quince años, decidió convertirse en fotógrafo. Y menudo fotógrafo. En principio, sus imágenes tienen todos los ingredientes para aburrir: Monsieur Garcin sólo hace fotos de sí mismo, y encima les pone títulos tan chungos como La ambición, La promesa de Dios o Mirada a la pintura contemporánea (véase ejemplo). No obstante, cuando uno contempla su obra atentamente, se da cuenta de que éste no es un fotógrafo pretencioso. Sus imágenes no aspiran a explicar el sentido de la vida, sino que se conforman con ilustrar los habituales conflictos del alma. Son pequeños poemas de una simplicidad fascinante, construidos a partir de microcosmos inventados y autorretratos recortados (con tijera). Alis me contó que ella ya había leído sobre Garcin en El País, pero a mí me pilló por sorpresa y me dejó encantadísimo. Fue, sin duda, una gran lección de fotografía. Quien quiera ver más fotos, puede visitar su página.
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17 diciembre, 2007
La soledad de los astronautas.
Este fin de semana fui al cine a ver una película sobre astronautas. Se titulaba Interkosmos y era un falso documental sobre los planes de la RDA para colonizar otros planetas. Reconozco que me aburrí un poco, pero aun así me gustó mucho cómo reflejaba la soledad del astronauta. Había dos protagonistas, una mujer y un hombre, que viajaban en cohetes diferentes. Estaban enamorados el uno del otro y mantenían conversaciones larguísimas, a través de la radio, en mitad del espacio. En la película estas conversaciones se escuchaban sobre un plano de la Tierra grabado desde la nave, y era desolador. Los astronautas siempre me han parecido una figura trágica, tan solos y abandonados ahí arriba. A raíz de Interkosmos he estado pensando y he descubierto que muchas las aventuras espaciales que más me gustan son historias de astronautas tristes. Algunas de esas historias están aquí ahora, en estos vídeos. Empezando por la que vi este fin de semana, claro.
Artículo relacionado: La soledad de los profesores.
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13 diciembre, 2007
Un hombre que mira ciudades.
Estos días ando completamente obsesionado con el trabajo de un italiano llamado Francesco Jodice. En el Reina Sofía vimos un documental suyo sobre la ciudad de Sao Paulo, y desde entonces no consigo sacármelo de la cabeza. El documental se titulaba Sao Paulo City Tellers y contaba cómo la propia dinámica urbana había creado nuevas profesiones. Francesco Jodice no es exactamente un director de cine, pero había conseguido dibujar un panoraba fascinante y aterrador de la megalópolis brasileña. Jodice se ha especializado en ciudades y se pasea por el mundo con una doble mirada, de antropólogo y de artista. Unas veces hace vídeos y otras veces se limita a tirar fotos, pero en el fondo da lo mismo: lo que más me gusta de su trabajo es que siempre consigue captar la atmósfera de los sitios (y, sobre todo, de la gente que vive en los sitios) a partir de planos estáticos. En su página no hay ni rastro de Sao Paolo City Tellers, pero sí que hay un documental sobre jóvenes japoneses titulado Hikikomori, que ilustra bastante bien esto que trato de explicar. Si alguien tiene media hora, recomiendo encarecidamente que lo busque. Sólo hay que tirar del hilo a partir de aquí.
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12 diciembre, 2007
Arte, amor y escaparates.
Me encantan las grandes ciudades porque a veces, si tienes suerte, pueden brindarte inesperados momentos de poesía. Esta misma tarde, por ejemplo, me ha sucedido a mí. En las callejuelas de detrás de Gran Vía, donde se amontonan las putas y los sex-shops, me he topado con una tienda que se llamaba Boutique Solo Amor. A pesar de tener un nombre como ése y de estar en un barrio tan erótico, la boutique Sólo Amor es sólo una tienda de ropa vintage. Pero cuando uno se fija mejor, descubre que en el escaparate han encerrado a dos enamorados, un chico y una chica, para que se desenamoren a la vista de putas, modernetes y curiosos como yo. Se trata de una performance importada de Holanda, y durará hasta el domingo que viene. Cada día que pase, el chico y la chica ensayarán una manera diferente de romper la magia de su amor. El título no podía ser más sugerente: 7 intentos de perderse el uno al otro. Quien no pueda (o no quiera) darse un paseo, puede echar un ojo a este vídeo o a la web. Pero ojo, no hay nada como verlo allí mismo, en el número 38 de la calle Barco. De 11 a 14.30, y de 15.30 a 20.00.
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11 diciembre, 2007
Objetos Fascinantes
-“Perdona, ¿tienes hora?”- Por toda referencia horaria, el chaval me mostró este particular reloj. Cuando lo vi, supe que tenía que ser mío.
Este objeto activa mecanismos de memoria infantil que hacen salivar a mis papilas gustativas. ¿Quién de nosotros no ha disfrutado alguna vez locamente comiéndose cada una de estas pequeñas bombas de azúcar hasta acabar con la pulsera entera? A los/las más afortunados/as, les compraban un collar.
No creo que sea su sabor lo que atrae tanto, pues ocurre con ellas como con el carbón de reyes; que sólo sabe a azúcar y que aunque pocos niños se resisten a pedirlo, a muy pocos les gusta de verdad. También se puede pensar que lo que atrae de estos dulces es el hecho de que son varias golosinas en una y que prometen, por tanto, un placer prolongado. Pero lo que realmente las hace irresistibles es que poseen la magia de lo efímero, pues su belleza exterior (se presentan en forma de joyas o complementos) desaparece cuando desempeñan la función de golosinas a la que están avocadas.
Aunque las tradicionales pulseras y collares de azúcar ya eran suficientemente retorcidas en lo que a elaboración conceptual se refiere, esta evolución moderna alcanza extremos de sofisticación con los que mi infancia ni siquiera soñó. Si a los niños de antes se les llamaba la atención por medio de la atracción de lo efímero, ¿qué tipo de estrategia se sigue con los niños actuales? Se me ocurre que el hecho de invitarles a “comerse” un reloj parece incitarles a “comerse” su tiempo. El mensaje subliminal, entonces, sería que la vida no tiene sentido y que no tienen por qué prolongarla cuidando de su salud, sino que pueden comer cuantas golosinas quieran. Aunque también se me ocurre que tras este objeto puede esconderse una justa venganza por parte de los niños contra el bárbaro Cronos, que según creo fagocitaba a sus hijos según éstos iban naciendo.
Y a vosotros, ¿qué os sugiere este objeto fascinante?
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Música sin palabras (y II). Cash. I see a darkness.
Vaya por delante que me pirra Johnny Cash, y que la sola mención de su nombre basta para que se me desabrochen solos los cordones de los zapatos. Una vez dicho esto, todo lo que venga a continuación estará libre de juicios incondicionales. A fin de cuentas, de lo que se trata aquí no es de hablar de un cantante, sino de un tebeo: Cash. I see a darkness. Una biografía en viñetas que me ha impresionado, sobre todo, porque dibuja la música. El tipo que la firma, Richard Kleist, parte de un planteamiento muy sencillo: Johnny Cash era un contador de historias. Y a partir de aquí, el paso siguiente es de una lógica aplastante: para transmitir la fuerza de sus canciones, lo más fácil es dibujar estas historias. Parece un razonamiento de Perogrullo, pero a mí se me antoja como uno de los hallazgos más felices de los últimos tiempos. Cash. I see a darkness, es una caja china que, además, incorpora rodillos de música; un mecanismo de espejos donde una historia contiene a otra y cada canción sirve como excusa para experimentar formas de contar. Gracias mil, por tanto, a todos los que me lo regalaron.
Publicado por Rfa. a las 19:51 1 comentarios
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10 diciembre, 2007
Música sin palabras (I). Solletico.
Una vez alguien me preguntó por qué me gustaba una canción y yo fui incapaz de explicarlo. Mi gran frustración desde entonces es no saber describir los sonidos. Estoy convencido de que se trata de un don, no de algo que se pueda aprender. Y como yo no tengo ese don, me conformo con encontrar formas alternativas de contar a los demás cómo suenan las cosas. Un ejemplo es este vídeo de un concierto de Solletico. Yo estuve en aquel concierto y me gustó tanto que quería contarlo aquí, en mitte, pero me sentía incapaz de hacerlo. Y mira tú por donde, un día me topo con este vídeo en youtube. Bienaventurados los que tienen acceso a la tecnología, porque ellos trabajarán menos. Gracias a este vídeo me voy a ahorrar un buen puñado de adjetivos que sólo sonarían a tópico. ¿Cómo es el sonido de Solletico? Pues, tal y como yo lo veo, sofisticado y cosmopolita, bastante elegantón y muy, muy contagioso. Solletico es uno de esos grupos que escuchas moviendo primero la cabeza, luego los pies y luego las caderas. Pero vamos, ya digo que las descripciones de sonidos se me dan fatal. Lo mejor es ver el vídeo. Tiene un sonido pobre, pero creo que refleja bastante bien la atmósfera de un concierto de esta gente. Muy recomendable.
Artículos relacionados:
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04 diciembre, 2007
Banksy.
Siempre he sentido una enorme debilidad por el arte callejero que va más allá del típico graffiti, porque me inspira y porque me hace sentir a gusto en la ciudad. El más famoso de los artistas urbanos es, probablemente, Banksy. Este señor se pasea por la vida con los modales de un superhéroe, alimentando el mito de su persona mientras los policías de medio mundo se vuelven locos para desenmascararle. Sus diseños suelen ser combativos e imaginativos a partes iguales, con mensajes anti-sistema y un divertido sentido del pop. De todos, los que más me han impresionado siempre son los que pintó sobre el muro de Palestina. Y no sólo porque sean originales y potentísimos, sino porque uno no se espera ver a un graffitero pintando en aquellas tierras.
Si cuento todo esto es porque el otro día una amiga me regaló un estupendo libro sobre Banksy, y entre sus páginas encontré una historia que me impactó. Según cuenta el propio artista, cuando estaba en plena faena se le acercó un viejo palestino y le dijo: “al pintar el muro haces que sea más bonito”. Bansky, halagado, le dio las gracias. Y entonces el viejo continuó: “no queremos que sea más bonito. Odiamos este muro. Vete a casa”.
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[REC]
Las pelis de terror me crean un pequeño conflicto porque nunca tengo muy claro con qué criterios valorarlas. En teoría, la calidad de estas cintas debería ser directamente proporcional al nivel de pánico que experimentes cuando las ves. Pero no nos engañemos, que ése es un supuesto falso: se puede provocar mucho, mucho miedo y aun así hacer una película de mierda. Lo he estado pensando un ratito, y al final he llegado a la conclusión de que las mejores pelis de terror son las que te dejan el susto dentro, para que te lo lleves a casa y te dé miedito por las noches. Es lo que me sucedió con [REC], esa siniestrísima versión de 13 Rue del Percebe que Jaume Balagueró se ha sacado de la manga para recogijo de los espectadores masocas. Dos días después de ir al cine me despertó la sed en mitad de la noche, y me levanté a beber agua. Estaba sólo en casa. En cuanto abrí la puerta de la habitación me acordé de una secuencia especialmente escalofriante de la película, una secuencia donde el miedo no procede tanto de lo que has visto, sino de lo que crees haber visto. Mientras trataba de controlar el tembleque de las rodillas, tuve que reconocer que secuencias así son las que hacen de [REC] una buena peli de miedo. Podría volverme loco tratando de explicar en qué consiste exactamente eso de "asustar sin mostrar", pero he preferido colgar este clasicazo de youtube. No sólo ilustra lo que quiero decir, sino que, según dicen, el propio Balagueró lo ha tomado como fuente de inspiración. Si alguien quiere leer un poco más sobre el cine de terror, que visite Sindrogámico.
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28 noviembre, 2007
La peor banda del mundo. La eliminación de los recuerdos.
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Etiquetas: tebeos
La peor banda del mundo. El inextricable laberinto del destino.
Publicado por Rfa. a las 19:57 3 comentarios
Etiquetas: tebeos
La peor banda del mundo. El insostenible peso de las palabras.
Publicado por Rfa. a las 19:51 3 comentarios
Etiquetas: tebeos
27 noviembre, 2007
La peor banda del mundo. El paso de las estaciones.
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Etiquetas: tebeos
26 noviembre, 2007
La peor banda del mundo. La persistencia de los sueños.
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Etiquetas: tebeos
22 noviembre, 2007
Garrick.
La nueva obra de Tricicle se basa en dos ironías curiosísimas. La primera es que el humor, si lo piensas, consiste en una serie de fórmulas sencillas que cualquiera podría aplicar. O sea, que la gente paga una pasta por ver algo que, si se empollase el manual de instrucciones, sería capaz de hacer gratis en casa. Habrá quien piense que esto es una burla, pero yo creo que es genial. Garrick, que así se llama el montaje, es como un espectáculo de magia donde un señor te explica cómo se hacen los trucos. Y aquí, señores, me voy a permitir la chulería de usar mi prefijo favorito, “-meta”: Garrick es metahumor, humor a partir del propio humor, chistes sobre cómo contar chistes. ¿Y la segunda ironía? Je, je, ésta es la mejor. La segunda ironía es que, a pesar de que los señores de Tricicle juegan con las cartas descubiertas, sus trucos siguen funcionando. Manda huevos, ¿eh?
(Si alguien quiere buscarnos entre el público, que pinche en "leer más").
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21 noviembre, 2007
Christopher Lee y el corta-pega conceptual.
El otro día discutía con un amigo sobre la portada del último disco de Christopher Lee, Revelation. En ella, el intérprete de Drácula aparece recortado y pegado sobre la imagen de una plaza de toros, probablemente la de Ronda. Y detrás de él, también recortadas y pegadas, las figuras de unos bailarines y unos músicos flamencos. Tanto mi amigo como yo nos quedamos flipados ante la simplicidad del concepto, pero no nos poníamos de acuerdo a la hora de encontrar una explicación. Mi colega opinaba que la portada de Revelation, más que simple, es cutre. Y es cutre porque a estas alturas de la película, con 86 años, es muy probable que Christopher Lee haya perdido el rumbo. Yo, por el contrario, pensaba que la simplicidad de la portada era perfectamente coherente con el concepto kitch del disco. Después de todo, estamos hablando de un álbum donde el actor siente la revelación del flamenco y se atreve con temas de El hombre de la Mancha (sí, el musical de Paloma San Basilio) o el inmortal My Way. ¿Por qué no completar la jugada con una portada igual de atrevida? A veces tengo la sensación de que hemos caído en la dictadura del photoshop y del virtuosismo, y que con ello nos hemos olvidado de lo maravilloso que puede ser a veces un collage artesanal, aunque quede cutre. Por tanto, exclamo con orgullo: "¡viva el corta-pega conceptual!".
(Para ver la imagen más grande, sólo hay que pinchar en ella).
Artículos relacionados:
- La Reina lee Sindrogámico. (en Sindrogámico).
- Arte conceptual y frigoríficos.
- El efecto Paint.
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20 noviembre, 2007
José Ramón Sánchez.
Estos últimos días ha aparecido en Madrid una campaña de publicidad sobre la ciudad de Nueva York. Son dibujos alegres que promocionan las compras, los espectáculos y no sé cuántas cosas más de
Para ver la imagen de la campaña de Nueva York que ha provocado este ataque de nostalgia, sólo hay que pinchar en "leer más".
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